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Cuando la universalidad borra la identidad

Radio Jai-Cuando la universalidad borra la identidad

En el cine reciente, la herencia judía de grandes figuras culturales se diluye o se evita, y con ella se pierde una clave para entender qué hizo singular —y universal— su obra.

Mi padre murió hace dos años, a los 81. Pero el dolor me golpeó de verdad este año, de una forma muy particular: durante meses, lo único que quise escuchar fue a Neil Diamond, su artista favorito. Ponía “Holly Holy” o “Shilo” y me transportaba al asiento trasero de un Grand Marquis con paneles imitación madera, mirando la nuca del pelo secado con secador de mi padre mientras “Love at the Greek” sonaba en el casete de ocho pistas.

Así que, por supuesto, tenía muchas ganas de ver la nueva película Song Sung Blue: Sueño inquebrantable, una especie de melodrama lacrimógeno musical, inspirada libremente en la historia real de un dúo tributo a Neil Diamond —marido y mujer— y su ascenso por los bares de clase obrera y los escenarios de Milwaukee.

Song Sung Blue no habla exactamente de Diamond, habla del amor que lo rodea y de la manera en que el mundo se reconoce en él. No esperaba que captara la manera tan específica en que mi padre vivía ese amor y ese vínculo. El Diamond de mi padre no era el Diamond de cualquiera; su relación era mucho más personal. No era solo que mi padre se pareciera a Diamond, hablara como Diamond, tuviera tres matrimonios como Diamond y alcanzara su plenitud adulta en la misma era de camisas abiertas. Ambos eran hijos o nietos de migrantes judíos, introvertidos asquenazíes que jugaban al glamuroso juego del extrovertido estadounidense, sacudiéndose generaciones de persecución y miedo, emergiendo prácticamente de la nada. Que mi padre se convirtiera en abogado en Canadá y Diamond en una superestrella mundial no viene al caso. En lás décadas de 1960 y 1970, Diamond fue uno más en la oleada de artistas que de repente podían mostrar plenamente su identidad judía ante el gran público, y de hecho lo hicieron: Barbra Streisand y Leonard Bernstein, Joan Rivers y Woody Allen, Neil Simon y Mel Brooks, Philip Roth y Saul Bellow. Parecía una edad dorada de visibilidad, un judaísmo no como algo que esconder, sino como una historia que contar.

 

Fuente: The New York Times

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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