Las dos Bolivias
La columna de hoy, seguramente va despertar polémicas, y eso está bueno, pues nadie es dueño de la verdad, y en mi caso, es una visión lo más objetiva posible, un análisis pragmático de la difícil realidad que vive hoy la República de Bolivia, una crisis compleja, pues son muchos los factores que determinan la actual situación, algunos, muchos más profundos que la mera confrontación ideológica o de modelos económicos y políticos.
En principio, voy a dejar aclarado el porqué utilizaré el término “pueblos aborígenes o indígenas”, y no la construcción colectiva de, “pueblos originarios”, y esto no tiene una connotación ideológica, sino que fundamento mi posición en la gramática y en la ciencia, veamos, se define como “originarios”, a quienes tienen su origen o sus raíces en un lugar, y se lo suele utilizar como sinónimo de, “nativos, oriundos o autóctonos”, mientras que “aborígenes o indígenas”, son quienes descienden de las poblaciones que habitaban en un lugar, antes de la llegada de otros pueblos o colonizadores, y mantienen sus costumbres, y ahora desde la ciencia, pues el poblamiento de América, fue un proceso de dispersión migratoria del ser humano en nuestro continente, con lo cual no se da la condición de “originarios”, y tiene base en evidencias paleontológicas y genéticas actuales, que demuestran que los primeros pobladores de América procedieron del noreste de Asia, a través del Estrecho de Bering, y más tarde desde la Polinesia, y los estudios a los que me refiero, han sido llevados a cabo por la Antropología Genetista, y se basan en los análisis tanto del ADN mitocondrial –masculino- y cromosomas “Y”- femenino.
Aclarado el porqué utilizo el término “aborígenes o indígenas”, los pueblos que habitaban la actual Bolivia a la llegada de los españoles, eran los siguientes, en las Tierras Altas o región Andina, los quechuas en Potosí, Cochabamba y Chuquisaca, los aymaras en La Paz y Oruro, y los uru en el Lago Popo, Oruro, por su parte en las Tierras Bajas, que abarca las regiones de la Amazonia, el Oriente y el Chaco boliviano, estaban los mojeños en las llanuras de Moxo, los chiquitanos en Santa Cruz de la Sierra y los guaraníes en el Chaco.
En ese contexto de multiplicidad de pueblos aborígenes, la conquista y colonización de Bolivia por los españoles, se inició con las expediciones de Diego de Almagro a partir de 1535, y se consolidó diez años después, tras la caída del Imperio Inca y el descubrimiento del Cerro Pico de Potosí en 1545, recibiendo el nombre de Alto Perú o Charcas, y las principales ciudades que se fundaron, fueron Sucre en 1538, La Paz en 1548 y Santa Cruz de la Sierra en 1567, quedando así integrado toda esa región al Virreinato del Perú, un dominio español que finalizó el 6 de agosto de 1825, cuando el Congreso Constituyente de Chuquisaca, declaró la independencia de Bolivia, la que en principio recibió la denominación “República Bolivar”, en honor a Simón Bolivar.
Hecha esta sintetísima reseña histórica, la Bolivia actual tiene como forma de gobierno, según lo establece el Art. 11 de la Constitución Nacional del 2009, un régimen presidencialista, con un período de 5 años, con una única reelección, en un sistema unitario, con una Asamblea Legislativa bicameral, 36 senadores y 130 diputados, con un Poder Judicial conformado, por el Tribunal Supremo de Justicia, un Consejo de la Magistratura, Juzgados menores, con la particularidad que la Justicia es impartida en dos jurisdicciones, ordinaria e indígena, y además hay un Tribunal Constitucional y un Tribunal Supremo Electoral, compuesto por siete miembros.
En lo que hace a su demografía, su población asciende a más de 12,6 millones de habitantes, de los cuales el 36% es población indígena, sin embargo, la ciudad más poblada, Santa Cruz de la Sierra, ese porcentual es del 12%, mientras que en La Paz, sede del gobierno nacional, es del 39% y en la Capital de la República, Sucre, alcanza el 35%, lo que nos está mostrando, un occidente y norte boliviano donde se asienta la mayor parte de los distintos pueblos aborígenes, mientras que el oriente y sur boliviano, el porcentual es significativamente menor, el ejemplo está dado como lo señalé, por Santa Cruz de la Sierra.
Y las diferencias entre esas dos regiones se dan también en lo económico, veamos, la economía de Bolivia tiene una actividad principal, la extracción y exportación de recursos minerales y energéticos. En relación a los primeros, tenemos el estaño -4to. productor mundial-, la plata -7mo. a nivel global–, el cobre y el litio, con el 68% de las reservas mundiales, yacimientos éstos que están ubicados en la región occidental, mientras que el hierro y el oro, se encuentran en el oriente, al igual que los gasíferos, con la 2da. mayor reserva de gas natural en Sudamérica, aproximadamente unos 1,4 billones de metros cúbicos y el petróleo, con una reserva probada de unos 240 millones de barriles.
Por su parte, la agricultura ha tenido un gran auge en las últimas décadas, y tiene como epicentro el oriente boliviano, en parte por una importante inmigración del grupo religioso de los Hamish, y este auge se da en particular con el cultivo de la soja -8vo. productor mundial-, luego le siguen la caña de azúcar y el girasol, mientras que en el occidente boliviano, la producción es mayoritariamente para el consumo interno, con la papa y la cebada, y sin olvidar, el controvertido cultivo de coca -3er. productor mundial-, y su interrelación entre el consumo folklórico y la producción y comercio ilegal de la cocaína.
En cuanto al sector ganadero, se vuelven a apreciar las diferencias entre el noroccidente y suroriente, en el que por su puesto, hay que tener en cuenta cuestiones climáticas y geográficas, en la primera de las regiones mencionadas, se da la cría de camélidos, por ejemplo la alpaca, que se destina a la industria textil, mientras que en la segunda región se da la explotación del ganado bovino y porcino.
Si trasladamos esto a lo macro-económico, el porcentual que aporta la región noroccidental al PBI nacional es del 38%, y mientras el de la región suroriental es del 62%, siendo el PBI nominal de Bolivia de U$S 55.000 millones, y si observamos el PBI per capita, según el Banco Mundial, es de U$S 3.800, pero si lo discriminamos por las dos regiones ya señaladas, vemos que mientras en el noroccidente –La Paz o Cochabamba– está en aproximadamente unos U$S 4.000, en el suroriente –Santa Cruz o Tarija– es de algo más de los U$S 7.200, y siguiendo con el Informe del organismo financiero internacional citado, Bolivia ocupa en la economía latinoamericana el 14to. lugar, y las proyecciones indican un escenario a la baja de la actividad económica, y es el único país de Sudamérica con un promediol de ingresos “medio-bajos”, que hace de Bolivia uno de los países más pobres del subcontinente, a causa de una combinación de factores, históricos, estructurales y a los desafíos económicos y financieros actuales.
Y tal como lo señala el Informe citado, hay factores históricos y estructurales que hacen que Bolivia padezca crisis y conflictos recurrentes. Veamos, desde 1935 a 1946 fue gobernada por militares, en 1952 se produce la llamada “Revolución Nacional” y el Pte. Víctor Paz Estenssoro, instituyó reformas económicas y sociales, nacionalizó las minas, tomó el monopolio estatal de la exportación del estaño, implementó una reforma agraria, la prospección a las empresas petroleras extranjeras, una reforma educativa, la conectividad vial entre el norte y el sur, e incluyó el voto universal, sin embargo, para fines de los 50, la economía sufre una caída, en particular por la baja del precio internacional del estaño y los altos índices de inflación.
A partir de la década de los 60 hasta el inicio de los 80, se suceden los gobiernos militares de diferentes perfiles, por ejemplo, el de René Barrientos con políticas desarrollistas y la vuelta de la inversión extranjera, y en contra partida, el de Juan José Torrez, de izquierda, quien reanudó las relaciones estratégicas con la Cuba de Castro y el Chile de Allende, lo que llevó a una crisis diplomática con los EE.UU., hasta el golpe de estado de Hugo Banzer Suarez, quien se alineó con Washington y a otros países de la región en el “Plan Condor”, en la lucha contra el comunismo, en el contexto de la Guerra Fría, y a Banzer le siguió Luis García Meza, quien intensificó la represión y los vínculos con el narcotráfico, todo esto llevó al final, en 1982, de los gobiernos militares.
La década de los 80 se caracterizó por el retorno de la democracia, pero con una difícil situación económica, a raíz de una alta Deuda Externa, hiperinflación y el auge del narcotráfico, sin embargo, para el final de esa década con Víctor Paz Estenssoro, se logró , estabilizar la macroeconomía, con políticas neoliberales que sustituyeron el modelo estatista. En los 90, y hasta el primer lustro del siglo XXI, los sucesivos gobiernos prosiguieron con políticas de estabilización macroeconómica, sin embargo, con la nueva centuria, se dio nuevamente una fuerte crisis económica, altos índices de corrupción e inestabilidad política, lo que facilitó la aparición de movimientos sociales contestatarios, con bases indigenistas, mineros, campesinos y cocaleros, sumado a un movimiento autonomista emergente surgido en Santa Cruz de la Sierra y Tarija, remarcando las diferencias culturales, étnicas y socioeconómicas entre el oriente y el occidente boliviano.
En el 2006, llegó a la presidencia Evo Morales, líder del MAS y dirigente cocalero, con políticas estatistas e indigenistas de izquierda, nacionalizando las empresas de hidrocarburos, luz y de comunicaciones, y llevó a cabo un proceso constitucional que dio la promulgación de una nueva Constitución, que fue aprobada por 164 de los 255 constituyentes, evidenciando también la división ya señalada, y la que entró en vigor en el 2009. En el ámbito internacional, en sus dos mandatos, Evo Morales se alineó con el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, la versión actualizada de la exportación del castro-comunismo, personalizado por el Pte. venezolano Hugo Chávez, con el respaldo del Foro de San Pablo, creado por Fidel Castro y Luis Lula Da Silva, conformando así el llamado “Eje Bolivariano”, con alianzas estratégicas con gobiernos afines, la Argentina de los Kirchner, el Ecuador de Correa y la Nicaragua de Ortega, y fuera del ámbito continental, con Rusia, China y con la teocracia de Irán.
Ahora bien, al régimen populista de izquierda de Evo Morales, se le reconoce que redujo los índices de pobreza, y registró en sus primeras etapas un fuerte crecimiento económico y una mayor inclusión de los pueblos aborígenes, pero la corrupción trepó, aumentó el deterioro de la democracia, y un avasallamiento en la independencia de los poderes, en particular, sobre el Poder Judicial, sin olvidar un clientelismo galopante, y esto tuvo como colofón la crisis política e institucional reflejada en las elecciones del 2019, y que una auditoría de la OEA, concluyó que el proceso eleccionario estuvo viciado de fraude, le siguió la renuncia de Morales, de su vicepresidente y de la presidente del Senado, quienes se asilaron en Méjico, y en el caso del ex presidente, quien aumentó su patrimonio personal en un 221%, en relación al 2006, luego estuvo un tiempo en nuestro país, bajo el paragua protector del gobierno de Alberto Fernández.
Tras el interinato de Jeanine Añez Chávez, se convocó a elecciones en el 2020, donde triunfó en 1ra. vuelta, el candidato del MAS, el economista Luis Arce, con el 55% de los votos, quién gobernó hasta noviembre del año pasado, y en su mandato se reanudaron las relaciones con la dictadura de Venezuela y la teocracia de Irán, pero ante la grave crisis económica, el descontento entre la clase media, profesionales, empresarios e incluso en el ámbito universitario, que se reflejaron en resultados desfavorables en la encuesta para su reelección, decidió bajarse y el MAS presentó como candidato a Eduardo del Castillo, quien apenas logró el 3,2% en la elecciones de agosto del 2025. Estas elecciones reflejaron un claro giro hacia los candidatos de la centro y centro-derecha, Rodrigo Paz obtuvo el 32%, Jorge “Tuto” Quiroga el 27% y Samuel Medina 19,8%, lo que llevó por 1ra. vez a un ballotage, en octubre, entre Paz y Quiroga, que dio el triunfo al primero, con casi el 55% de los votos a favor del candidato democristiano, quién asumió el 8 de noviembre ppdo., con la consigna “capitalismo social”, que sintetiza la implementación de políticas pro-mercado, a favor de las privatizaciones y la descentralización, definiéndose como un pragmático, quién recibió un país quebrado institucional y financieramente, con casi una total escases de reservas, con la tasa de inflación más alta de los últimos 20 años, el 25%, con un grave deterioro de la infraestructura de hidrocarburos y gasíferas, con la tarea de reposicionar geopolíticamente a Bolivia, lo que implica el distanciamiento del Eje Bolivariano, y a reforzar las relaciones con la democracias latinoamericanas, por el caso, el proyecto de una organización tripartita, la OPEL, con Argentina y Chile, respecto al litio.
Sin embargo, a seis meses de la asunción de Rodrigo Paz, Bolivia está viviendo una gravísima crisis política, pues las reformas que ha implementado o intentado su gobierno, ha provocado que grupos sindicalistas e indigenistas, afines a Evo Morales, como el caso de los denominados “ponchos rojos”, pertenecientes a la etnia aymara, han desatado hace semanas una grave tensión, con bloqueos, que han llegado a más de 50, y con el enfrentamiento armado con las FF.SS., que han producido complicaciones en el abastecimiento, con un aumento de precios, que agudizan la situación humanitaria, en particular en la región noroccidental, no obstante hasta ahora el Pte. Rodrigo Paz no ha declarado el “Estado de Excepción”, por el contrario, ha convocado para hoy 27 de mayo, a la 1ra. reunión del Consejo Social y Económico, el que buscará generar el contexto de diálogo para resolver la crisis, algo que se suma a la propuesta del mandatario en relación a reorganizar su gabinete, no obstante, en el seno de las FF.AA., hay preocupación porque algunos de los violentos grupos de manifestantes, entre éstos los “ponchos rojos”, tienen en su poder y utilizan armas de fuego contra las FF.SS., las que han vallado todos los accesos a la Plaza Murillo, en La Paz, sede del ejecutivo y del legislativo.
Y la actual situación, tiene también sus secuelas a nivel internacional, por un lado ha llevado a un cortocircuito entre el Pte. Rodrigo Paz y su igual colombiano Gustavo Petro, por otro, han mostrado su solidaridad y apoyo de algunos gobiernos americanos, los EE.UU., Argentino, Chile, Paraguay, Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Rep. Dominicana, Trinidad y Tobago y Panamá, en un claro mensaje de defensa al orden democrático en Bolivia, cuyo canciller, Fernando Aramayo alertó al Consejo Permanente de la OEA, que las violentas protestas y los bloqueos buscan desestabilizar el orden constitucional e institucional de su país.
Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son las siguientes: 1) los 20 años del populismo de izquierda clientelista, estructuraron, aprovechando legítimas reivindicaciones identitarias de grupos indígenas, una base contestaría radical y a fin a Evo Morales, y funcional al proyecto del Socialismo del Siglo XXI, que tiene como objetivo el establecer regímenes de perfil castro-comunistas en Latinoamérica, con el apoyo del Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla, a nivel continental, y aliados estratégicos como Rusia, China e Irán; 2) a ese bloque geopolítico y geoeconómico, se le oponen las democracias liberales, con una agenda totalmente contraria en lo socio-económico y en lo político-institucional y que a nivel regional están ganando espacios, pero sin olvidar que los actores internacionales pujan por los recursos naturales que posee Bolivia, en particular los estratégicos; 3) en este escenario, Bolivia está sufriendo hoy una profunda y grave crisis, que pone en peligro la gobernabilidad, el Estado de Derecho y una democracia que le ha costado conseguir a lo largo de su historia; 4) los grupos contestatarios y violentos, como el de los “ponchos rojos”, que al grito “Ahora sí, guerra civil”, son instrumentos del que se vale el delincuente pedófilo prófugo Evo Morales, no sólo para no ser puesto a derecho, evadiendo el accionar de la Justicia en su refugio de la región del Chapare, sino para impedir su final político; 5) Bolivia es un Estado “fracturado”, hay “dos Bolivias”, por un lado, las tierras altas, el Altiplano en la región noroccidental, la de grupos indígenas, los “collas”, con índices de pobreza, y por otro, la región suroriental, la llamada “media luna oriental”, de mayoría mestiza o blanca, los “khara”, un término despectivo quechua para los blancos, lo que trasluce tensiones regionalistas, étnicas, culturales, sociales, políticas y económicas, que define un solapado conflicto entre el resurgimiento identitario aborigen y la irredenta autonomía separatista, y que ha estado presente a lo largo del siglo pasado y que se ha querido superar sin éxito, ocultándolo con el vocablo “Plurinacional”, por eso la realidad boliviana es compleja y responde a múltiples factores, que se podrán superar por el consenso, sino el fantasma de una guerra civil seguirá estando presente, y para terminar la frase elegida es irónicamente de un militar, el Gral. Robert E. Lee, que dijo: “La unidad que sólo puede mantenerse con espadas y bayonetas, y en que la discordia y la guerra civil reemplazan el amor fraternal, no tiene ningún sentido”.-
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