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La masacre de Lisboa de 1506

Portugal había recibido a los judíos españoles como resultado de la expulsión de España en 1492. Se estima que entre 90.000 y 150.000 judíos encontraron refugio en el país lusitano. Historiadores comentan que el número de judíos llegó a ser el 20% de la población general portuguesa. Sin embargo, el asilo resultó ser precario, pues el gobierno del rey Manuel I seguía en su país la misma política que impusieron los Reyes Católicos en España.

Como antecedente a los trágicos sucesos de 1506, y coincidiendo con Pesaj, la Pascua judía, el 19 de marzo de 1497, se ordenó llevar a Lisboa a todos los hijos de judíos no convertidos que tuvieran entre cuatro y catorce años.

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Sólo después de llegar allí se informó a sus padres de que se separarían definitivamente de sus hijos, y que éstos serían adoptados por familias cristianas. Ante esa situación desesperante, algunas familias optaron por la conversión, mientras que las que no lo hicieron sus hijos les fueron arrebatados violentamente.

El estallido de la masacre del 19 de abril de 1506 fue resultado de un incidente absurdo. El domingo de Pascuas, una multitud concentrada en la iglesia de la plaza Sao Domingos, consideraba como un milagro que un rayo de sol se posara sobre la imagen de Cristo en la plaza de Rossío, en el corazón histórico de la capital portuguesa. Un judío converso que estaba en la plaza, participando de la celebración de la fiesta de Pascua, se atrevió a decir lo que veía: un simple rayo de sol no significaba un milagro.

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Los feligreses reaccionaron con furia y lo asesinaron en el momento. La animadversión contra los judíos se desbordó por la ciudad, atacando violentamente a los conversos y persiguiéndolos hasta sus propias casas.

A la multitud de portugueses encolerizados, se agregaron marinos alemanes, holandeses y franceses procedentes del puerto, quienes penetraron en el barrio de los judíos conversos, masacrando a hombres, mujeres y niños. Los frailes dominicanos, una orden cuyo uno de los significados etimológicos del nombre es “Dómini Canis” (perros del Señor), quienes muchos de sus miembros formaron parte de la Inquisición y expresaban un extremo odio antijudío, entusiasmaban a sus feligreses con la promesa que quien asesinara a un judío recibiría el perdón de sus pecados durante 100 días.
Según relatos, la matanza terminó cuando fue asesinado un “nuevo cristiano” que era el escudero del rey, por lo que las tropas reales intervinieron para restaurar el orden. El rey penalizó a los involucrados, ordenó la confiscación de sus bienes y a los instigadores dominicos los condenaron a muerte en la horca.

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Lo singular de este trágico suceso fue que la masacre de Lisboa cayó en el olvido, nadie se acordaba del hecho, se la ignoró y durante siglos se la arrancó de la memoria colectiva de manera coercitiva. Pocos historiadores se refirieron en la época a la tragedia. Casi 500 años más tarde, en 1975, se hicieron excavaciones junto a la catedral, en el centro de la ciudad, para ampliar el nuevo palacio presidencial, y en el lugar encontraron tumbas, que se cree son las de los niños judíos masacrados, y el tema de la matanza salió a la luz.
Hoy al visitar este escenario, la masacre es recordada con un monumento construido en el Largo de São Domingos en honor al judaísmo, que lleva la inscripción: “Lisboa, ciudad de la tolerancia”, escrita en 34 idiomas, que fue inaugurado el 23 de abril de 2008. Con anterioridad, el 26 de septiembre del año 2000, el cardenal patriarca de la capital, monseñor José Policampo, pidió perdón a los judíos por la actitud de la Iglesia durante esas trágicas y terribles jornadas.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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