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La relación entre la Hasbará y la realidad de Israel

Es de público conocimiento, si bien no muy comentado en redes sociales, donde todos somos decididamente sionistas y pro-Israel (algunos en forma casi devota, otros en forma más indiferente, algunos buscando transitar el camino del medio), que nuestra otra patria está atravesando un momento histórico singular por lo ambiguo: por un lado ha logrado una normalización histórica, fuera de la común, a través del inminente acuerdo con los EAU y expresada en el simbólico vuelo ELAL 971 TLV-AUH; por otro lado, está sumida en una crisis sanitaria recrudecida que además pone de manifiesto los vicios políticos del sistema israelí.

Tal es el nivel de “normalización” de Israel que no escapa a las generales de la ley: la pandemia ha jaqueado gobiernos como el español, está poniendo a Argentina al borde del abismo, y, sumado a otros ancestrales conflictos, ha sumido a los EEUU en lo más parecido a una Guerra Civil versión siglo XXI. En ese contexto mundial, ¿por qué Israel había de ser diferente?

La razón es simple: aspiramos a la ejemplaridad; o por lo menos, ser ejemplo. Siempre hemos aspirado, como pueblo, nación, o Estado, a ser “una luz para las naciones” (Isaías 42:6), “un reino de sacerdotes” (Éxodo 19:6), porque “fuimos esclavos del faraón en Egipto”. Por nuestra naturaleza fundacional e histórica, transitando de la esclavitud a la libertad normada, estamos obligados a elevar la vara más y más arriba en todos los campos. Por eso Israel ha tenido un desarrollo militar, tecnológico, y económico insuperable en la región, por eso las cuestiones éticas, morales, y de valores adquieren tanta trascendencia, y por eso un Presidente y un Primer Ministro fueron presos mientras que el actual Primer Ministro está tratando de eludir un juicio por corrupción. No sólo somos moralmente responsables; sabemos que no hacer las cosas bien puede convertirse en una amenaza existencial, como aprendimos en Iom Kipur de 1973.
La pandemia no es una amenaza existencial en el sentido que lo han sido las guerras entre Israel y sus vecinos, pero no será la primera vez en la historia del pueblo judío que una plaga cause estragos, en especial en ciertos grupos demográficos. Por otro lado, pone al gobierno, cuya sobredimensión parece aun más absurda a la luz de su impotencia, frente a opciones con costos de vidas, económicos, y políticos. Además de las maniobras de Netanyahu por mantenerse en el cargo y con ello cuidar sus fueros, es la pandemia, desde la primera hora, la que ha erosionado el sistema democrático israelí. Yuval Noah Harari se cansó de hablar del tema en aquellos primeros meses. La pandemia también ha planteado dilemas éticos nuevos, como qué poblaciones proteger, con quiénes debería el Estado ser solidario, si es aceptable pensar en “cerrar” ciudades o barrios, y así innumerables e inesperadas coyunturas a resolver.

La bandera de Israel flamea en los EAU, hemos llegado a fronteras impensadas, pero hacia dentro el país está sumido en una de sus crisis más acuciantes: salud, economía, y política, la tormenta perfecta. Desde la diáspora, éste no es nuestro Israel más ejemplar. Desde Sión no está saliendo precisamente “Torá” ni la “palabra de Dios” desde Jerusalém; acaso debamos leer claramente qué está pasando y contribuir, mediante una conversación judía auténtica, en hacer Torá relevante, coherente, y honesta desde aquí.
Israel tiene su propia dinámica política y social, encontrará sus caminos en estos laberintos que están poniendo a prueba a toda la humanidad. Como judíos y como sionistas, sin embargo, no debemos dejar que se empañe nuestro espíritu crítico; no es momento de flamear banderas triunfales, aunque tampoco de arriarlas en señal de derrota, y mucho menos caer en la tentación del auto-odio porque Israel no está a la altura de nuestras expectativas.
No es tiempo de “hasbará”, sino de moderada y honesta auto-crítica. Toda la ayuda ofrecida al Líbano, todos los casos atendidos a población siria, todo el humanismo desplegado en todo el mundo, todos los logros científicos y tecnológicos, todos están en suspenso hasta que Israel pueda decir que ha controlado la pandemia. En ese sentido, Israel no es diferente a otros países, también en estos temas se puede hablar de “normalización.”

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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