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“Marshall Meyer tenía franqueza para vender sus ideas”

Se inauguró en la Ciudad de Buenos Aires un mural en honor al rabino Marshall T. Meyer, con la presencia de la subsecretaria de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural Lic. Pamela Malewicz, madres de Plaza de Mayo, el rector del Seminario Rabínico Latinoamericano Ariel Stofenmacher, Alejandra Naftal, directora del Museo Sitio de Memoria (ESMA), autoridades de AMIA y DAIA.  La obra está en un paredón de la Avenida Parque Roberto Goyeneche 3500, en el barrio de Saavedra.

Rafael Zuchowicki, ex presidente del Seminario Rabínico que lleva el nombre de Meyer, comentó sobre este acontecimiento.

Zuchowicki manifestó: “Las experiencias que he vivido con él escapan a toda la historia porque es una cosa de locos. Marshall Meyer era una persona que no se repetirá en la historia”.

 

El ex presidente del Seminario detalló que Meyer supo agrupar a la gente en un momento en el que la Argentina tenía una semi ortodoxia y pretendía traer un movimiento nuevo.

Por otro lado, Rafael Zuchowicki explicó que Marshall Meyer tenía una gran franqueza para vender sus ideas. El recuerdo de este personaje, se mantiene “a través de las personas que siguieron con su legado”.

Marshall Theodore Meyer (nacido en Nueva York en 1930) fue un rabino conservador estadounidense y un reconocido activista internacional de los derechos humanos. Vivió veinticinco años en la Argentina, en donde creó el Seminario Rabínico conservador más importante de Latinoamérica, del cual salen los principales rabinos conservadores de toda la región.

Fue el líder de la transformación cultural más importante de la judería latinoamericana del siglo XX y fundó más de veinte comunidades judías en Argentina. Cuando volvió la vida democrática, formó parte de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Alejandra Naftal, presente en la inauguración, lo recordó con emoción al compartir el doloroso momento en que lo conoció “yo y mi familia como muchos judíos estábamos completamente asimilados y cuando fui detenida en dictadura comenzaron a golpearme por judía, algo que yo no tenía idea, que era algo de mi identidad, a partir de ese momento me di cuenta que era algo de lo que no me podía desprender y me comencé a preguntar sobre la misma ya que no tenía ninguna idea. A los nueve meses de estar detenida me avisaron que tenía una visita religiosa, era Marshall Meyer, me dió un abrazo… el primero en nueve meses y me preguntó como estaba. De ahí en más entablamos un vínculo y semanalmente me venía a visitar. El se comprometió con nosotros y nuestras familias cuando algunos dirigentes de la comunidad no estuvieron a la altura del desafío de la época”.

 

Marshall Theodore Mayer luego de 25 años retornó a su tierra natal, Estados Unidos donde falleció un 29 de diciembre de 1993.

En 1935 el rabino Schlessinger afilió la Sinagoga de la Congregación Israelita Argentina al Movimiento Conservador de Estados Unidos y en 1958 le pídió a Abraham J. Heschel que enviara algún rabino asistente para la juventud de la Sinagoga de la Congregación Israelita Argentina. El elegido fue Marshall Meyer, un joven rabino cuya llegada marcó el inicio de una nueva y vibrante etapa en la vida comunitaria judía de Argentina. Después de su orden en 1958, viajó a la Argentina, contratado por dos años. Arribó el 5 de agosto de 1959 con su joven esposa Naomi. Permaneció en el país por espacio de 25 años.

Primero fue rabino auxiliar en la «Congregación Israelita de la República la Argentina» en Buenos Aires. Su carácter carismático lo convirtió inmediatamente en una figura importante en la comunidad judía argentina.

 

 

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