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Historia y Espíritu de Rosh Hashaná

Desde los orígenes mismos del pueblo judío, para fijar el inicio del año hebreo hubieron dos criterios: el primer año nuevo, según uno de los criterios, es el que se festeja el 1º de Tishrei, que conmemora el día en que Dios creó el mundo o el día de la creación del hombre; y es a partir de este día cuando se cuentan los años. Una especie de almanaque civil para los temas públicos: Shmitá, el descanso de la tierra en el 7° año, Iovel, el jubileo a los 50 años, y otros referentes a lo social; se supone que es el calendario más antiguo. El segundo año nuevo es el que se festeja el 1º de Nisán, donde se comienza a contar los meses y los “regalím”, el ascenso a Jerusalem. Esta festividad está en relación directa con el éxodo de Egipto. El nombre oficial que se le daba a Rosh Hashaná y que figura en la Torá es “Zikarón Teruah”, “Fiesta de las Trompetas”. Dicen los sabios que el sonido del “shofar” (el cuerno del carnero) estremece, llama a la memoria, provoca el recuerdo, y despierta el alma.
¿Desde cuándo se festeja Rosh Hashaná dos días? En la formación del antiguo Israel, la norma para la bendición del inicio del mes se realizaba en base a la declaración de testigos que testimoniaban ante el tribunal de Jerusalem el haber observado la luna nueva. En el caso de Rosh Hashaná se tomaba la precaución de agregar un día más, a fin de evitar la contingencia de no recibir un testimonio el primer día. Durante muchos siglos, con marchas y contramarchas, quedó instalada la costumbre de festejar durante dos días el año nuevo judío, tanto en Israel como en la Diáspora.
Con la conformación del calendario hebreo fijo, ya no era necesario utilizar testimonios para determinar los principios de mes. Se suponía que en adelante no haría falta festejar el inicio del año durante dos días, sin embargo luego de prolongados debates se decidió mantener los dos días, tal como se venía realizando en la diáspora.
En los tiempos de los “Shavei Sión”, los exiliados judíos que regresaban de Babilonia, se instaló la costumbre de que luego de la lectura de la Torá se daba lugar a manifestar la festividad con alegría: comer, beber bebidas dulces y enviar regalos. La destrucción del Segundo Templo provocó cambios en los festejos: sin los sacrificios y sin la posibilidad de ir a Jerusalem, la festividad se circunscribió al sentido de la creación del mundo, donde todos comienzan a ser juzgados en Rosh Hashaná y la sentencia se firma en Yom Kipur (Día del Perdón). Son días de auto examen y de contrición espiritual llamados Yamim Noraím (Dias Terribles). En ésta época se impone la idea de que Dios juzga al mundo y decreta lo que sucederá en el transcurso del nuevo año. El 1º de Tishrei no es solo el primer día del año, sino también su “Cabeza”. Así como la cabeza comanda al resto del cuerpo, del mismo modo en este día se predestinan todos los hechos que ocurrirán durante el año.

En los primeros siglos de la era común, en épocas de los Tanaítas y los Amoraítas, la festividad se llama “Rosh Hashaná” o “Iom Tov shel Rosh Hashaná”, (Fiesta de Rosh Hashaná). En el período Gueonita, se incorpora el nombre de “Iom Hazikarón” (día de recordación).
A partir del período de las Cruzadas, época de muerte y desolación, se incorpora a las oraciones el “Unetane Tokef”, una de las oraciones centrales tanto en Rosh Hashaná como en Yom Kipur, donde la festividad es llamada “Norá Veaiom” (terrible). Acercándonos a la modernidad, el peso trágico medieval de la festividad se fue disipando y dio lugar al término “Altas Festividades”, que comenzó a usarse en la literatura judeo germana.
El espíritu de Rosh Hashaná es alegre y gozoso que se fue enriqueciendo a través del tiempo. Lo constituye la plegaria, el sonido del shofar, las bendiciones y los deseos, las comidas ricas y simbólicas: manzana y miel, jalot redondas, pescado, evitando ingerir comidas amargas; el uso de vestimenta festiva (la costumbre de estrenar una prenda), el Tashlij (despojarnos de nuestras faltas), y los días de arrepentimiento (Asará Iemei Teshuvá), en los cuales el hombre busca superar animosidades y enemistades.

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