Netanyahu evita disolución del gobierno y gana margen político mientras crece la tensión con Irán y Hamás – Marcelo Kisilevski
En una semana marcada por movimientos clave en el tablero político y de seguridad de Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu logró sortear un voto de censura en la Knéset, garantizándose al menos seis meses de estabilidad legislativa. Esto fue posible gracias al retiro estratégico del apoyo por parte de sus aliados ultraortodoxos, entre ellos Shas y Judaísmo Unido de la Torá. Aunque el gesto fue simbólico y el voto no se llevó a cabo, el efecto práctico fue el blindaje político de Netanyahu hasta fin de año.
“El juego parlamentario le permite a Netanyahu ganar tiempo. Con esta maniobra, evita que la oposición lo derribe y obtiene margen para avanzar con su agenda sin interrupciones”, explicó el periodista Marcelo Kisilevski en diálogo con Radio Jai. Según Kisilevski, esta pausa legislativa podría ser decisiva para que el primer ministro logre completar su mandato.
Mientras tanto, la ley de enrolamiento militar de los judíos ultraortodoxos sigue generando tensiones. El gobierno discute posibles sanciones para quienes se nieguen a alistarse, desde impedir la salida del país hasta negar beneficios como hipotecas a parejas jóvenes. Sin embargo, los partidos religiosos ya adelantaron que no acatarán la legislación. “Estamos frente a una desigualdad legal estructural entre religiosos y laicos, una grieta interna muy difícil de cerrar”, afirmó Kisilevski, subrayando que este tema ha sido históricamente pospuesto en las coaliciones de gobierno.
En el frente internacional, las tensiones con Irán alcanzaron un nuevo pico. Israel comunicó a Estados Unidos su disposición a lanzar un ataque contra instalaciones nucleares iraníes, lo que motivó la evacuación de diplomáticos estadounidenses en la región y el refuerzo de la seguridad en varias embajadas. Teherán, por su parte, respondió con firmeza, anunciando la instalación de nuevas plantas nucleares subterráneas que complican cualquier eventual ofensiva. “Israel sigue usando la disuasión como principal herramienta estratégica, pero Irán demuestra que no se deja intimidar”, explicó Kisilevski.
Por otro lado, las negociaciones con Hamás muestran señales mixtas. Aunque Israel ha dado indicios de cierta flexibilidad en los tiempos para la liberación de rehenes, mantiene inalterables sus líneas rojas: no aceptar el fin del conflicto ni modificar las condiciones actuales de ayuda humanitaria. Hamás continúa ejerciendo presión mediante ataques intermitentes, dificultando cualquier posibilidad de tregua duradera. “La presión internacional hace su efecto, pero mientras Hamás siga usando la violencia como herramienta política, será muy difícil avanzar en acuerdos”, advirtió el periodista.
En medio de este complejo panorama, la vida cotidiana en Israel no se detiene. Siguen llegando delegaciones de voluntarios desde el exterior, especialmente desde Estados Unidos, para colaborar en tareas sociales y agrícolas. A ello se suma una nueva ola de calor que genera preocupación en zonas turísticas y agrícolas del país.
“En Israel todo se da al mismo tiempo: desafíos políticos, amenazas externas y una sociedad que sigue en movimiento pese a todo. Eso también es parte de su resiliencia”, concluyó Kisilevski.
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