La frontera invisible – Natalio Steiner
Mientras gran parte de la atención pública y política continúa centrada en Gaza, el Líbano o Siria, existe otro frente cuya vulnerabilidad merece una discusión urgente: la extensa frontera oriental con Jordania. Con más de 520 kilómetros de longitud, especialmente en el tramo que une el Mar Muerto con Eilat, esta región presenta desafíos de seguridad que no parecen guardar relación con la magnitud de las amenazas actuales.
Aunque el tratado de paz firmado con Jordania en 1994 ha permitido mantener una frontera estable durante décadas, la realidad geopolítica de Medio Oriente obliga a mirar más allá de la relación bilateral. La escasa densidad poblacional, la limitada presencia militar en algunos sectores y las deficiencias de la infraestructura fronteriza convierten a esta zona en un punto sensible que no debería quedar relegado.
En los últimos meses comenzaron trabajos para modernizar parte de la frontera con nuevos sistemas tecnológicos y barreras más sofisticadas. Sin embargo, el avance aún no alcanza a los sectores más desprotegidos del sur, donde amplias extensiones desérticas continúan siendo especialmente vulnerables a infiltraciones, contrabando o posibles acciones terroristas.
A ello se suma un contexto regional complejo. La presencia de milicias proiraníes en Irak y la capacidad de estas organizaciones para operar a través de distintos territorios mantienen vigente el riesgo de que nuevos intentos de infiltración busquen explotar cualquier punto débil de la defensa israelí. La experiencia del 7 de octubre demostró el alto costo de subestimar amenazas que parecían improbables.
También merece reconocimiento el papel que cumplen las comunidades agrícolas del valle del Jordán y la región de Aravá. Además de desarrollar una actividad productiva esencial, sus habitantes colaboran activamente con la seguridad local mediante grupos civiles organizados y una coordinación permanente con las fuerzas de defensa. Sin embargo, esa contribución no puede reemplazar una estrategia estatal integral.
La protección de esta frontera exige una visión de largo plazo. No basta con incorporar tecnología o reforzar patrullajes: también resulta necesario promover el desarrollo de nuevas comunidades, fortalecer la presencia civil y consolidar una infraestructura defensiva acorde con los desafíos estratégicos actuales.
La paz con Jordania continúa siendo un activo fundamental para la estabilidad regional, pero no puede convertirse en el único pilar de la seguridad en el frente oriental. La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar que una vulnerabilidad conocida termine convirtiéndose en una nueva tragedia.
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