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El Derecho de Justina

En tiempos de aislamiento y restricciones por doquier, Justina, una joven madre soltera, se encuentra intentando “resistir con aguante” la situación económica, y así poder cubrir todas las necesidades de sus hijos: Tiziano y Gabriela, de 9 y 7 años de edad.

En la antigua normalidad, ella trabajaba en un restaurante. Al comienzo de la cuarentena, cobraba su salario en cuotas, pero al segundo mes, el dueño decidió, sin más, cerrar el comercio.
Justina se encontró sin trabajo, y sin indemnización.

Lejos de quedarse con los brazos cruzados, se reinventó fabricando y vendiendo tapabocas de tela, que cocía a mano, y elaborando desayunos y productos de pastelería, que enviaba a domicilio.

Cada día, la joven madre se levanta antes del alba, para elaborar los pedidos de sus clientes, antes que sus hijos se despierten.
Luego de eso, se dispone a preparar el desayuno, ayudar a los niños con sus tareas escolares, buscarles material en internet, y atender todas sus necesidades. Paralelamente está pendiente de promocionar sus productos en las redes sociales, interactuar con posibles clientes, organizar los nuevos pedidos y velar que cada envío llegue a su destino.

Las labores diarias las realiza en soledad. Ella no cuenta con nadie que “le de una mano”.
Sus padres fueron su apoyo y quienes la ayudaron a cuidar a los niños cuando trabajaba. Pero, ahora, ya con más de sesenta años, se encuentran dentro de la población de riesgo y no los ha vuelto a ver desde el inicio de la cuarentena.

Rogelio, el papá de sus hijos, se desentendió de la crianza a partir del momento en que se separaron hace más de cuatro años. A decir verdad, nunca se involucró en el cuidado parental, pero ella no lo notaba, hasta que abandonó definitivamente el hogar. Desde aquel portazo final, visitó a los niños muy pocas veces.
Nunca colaboró económicamente, siempre manifestó excusas diferentes para seguir sin hacerlo, tales como: “no llego a fin de mes”, “tengo que mantener a mi mujer y mi hijo”, “báncame, un tiempo más que algo te voy a dar”.

Los pequeños, Tiziano y Gabriela, en varias oportunidades le han hecho preguntas existenciales, queriendo entender por qué “papi” no los visitó, ni los llamó por teléfono para su cumpleaños. Y ella como madre tuvo responder, una y otra vez, intentando explicar lo inexplicable.

Y ni hablar de las veces que sus padres y amigos le han insistido para que le exija a su ex pareja, que la ayude económicamente, pues es el padre de sus hijos, y debe hacerse cargo. Han tratado hacerle ver que cambió el auto dos veces en los últimos dos años, y que en sus redes sociales siempre ostentó una vida de lujos, y que por lo tanto, dinero no le ha faltado nunca.
Empero, Justina no lo ve. Ha hecho caso omiso a los consejos de sus seres queridos, y siempre intento salir adelante sola, mediante su propio esfuerzo.

Siempre les respondió lo mismo a todos: “No puedo obligarlo a que quiera a sus hijos, ni a que sea un padre presente, en algún momento le va a caer la ficha.”

En las últimas semanas, sus problemas económicos se incrementaron.
Lleva impagos dos meses de alquiler, y no está pudiendo afrontar los servicios de luz, gas y agua.
A duras penas pagó con tarjeta de crédito el servicio de cable e internet, para que sus hijos puedan mantener sus clases escolares.

Se inscribió en Anses, con esperanzas de ser beneficiaria del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), pero su solicitud fue rechazada, a raíz de que en el sistema todavía figura en relación de dependencia y el dato de sus ingresos cuando aún trabajaba. También le informaron que no puede acceder al Fondo de desempleo, ni a la Tarjeta Alimentar. “Disculpe…no se puede hacer nada” fueron las palabras finales de la operadora del Servicio telefónico 130, las que resonaron en su mente,y terminaron de sumirla en desesperación y angustia.

Por las noches lloraba amargamente, tratando de desahogarse de toda esa angustia contenida en el día a día, evitando de ese modo, que sus hijos la vean.
Sin embargo, los pequeños la han oído llorar, y se dan cuenta que su mamá está muy triste, aunque ella lo intenta ocultar.
Una noche, sin poder contenerse más, llamó a su amiga Vanesa y le confeso todo lo que estaba viviendo
 No te puedo creer amiga… ¡Me dejaste helada! – respondió sorprendida Vane-
 Perdón, no quería joderte con mis problemas, pero ya no doy más.
 Mira… no podes seguir de esta forma, es una vergüenza que Rogelio no se haga cargo de sus hijos. Si él no quiere ocupar el rol de padre, no está obligado, se lo pierde, pero si está obligado a pagar una cuota alimentaria. No puede evadir esa responsabilidad. Lo que te está haciendo a vos y a los nenes, se llama VIOLENCIA ECONÓMICA.
 Él nunca me pego, ni me maltrato, tampoco me levanto la voz…
 La violencia económica es un tipo de violencia. No es necesario el maltrato físico, sino el económico y psicológico. Fíjate como estas ahora, angustiada, haciendo lo imposible para que tus hijos puedan comer, y nada les falte. ¿Y él, qué hace por ellos? ¡Nada! Esta cómodo en su casa, sin preocupación alguna.
 Tenes razón, no lo había pensado de esa forma… Muchas gracias…
 Conta conmigo para lo que necesites… Y cuando quieras tengo un colega abogado para recomendarte.
 Dale, muchas gracias. Te quiero. Que descanses…

Al día siguiente, amaneció aliviada después haberse descargado con su amiga. Su ánimo se renovó y tomó valor para hablar con Rogelio y pedirle una cuota alimentaria.
Intentó llamarlo durante varias horas, pero nunca le respondió. No le quedó otra opción que enviarle un mensaje de Whatsapp, y rezar para que no lo leyera primeramente su pareja.
Tomo aire, respiró profundo y luchando contra temores y prejuicios, finalmente pudo redactar el mensaje y enviarlo, aún sabiendo los posibles reproches que podrían llegar de parte de él, diciéndole que sus mensajes le generan problemas con su novia.
Tras una larga espera, el padre de los niños se dignó a responderle lo siguiente: “No puedo pasarte ninguna manutención. No me están pagando el sueldo, no tengo un mango. A Tizi y Gaby los adoro, cuando me acomode te voy a ir mandando algo de plata”.

Ella se sintió culpable y una mala persona por pedir lo que era justo. En el ínterin que le respondía el mensaje, ofreciéndole disculpas por pedirle dinero en un mal momento, se dió cuenta de que la había bloqueado.

Justina estaba siendo manipulada. La estrategia de su ex, era siempre la misma: hacerla sentir culpable con sus mensajes lastimeros, para desalentar sus reclamos. Lo que ella no sabía y él ocultaba, era que no solo estaba percibiendo su salario con normalidad, sino que además había logrado ahorrar suficiente dinero para irse a vivir al exterior con su pareja e hijo más pequeño.

El hogar se encontraba en silencio. Los niños dormían. ¡Por fin tenía un rato para ella! Y no dudó en encender el televisor para distenderse un poco, e informarse, entre tanto aguardaba el llamado telefónico de Vane.

Enseguida se enganchó con un programa de noticias, en el que estaban emitiendo un resumen de lo acontecido durante la semana.

Entre su emprendimiento, las tareas del colegio de Tizi y Gaby, sumado a las grandes preocupaciones que cargaba en sus espaldas, empezó a notar que estaba desactualizada de lo que transcurría en la sociedad, y en el mundo.

Estaba sumergida en las noticias, cuando comenzó a sonar el teléfono y atendió sin dejar de prestar atención a la TV.
 Hola Jus, ¿cómo estás? – Inicio Vanesa la charla-
 No te la puedo creer… ¡No nos quieren ni un poquito!
 No entiendo nada… ¿Quién no te quiere?
 Perdón, estaba viendo la tele. Me indigne con algunas noticias que vi…
 ¿Qué pasó?
 Los legisladores de izquierda de la Ciudad de Buenos Aires, votaron a favor de la aprobación de la definición sobre antisemitismo aprobada por IRHA*. De forma insólita, se dieron cuenta que no quisieron votar a favor, y pidieron que se rectificara su voto. Además, se reunieron con el embajador de Palestina en Argentina, para explicarle que votaron mal. Yo me pregunto, ¿Qué tiene que ver el embajador de Palestina con la votación de una Ley de la Ciudad de Buenos Aires, acerca de la definición de antisemitismo? ¡Y para colmo, ahora quieren presentar un proyecto para derogar esta ley!
 No sirve que te indignes, la ideología es más fuerte que la razón y la sensatez.
 Ya lo sé, y no lo voy a entender nunca. Me indigna que como legisladores y más que dicen representar a los trabajadores, no estén impulsando leyes para beneficiarnos a todos aquellos que la estamos pasándola mal durante la cuarentena. Son legisladores de la Ciudad y nos representan a todos.
 En eso coincido. Pero bueno… ¿Contame de vos? ¿Pudiste hablar con Rogelio?
 Si, lo mismo de siempre… Ya no lo espero más… me decidí a iniciar acciones legales para reclamar la cuota alimentaria.
 Perfecto, me alegro que hayas tomado esa decisión. Te paso el contacto de un colega que es muy bueno.
 No, me gustaría que vos me puedas representar…
 ¿Estas segura? Somos amigas, no quiero mezclar las cosas…
 Segurísima…
 Esta bien, te cuento los pasos a seguir: En primer lugar vamos iniciar una mediación. La audiencia se va a hacer de forma virtual, y en caso que podamos arribar a un acuerdo sobre el monto de los alimentos, se firma un acta con el detalle de lo acordado. De esa forma, él va a estar obligado al cumplimiento. Y en caso que no logremos un acuerdo, iniciamos la demanda judicial. Es importante que sepas que la primera resolución que sacaría el juez, es fijar un monto de alimentos provisorios, para que mientras se desarrolle el proceso, Rogelio ya este obligado a pasarte una cuota.
 Te haga una pregunta, ¿Qué pasa si no cumple con el pago de la cuota?
 Hay dos formas de asegurarnos el cumplimiento: la primera es con el embargo y la segunda a través de la retención directa, que es cuando el empleador se encarga de retener del salario el monto de la cuota alimentaria, y depositarlo en una cuenta judicial. También se pueden pedir otras medidas, como: prohibición de salir del país, impedimento de ingreso a estadios de fútbol, y la imposibilidad de la renovación de la licencia de conducir, pero eso lo vamos viendo, según como se vaya dando todo. Además hay jurisprudencia de condenas a prisión de alimentantes incumplidores.
 Muchas gracias amiga… Esperemos que todo se resuelva en mediación…
 Si, ahora quédate tranquila, mañana me contacto con la mediadora, así avanzamos. Me alegro que te hayas decidido, porque la cuota alimentaria es un derecho que le corresponde a tus hijos. De acá en adelante, despreocúpate y descansa, yo me encargo de todo.

Justina logró tomar una difícil decisión, luego de mucho tiempo de angustias y maltratos por parte del padre sus hijos. Al fin había logró sacarse un gran pesar de años que la paralizaba. Las dudas, los temores, los prejuicios y los porque desaparecieron y ahora su amiga abogada, será la encargada de velar por el derecho de su familia.

* IRHA: Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto

Por Ruben Budzvicky

Ilustración: Sabrina Fauez

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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