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“Shlaj na et Amí”. “Deja salir a mi Pueblo”

Este despertar nacional se inició mientras las autoridades soviéticas anunciaban, en 1967, la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel. En la URSS se lanzó una potente campaña antisionista, que en la práctica con frecuencia se traducía en un vulgar antisemitismo. Fue limitado, aunque no oficialmente, el ingreso de judíos en los más prestigiosos centros de enseñanza superior, al igual que en organismos de seguridad estatal. Asimismo se procuraba limitar la admisión de judíos en varias instituciones del país.

La presión de los judíos era intensa y la demanda internacional por la liberación crecía. En estas condiciones las autoridades comenzaron a permitir una parcial emigración del país, que no significaba el levantamiento de la cortina de hierro. Según el censo de 1970, año en el que empezó una nueva emigración judía de la URSS, la cantidad de judíos en la Unión Soviética era de 2.150.000 personas.

Las condiciones para emigrar eran sumamente difíciles. La salida de cada ciudadano de la URSS estuvo condicionada por la aprobación de la KGB. A muchos de los que buscaron las homologaciones para poder salir, se les negó. Los que trataron de escapar y no tuvieron éxito fueron considerados traidores y fueron despedidos de sus puestos de trabajos. Los civiles de la URSS que habían recibido la aprobación para emigrar se vieron obligados a ceder su nacionalidad soviética, a pagar dinero, y en ocasiones a dejar miembros de la familia como rehenes del régimen. Pero los judíos rusos no estaban solos, el clamor judío mundial no cesaba, decenas de organizaciones se solidarizaron y demandaron a las autoridades soviéticas por la inmediata liberación de sus hermanos que estaban confinados contra su voluntad: la famosa frase de Moisés al Faraón “Deja salir a mi pueblo” se transformó en un lema después de más de 3 milenios.

La gesta por lograr la emigración judía fue titánica. En la clandestinidad se crearon centros para la enseñanza del idioma hebreo, se realizaban encuentros de familias para retomar una vida judía, ex profeso se peticionaba públicamente la homologación de la emigración con la consabida consecuencia de recibir graves sanciones, nada detenía la voluntad de emigrar.
El 23 de febrero de 1979, un artículo anónimo de seis páginas se distribuyó a través de las ciudades de Moscú y Leningrado, en él se criticaba a Brezhnev y a otras personas por ser “sionistas”. El artículo contenía rastros de un antisemitismo arraigado en la sociedad rusa, en el cual se proponía diversas formas de identificar a los sionistas; éstas incluían “pecho y los brazos peludos”, “miradas furtivas” y una “nariz de gancho”. El artículo mostraba que a pesar de los años comunistas transcurridos, todavía había facciones de extremistas rusos y una línea dura que se empeñaban en acabar con las reformas introducidas por Kruschev y Brézhnev. Es importante señalar que mientras el Gobierno estaba haciendo progresos en diversos ámbitos de los derechos humanos, específicamente en los derechos de los judíos, también tuvo que llevar adelante una política oficial para terminar con el antisemitismo y con su propaganda. Bajo Brézhnev, a muchos judíos soviéticos, con la ayuda del Poder Legislativo de Estado Unidos, se les había permitido salir del país, lo cual fue un gran paso hacia el logro de los derechos humanos universales, no sólo para los judíos, sino para todas las minorías en la Unión Soviética.

Poco a poco el régimen soviético fue cediendo a la demanda inquebrantable de la nación judía. Se calcula que entre 1970 y 1988, año en el finalmente se posibilitó la salida libre del país, unos 291.000 judíos lograron abandonar la Unión Soviética. El año récord fue 1979, cuando lograron salir 51.000 personas. En los años 1982-1986 la emigración estuvo muy restringida, por lo que en este periodo tan solo 7.000 judíos y miembros de sus familias pudieron abandonar el país. Cabe destacar que en gran medida, el deseo de un sector importante de los judíos soviéticos era emigrar debido a la decadencia económica del “socialismo triunfador” y por la carencia de derechos humanos. Importantes sectores de la sociedad judía buscaban irse para vivir mejor en occidente. No era de extrañar que la mayor parte de los “repatriados” en esos años se asentara definitivamente en los Estados Unidos, vía Israel.

Cuando comenzó la “perestroika” (reestructuración), el líder Mijaíl Gorbachov suprimió la censura en la URSS. El hecho alentó las manifestaciones nacionalistas de muchos pueblos que formaban parte de la “condición soviética”. Al mismo tiempo empeoró la situación económica del país y como siempre en estos casos aparecieron varios rumores sobre eventuales pogromos. Todos esos fenómenos juntos alentaron el éxodo de los judíos a Israel. La “aliá” (inmigración a Israel) se hizo masiva, en la década de los años 90’ ingresaron a Israel más de 1 millón de judíos rusos. Uno de los procesos migratorios más importantes y emotivos de fines del siglo XX. En cuatro décadas, entre 1970 y 2009, más de 1,9 millones de judíos abandonaron el territorio de la URSS. La mayoría de ellos, más de 1,6 millones, emigraron entre 1989 y 2009.

Desde entonces, a pesar de las enormes dificultades y de los conflictos sociales y religiosos, los inmigrantes rusos han logrado integrarse a la sociedad israelí en diferentes campos y contribuir en gran medida al crecimiento sostenido del país. En 2009, el ministro de Ciencia Daniel Herschkowitz dijo que la ola de inmigración ayudó a las universidades israelíes, donde uno de cada cuatro miembros del personal es ahora un ruso hablante. El Primer Ministro, Binyamin Netanyahu expresó que los judíos soviéticos se han “integrado a la vida del país y se han convertido en un elemento central en todos los aspectos del desarrollo israelí”.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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