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La crisis humanitaria en Gaza son Noticias Falsas (Fake News)

No hay escasez de pruebas convincentes para disipar este mito. Las esperanzas de vida, por ejemplo, está altamente correlacionada con la buena vida. Japón, Singapur y Noruega lideran el mundo en el rublo de esperanzas de vida. En la parte inferior de la lista figuran países de la África subsahariana y del Sudeste Asiático, por ejemplo, Bangladesh.

Los creadores de mitos quisieran que ustedes piensen que Gaza también está muy cerca del final de la lista, pero no lo está. Todo lo contrario, de hecho. Las expectativas de vida en Gaza de 74 años está muy por encima tanto de la media mundial (68 años en el 2010) como de la media en los estados árabes. Esto significa que más de 3.800 millones de personas viven vidas más cortas y probablemente más duras que los habitantes de Gaza.

La diferencia en el rublo esperanzas de vida entre Gaza y aquellos que están en la parte inferior de la lista es en realidad asombrosa. Las esperanzas de vida en Angola, Sierra Leona, Somalia, Costa de Marfil y otros países oscilan entre 50,1 y 55 años, según la Organización Mundial de la Salud.

Si Gaza se encontrara en la lista, estaría en el puesto 86 de 189 países. Eso la situaría junto a Paraguay y Samoa, estados que casi conjuran imágenes de una pobreza miserable. Pero, ¿por qué recurrir a los hechos?

Tal vez, uno pudiera argumentar que las esperanzas de vida en Gaza es un capricho del destino. O tal vez está disminuyendo a causa del bloqueo impuesto sobre Gaza. El bloqueo fue puesto en marcha debido a que Hamás, la organización terrorista asesina que se apoderó de Gaza hace diez años, se especializa en atentar contra autobuses repletos de israelíes, dispara misiles desde hospitales (tal como acusó la Sociedad de la Media Luna Roja de los Emiratos Árabes Unidos a Hamás de realizar) y lanza asaltos contra vecindarios civiles israelíes.

Verificación de la realidad: Las esperanzas de vida en Gaza no han disminuido y el bloqueo ya no existe. Antes del breve recorte de bienes en Gaza de Israel en el 2007, 10.400 camiones cargados de mercancías entraron a Gaza mensualmente desde Israel (estas cifras provienen de OCHA, la agresiva y anti-israelí agencia de la ONU). En el 2016, 14.460 camiones repletos de productos cruzaron desde Israel a Gaza cada mes, un aumento del 34.6% desde antes de la imposición del así llamado bloqueo. Esto significa que el poder adquisitivo de los habitantes de Gaza no ha disminuido (teniendo en cuenta el crecimiento demográfico).

Incluso la crisis de electricidad en Gaza apunta hacia un incremento y sigue en alza junto al nivel de vida. La crisis es en parte el resultado de la brecha entre la oferta y el incremento de la demanda. Según Muhammad Abu Amarayn, vocero de la Comisión de Energía en Gaza, existe una necesidad de 450 MW de electricidad muy por encima del máximo de 280 MW que Israel, una estación local de suministro de energía y Egipto le suministran colectivamente.

OCHA estimó la demanda máxima en Gaza en el 2010 en 280 MW. Esto significa que si Abu Amarayn está en lo cierto, la demanda de electricidad en Gaza ha aumentado un 60% en seis años. Los economistas a menudo utilizan la demanda de energía como un indicador del crecimiento económico en ausencia de datos macroeconómicos precisos, tal como es el caso de Gaza. El aumento de la demanda de electricidad sugiere prosperidad y no una crisis humanitaria.

Entonces, ¿por qué está tan extendido este mito? La respuesta yace en aquellos que poseen un interés en perpetuarla. Como mucho, el más importante de estos es Hamás. El grupo terrorista impone un impuesto a todos los bienes que entran a Gaza para pagarle el sueldo y salarios a sus 30.000 terroristas y a la burocracia que los alimenta, así como también para su entrenamiento, producción de misiles y la excavación de túneles dentro de Israel. El presupuesto sostiene a 20.000 individuos más en la nómina pública a quienes Hamás ha contratado desde el 2007, en su mayoría maestros que predican el yihadismo en las escuelas públicas de Gaza. Hamás tiene esperanzas que las demandas de una crisis humanitaria traigan más ayuda, más demanda de bienes y un mayor flujo de mercancías, a lo cual este le impondrá un impuesto para su propio beneficio.

Hamás no es el único culpable. La industria “humanitaria” internacional de socorro y ayuda tiene un interés evidente en perpetuar el mito. En pocos lugares del mundo, los trabajadores de las agencias socorristas pueden vivir en una colmena cosmopolita tal como Tel Aviv, disfrutar de una sinfonía de clase mundial, museos y vida nocturna y trasladarse a las áreas presuntamente afectadas. En Zimbabue, uno está atrapado en Zimbabue. Promover la crisis humanitaria en Gaza es defender un estilo de vida personal a expensas de los países del África Oriental que necesitan de la ayuda mucho más desesperadamente que Gaza.

Incluso si una presunta crisis humanitaria estuviese a punto de surgir, la solución es muy simple. Según el presupuesto y los gastos para el año fiscal 2013 dado a conocer por el último gobierno oficial de Hamás en el 2014, sólo un mero 2% de los gastos totales de 348 millones de dólares fue destinado al desarrollo y sólo el 11,2% a las transferencias dentro del rublo bienestar social (comparados con el 25% en Egipto, que posee un perfil socioeconómico similar). El rival, la Autoridad Palestina estima que más de dos tercios de los gastos de Hamás fueron a la producción del terrorismo.

La respuesta a cualquier crisis humanitaria sería que la comunidad mundial uniera sus fuerzas con la Autoridad Palestina, Israel y por ahora la mayoría de los habitantes de Gaza con el fin de obligar a Hamás a desmantelar su infraestructura militar y que gasten su dinero en el bienestar humano en lugar de hacerlo en terrorismo.

Lo peor que se puede hacer es aumentar la ayuda humanitaria antes de desarmar a Hamás, tal como sugieren tontamente muchos oficiales israelíes y políticos. Colocar la carretilla por delante del caballo será algo contraproducente. Esto resultará en más terrorismo, más misiles y más túneles hacia Israel, lo que a su vez resultará en una masiva respuesta israelí que tendrá que ser soportada por la población de Gaza, al igual que las últimas tres rondas de combates del conflicto en la última década.

Ser humanitario significa desarmar a Hamás y, nada más.

El Prof. Hillel Frisch es profesor de estudios políticos y estudios del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan y antiguo investigador asociado en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat.

Fuente: Hatzad Hasheni

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