Es hora de un compromiso serio y realista
En la columna de hoy, abordaré una problemática que es evidentemente una amenaza transnacional, y que ha motivado que el pasado 28 de mayo, los cancilleres de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, se reunieran en la capital chilena, Santiago, y acordaran una hoja de ruta para coordinar las políticas para enfrentar al Crimen Organizado, en particular al Narcotráfico.
El documento firmado, que ha recibido el título “Compromiso de Santiago”, refleja la visión de establecer una cooperación política y jurídica, un intercambio de información e inteligencia y una interrelación técnica, como instrumento idóneo para combatir la actividad criminal transfronteriza, de manera tal, que complemente los esfuerzos nacionales, y que se traduzca en acciones concretas, que puedan ser verificables y mensuradas debidamente.
La coordinación acordada, el intercambio de información e inteligencia y la verificación de los flujos financieros, son fundamentales para una eficaz y eficiente cooperación entre las partes del Acuerdo, habida cuenta, que según un Informe del Banco Interamericano de Desarrollo –BID-, los costes del Crimen Organizado, en todas sus variantes, equivale a casi el 78% del presupuesto destinado a Educación y a más de diez veces el presupuesto para investigación y desarrollo.
Es así, que puesto en marcha el “Compromiso de Santiago”, los cancilleres se volverán a reunir en Buenos Aires, Argentina, dentro de 180 días, para revisar los resultados de la implementación del accionar conjunto.
Como bien lo señala el documento firmado por los cancilleres de los Estados partes, una actividad ilícita, que de manera primaria o secundaria, está presente en todo tipo de modalidad del Crimen Organizado, es el narcotráfico de sustancia ilegales, y en particular, la cocaína, la más extendida y redituable, y en Sudamérica se encuentran los tres países productores de la materia prima, la hoja de coca y de su transformación en clorhidrato de cocaína, me refiero a Colombia, Perú y Bolivia.
Según un Informe de la ONU, la superficie de cultivo de coca en nuestro subcontinente, es de aproximadamente, 380 mil hectáreas, Colombia, el primer productor con el 67% de las mismas, le sigue Perú con el 25% y Bolivia con el 8%, y el total de la producción de esas cientos de miles hectáreas, equivale a unas 3.700 toneladas de clorhidrato de cocaína, de máxima pureza, sustancia ésta que “estirada” o “cortada”, que es la que llega al consumidor, se traducen en al menos a 11.000 toneladas.
Veamos estas cifras traducidas en dólares, si tomamos por ejemplo el precio de un kilo de cocaína en un país productor como Bolivia, ronda en u$s2.000, luego ya en nuestro país y cuando arriba a Buenos Aires o Rosario, es de u$s5.000, y ese mismo kilo –sin cortar- en los EE.UU., el precio promedio en el mercado mayorista puede alcanzar los u$s68.000, y en Europa, también el precio en el mercado mayorista es de €35.000, pero se encarece hacia el este europeo, llegando a un precio de u$s150.000 en Rusia, lo que genera si tomamos el tráfico de cocaína a nivel global en un año, entre u$s110.000 y u$s130.000 millones, una cifra que supera ampliamente el PBI de muchos países.
En este escenario, hay que señalar que han surgido cambios en el mapa del narcotráfico, pues durante mucho tiempo, la cocaína tenía como destino el mercado consumidor estadounidense, eran los tiempos de los Cárteles de Medellín de Pablo Escobar, el de Cali de los hermanos Rodríguez Orejuela, y más tarde los de Méjico. Sin embargo, las operaciones de la DEA y de las FF.SS y FF.AA. contra los Cárteles colombianos, con la eliminación o encarcelamiento de sus principales líderes, provocó cambios, por un lado en el mercado estadounidense comenzó a tener más circulación y consumo las drogas sintéticas o de diseño, y más allá, que la cocaína se sigue exportando a ese mercado, surgieron otros mercados, como el europeo, el asiático y cada vez más, países latinoamericanos que antes eran prácticamente países de tránsito, y se convirtieron en países consumidores.
Por otro lado, el espacio dejado por los Cárteles colombianos, fueron ocupados por organizaciones terroristas, las FARC y el ELN, y en el presente por las FARC Disidentes, para autofinanciar sus actividades criminales o bien para el intercambio de cocaína por armas.
Y estos cambios, han propiciado nuevas rutas, ya no sólo hacia el norte, y es entonces donde Argentina adquiere un mayor valor estratégico en el geoposicionamiento del tráfico ilegal de cocaína, y de ser sólo un país de tránsito, se convirtió en un mercado consumidor en aumento, incluso en productor, pues la pasta base importada se la somete a los procesos finales, en las llamadas “cocinas”, aprovechando que somos productores de los precursores químicos necesarios para lograr el producto acabado.
Ahora bien, sea la cocaína terminada o bien la pasta base para su procesamiento, en nuestro país hay distintas rutas o circuitos por donde ingresa y transita, que tiene como eje principal la RN34, que se extiende del NOA –Salta y Jujuy-, hasta Rosario, Santa Fe.
Ésta ha sido la ruta tradicional, de un país productor como Bolivia, a un país exportador y consumidor, es así, que desde la localidad boliviana de Yacuiba, Dto. de Tarija, llega a Salvador Masa, Argentina, una pequeña ciudad de algo más de 20 mil habitantes, donde muchos funcionarios públicos han estado implicados en causas judiciales por narcotráfico, y a la que se llega desde el territorio boliviano caminando, pues el límite internacional es una frontera seca, y donde el narcotráfico es una actividad ilícita más, pues el “bagalleo”, es común, aún de bienes y productos lícitos, y es el punto de partida del circuito que atraviesa cuatro provincias, hasta la ciudad de Rosario, y que por cada 1 o 2 cargamentos que son secuestrados por las fuerzas federales o provinciales, se estima que al menos 10 siguen hasta su destino.
En esta ruta, hay una localidad en Salta, que es poco conocida, pero es un punto importante en éste circuito, es Pichamal, en la intersección de la RN34 y la provincial 5, Dto. de Orán, donde muchas veces se bifurca el camino de la droga, por un lado, la mayor parte sigue por la RN34 hacia el sur, mientras que en menor medida, la cocaína se dirige al noroeste y oeste argentino, y la que sigue hacia el sur, en Santiago del Estero, algunos cargamentos se dirigen al este, al Chaco.
Sin embargo, la mayor cantidad de la cocaína llega a Rosario, Santa Fe, lo que explica el porqué de la proliferación de organizaciones narcos y la violencia consecuente, por el control y dominio de territorios, como el caso de los clanes criminales de Los Monos, Los Canteros y Los Funes, pero lo más importante, que ha convertido a Rosario y Gran Rosario en un centro del C.O.T., es que la cocaína que viene de Bolivia y que es destinada, no al consumo, sino a la exportación, es el puerto de Rosario, en relación a la gran actividad exportadora, en particular de productos agrarios, valga como referencia, que en el año pasado, se embarcaron 75,5 millones de toneladas de esos productos, granos, aceites y otros subproductos, y esto refleja un proceso de “integración/competencia” en tres niveles, 1) entre organizaciones criminales transnacionales y locales, 2) en el control de áreas y 3) por la convergencia de rutas del narcotráfico.
Ahora bien, la cocaína que llega a Rosario, lo hace en importantes cantidades oculta en camiones, utilizando para esto múltiples fachadas, luego se procede a su fraccionamiento y se la embarca en contenedores debidamente acondicionados, y sigue por vía marítima a destinos del exterior.
Pero además del circuito descripto, hay otras rutas de la droga, la que se denomina la “ruta del NEA”, por el caso desde el Paraguay, de donde además de cocaína, también se trafica la marihuana, como asimismo, se contrabandean otros bienes, como ser cigarrillos y electrónica, y que por ejemplo, baja desde el área de la Triple Frontera, hacia el sur, pasa por Apóstoles, Misiones, hacia Gobernador Virasoro, Santo Tomé, Paso de Los Libres, en Corrientes, luego por Entre Ríos, Chajarí, Concordia, Concepción del Uruguay, y llega al norte de la provincia de Buenos Aires, parte para el consumo y parte es embarcada en los puertos de Zárate y Campana, lo que representa un trayecto a través de la RN12 de 1.580km, pero también, en menor cantidad, la cocaína parte de la Triple Frontera o de El Dorado, Misiones hasta Corrientes, algunos cargamentos por la RN11, tras un trayecto de unos 480km llegan al Chaco y Formosa, y otros por RN14 hacia el sur.
Un detalle importante en esta ruta de la cocaína que nace en la Triple Frontera, es que estamos señalando un área donde hay actividades de grupos criminales transnacionales, como son las mafias brasileñas, el Comando Vermelho y el PCC o 1er. Comando Capital, éste es el más activo y violento, con conexiones con las bandas narcos rosarinas, y con vínculos con mafias europeas, como la Ndangreta italiana o la albanesa, pero también en esa zona están presentes organizaciones terroristas, como el Hezbollah libanés o el EPP, el Ejército Popular de Paraguay.
En síntesis, ambos circuitos, el del NOA y el del NEA, posibilitan la ramificación del narcotráfico, y que por sus extensiones dificulta el control, más aún con fronteras permeables, que hacen posible no sólo el contrabando de la cocaína, sino de otros bienes y productos, incluidos el tráfico ilícito de armas y seres humanos.
Y esto es lo que hace al circuito de narcotráfico terrestre, pero también, hay que poner la atención en otras rutas, como es la aérea, utilizando avionetas y que aterrizan en pistas clandestinas, en particular en las regiones del litoral argentino, en provincias como el Chaco y Santiago del Estero, como así también, en la zona de la precordillera, Catamarca, La Rioja y San Juan, y la única forma de operar y neutralizar estas ruta aéreas es a través de la radarización y la Ley de Derribo.
Pero también hay otro circuito, y es la ruta fluvial, cuya vía principal es el río Paraná, por la que además de la cocaína, se transportan otros bienes y productos de origen ilícito, para lo cual se utilizan todo tipo embarcaciones, y aquí hay que poner mucha atención en la “Hidrovía”, que en el presente y respecto a ésta, se está tratando su licitación, donde participan empresas extranjeras, y el debate sobre el control de la misma, con la importancia que tiene esta vía fluvial, que utiliza tanto el río Paraguay como el Paraná, y que la convierte en una “autopista acuática”, por donde circulan la mayor parte de las exportaciones de nuestro país y de países limítrofes, por el caso, todas las exportaciones de productos y bienes paraguayos hacia el resto del mundo, y esto suma la importancia del puerto de Rosario, sin olvidar que la provincia de Santa Fe posee 32 puertos, 4 públicos y 28 privados, en síntesis, la Hidrovía, por donde se transportan aproximadamente 35 mil contenedores por día, y su relación con el tráfico ilícito de cocaína, es importantísima por el tránsito de embarcaciones y exportaciones a gran escala, lo que se traduce en una labor casi imposible de un control absoluto eficaz y eficiente.
Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son las siguientes: 1)el tráfico ilícito de drogas, y en particular la cocaína y subproductos desechables como el “paco”, está presente directa o indirectamente con la comisión de otros delitos, valga el caso del Triple Crimen de Florencio Varela o la violencia que sacude a Rosario o distintas áreas del conurbano bonaerense y barrios carenciados de CABA; 2) Esto muestra que Argentina, hace tiempo ha dejado de ser sólo un país de tránsito para constituir en un mercado consumidor; 3) también nos muestra a grupos criminales en estado embrionario en nuestro país, que buscan emular el modelo de las Maras, con sus diferencias, pero también con similitudes, en cuanto a explotar el mercado de drogas, el control territorial, la violencia y las fuentes de financiamiento, a través de la extorsión, el robo y la explotación sexual; 4) lo que posibilitan la evolución y el accionar de estos grupos está dado por varios factores, la anomia que padece la Sociedad, el deterioro de Instituciones, en particular en las áreas de la Seguridad y la Justicia, sea por corrupción, sea por la falta de capacitación y equipamiento, o por la ausencia de instrumentos jurídicos o por lo deficiente u obseletos de éstos en relación a nuevas modalidades delictivas y en particular en lo que hace a los circuitos financieros y blanqueos de activos, y sin olvidar que la corrupción también alcanza a sectores de la política y empresarial, a la falta de unidades carcelarias adecuadas, al devalúo del sistema educativo, el déficit de oferta laboral y la difusión del poder de control legal estatal debido a las nuevas tecnologías y redes sociales, y 5) entender y reconocer el geoposicionamiento de la Argentina en lo que hace al C.O.T., lo que parece ser que tras la firma del “Compromiso de Santiago”, se ha arribado a que sólo a través de la cooperación internacional se podrá hacer frente a esa amenaza transnacional, y es por todo esto que la frase elegida para terminar es del filósofo alemán Ernst Cassider, que dijo: “el hombre está maniatado sin posibilidad de cambiar las cosas, mientras los gobiernos sigan naturalizando el delito”.-
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