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El cautiverio de los hebreos en Babilonia

El pueblo hebreo en Babilonia nunca perdió la esperanza de volver a Jerusalén, en el libro Salmos (137: 1, 4-6) se describe la pena y el dolor del exilio, “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión…”¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? “Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, pierda mi diestra su destreza. “Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalem como preferente asunto de mi alegría.”

La pérdida de su independencia nacional fue un enorme terremoto en la mentalidad de los hebreos, que a pesar del dolor y los sentimientos negativos, un número importante de ellos pudieron prosperar. La suerte de los hebreos en Babilonia queda de alguna forma reflejada en textos bíblicos como los libros de Daniel y Ester, obras ambas que muestran a los hebreos encumbrándose a altas posiciones de confianza de los caldeos. Según documentos económicos de Babilonia, los exiliados judíos se dedicaban principalmente a la agricultura, la artesanía y otros trabajaban en los proyectos de edificación de Nabucodonosor. Después del final del cautiverio, cuando Ciro el Grande los autorizó a regresar a Judea, una importante comunidad judía se quedó en Babilonia hasta bien entrada la Era Cristiana.
Durante el exilio babilónico los hebreos conservaron su estructura social de unidades familiares, se cuidó el linaje genealógico. Si bien los exiliados manifestaban signos aislacionistas, esta es una época en que varias influencias babilónicas penetraron de manera significativa en la cultura hebrea: en los nombres, entre otros, como el caso de Zorobabel (“semilla de Babilonia”); nombres babilónicos de los meses, Nisán, Iyar, Siván, y otros; la influencia del arameo, lengua franca de Babilonia, la usual escritura aramea reemplazó a la antigua escritura hebrea.

En el plano religioso, la pérdida de la independencia nacional fue un enorme impacto para los hebreos, la destrucción y el exilio eran vistas como manifestaciones de la ira de Dios. Durante los cincuenta años de cautiverio se produjeron cambios significativos en la religión. Especialistas en religiones comparadas señalan que durante esta permanencia se produjo el paso de un Yahvismo territorial a la religión clásica del judaísmo. Ya no existía una comunidad cúltico-nacional sino una comunidad caracterizada por su adhesión a la tradición y a la ley. Se incubaron las primeras esperanzas mesiánicas, y creyeron que Dios los estaba poniendo a prueba para oportunamente producir un milagroso cambio en las circunstancias que traería consigo el final de los tiempos y el restablecimiento de la independencia judía. Se considera que las enseñanzas de Zoroastro llegaron a dejar su huella en el judaísmo, según los expertos estas se advierten, entre otras, en la angelología, la creencia en un estado futuro de premios y castigos, la inmortalidad del alma, el juicio final, y la figura del Mesías.

En el año 538 a.c., el rey persa Ciro el Grande conquistó Babilonia, destruyó al Imperio Caldeo, y autorizó a los hebreos para regresar a su tierra nativa, dándole a Jerusalén un estatuto semiautónomo, probablemente para tener un Estado asentado que le sirviera de parapeto contra el creciente poder de Egipto. La toma de Babilonia por Ciro fue recibida con entusiasmo y originó un sentimiento de renacimiento nacional, la figura del rey persa alcanzó tal magnitud que será llamado por los hebreos con el apelativo “el ungido del Señor”, en otras palabras “el Mesías”.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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