¿Madame Butterfly sonará a ritmo cafetero en Colombia?
Tras algo más de una semana de celebrada la 2da. vuelta de las elecciones presidenciales en el Perú, y computados el 100% de los sufragios por la Oficina Nacional de Proceso Electoral u ONPE, por apenas 4.200 votos, la candidata del partido Fuerza Popular, la líder derechista Keiko Fujimori, se ha impuesto sobre el representante de izquierda, Roberto Sánchez, del partido Juntos por el Perú, y delfín del destituido ex presidente Pedro Castillo, quién recordemos, está cumpliendo una condena de 11 años de prisión, por la comisión del delito de Conspiración para Rebelión.
En este escenario, el partido Juntos por el Perú, a través de su Secretario General, Ernesto Zunini, expresó dudas sobre el escrutinio y que existen observaciones al respecto, realizadas por la Misión Veedora de la OEA, y además, criticó el rechazo de Keiko Fujimori, a la propuesta de su contrincante, a un recuento total.
También, el colectivo “Generación Z”, manifestó que habría algunos hechos que propician las citadas observaciones, realizadas por el candidato perdedor, sin embargo, Josué Gutierrez, Defensor del Pueblo, declaró que no hubo fraude, y que la 2da. vuelta fue legítima.
Lo cierto es, que la geografía electoral peruana nos muestra que la fragmentación que exhibió la 1ra. vuelta, pues ninguno de los dos candidatos más votados, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, entre ambos no superaron el 30% de los sufragios, la primera obtuvo el 17,18% y el segundo, el 12,03%, mientras que en el ballotage se refleja claramente una polarización total, pues ambos candidatos, fueron reafirmados y/o robustecidos en sus bastiones, Lima y Puno respectivamente, por el caso, en Lima, Keiko que había obtenido en la 1ra. vuelta el 18%, en el ballotage obtuvo el 63,5%, mientras que Sánchez en el Puno, había logrado el 25% en la 1ra. vuelta, creció en el ballotage al 86%, pero como colofón, además de haber sido ratificados en sus bastiones territoriales, el voto evolucionó respecto a la 1ra. vuelta, en que los votantes se inclinaron por las mayorías en algunas regiones y en otras, la puja electoral se mantuvo cerrada.
Lo concreto es, que la candidata del partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, si bien tiene la ventaja de contar con las mayorías en las bancas del Congreso, tiene por delante, la importante tarea de darle al Perú la estabilidad institucional y política, después de un último lustro, con tres presidentes que dejaron anticipadamente sus cargos, y con causas judiciales de por medio, y con una macroeconomía que muestra un nivel de crecimiento más que significativo, que lo posiciona como una de las economía más sólidas de América del Sur, pero también al presente sufre una situación socio-económica preocupante, en particular con el 25% de pobreza sobre una población de algo más de 34 millones, con un 40% de informalidad laboral, con una crisis en el sector educativo y en lo que hace a la seguridad pública, que ubica al Perú entre los 10 países con mayor índice de criminalidad a nivel global, y todo esto será tomado en cuenta por los mercados e inversores extranjeros, pero lo que si es evidente, que la presidencia de Keiko se alineará geopolíticamente a los gobiernos de derecha de la región, con Argentina, con Chile, con Paraguay, con Ecuador, con Bolivia, aún con su actual crisis, y por supuesto con los EE.UU., y veremos si no obstante esta alienación, la presidente electa aplicará el pragmatismo, respecto a las relaciones con China, que no olvidemos tiene una de las inversiones –económica y estratégica- más importante en la región, me refiero al puerto de Chancay, desarrollado y operado por estatal china Cosco Shipping Ports, que posee el 60% de las acciones, en sociedad con la empresa minera peruana Volcán, que tiene el 40% restante, y es la puerta de entrada a la cuenca sudamericana del Pacífico del tráfico marítimo de Shanghai, pero ahora será el tiempo de definiciones para Colombia, el siguiente tema a abordar.
Colombia, un país por el que guardo un cariño muy grande y recuerdos imborrables, como así también algunos buenos amigos, un país donde por experiencia propia, allá por la década de los años 80, conocí la violencia armada tanto de los cárteles de Medellín y el de Cali, como de las organizaciones terroristas, el M19, el ELN y las FARC, un país al que volví a principios de este siglo, donde el espacio dejado por los cárteles fue ocupado y explotado por los grupos terroristas para autofinanciar sus actividades criminales, dando lugar a la expresión “narcoterrorismo”, y años más tarde, colombianos y no colombianos, recibimos a los Acuerdos de Paz entre las FARC y el entonces presidente Juan Manuel Santos, con la esperanza de cerrar más de medio siglo de violencia y de muertes, sin embargo, eso no ocurrió, y en el presente el narcoterrorismo y la criminalidad organizada siguen golpeando a la sociedad colombiana y son una amenaza transnacional, cuyo índice de criminalidad es tan alto, que sitúa a Colombia como el 2do. país con mayor presencia y actividad criminal organizada a nivel global y en el 1ro. en Latinoamérica, obteniendo una puntuación de Índice Global del Crimen, de 8 sobre 10.
En ese escenario, el 31 de mayo ppdo., se celebró la 1ra. vuelta de las elecciones presidenciales, y los resultados de la misma, reflejaron un país polarizado, pues entre los dos candidatos a competir en la 2da. vuelta, me refiero al derechista Abelardo de la Espriella y al izquierdista Iván Cepeda Castro, sumaron más del 80% de los sufragios, el primero obtuvo el 43,74% y el segundo logró el 40,9%, quedando muy atrás la candidata representante del “uribismo”, Paloma Valencia, con el 6,9%, lo que nos muestra un escenario político diferente a la fragmentación ocurrida en el Perú, como lo explique previamente.
En esta sociedad colombiana polarizada, las actitudes y declaraciones del actual presidente Gustavo Petro, parecen confirmar lo que hace un año atrás, el candidato Abelardo de la Espriella denunciaba, que el actual 1er. mandatario no quiere dejar el poder, dejando de sonar sólo como un “slogan” de campaña, y que exteriorizaba los temores de Petro, habida cuenta de los resultados de la 1ra. vuelta, a los que impugnó de fraudulento y producto de una conspiración –inexistente-, que la propia Registraduría Nacional demostró que esos argumentos eran una falacia que quería imponer el presidente, para deslegitimar el acto electoral, que dio al candidato derechista Abelardo de la Espriella el primer puesto, pero no alcanzó el porcentual de votos exigidos constitucionalmente para consagrarse ganador en 1ra. vuelta, además el proceso tanto manual como las actas E14 implementadas, no sólo le dieron rapidez a la publicación de los resultados, sino que demostraron que el sistema electoral aplicado es seguro y transparente, mediante una constante auditoría del código fuente del software electoral.
Ahora, si bien el presidente Petro no es un improvisado, está sumamente preocupado, no sólo por dejar el poder, sino lo que esto implica, en el caso que el sucesor no sea el candidato de la coalición que él lidera, es decir, Iván Cepeda Castro, el motivo?, que la Justicia de los EE.UU. está instruyendo una causa judicial en su contra por narcotráfico y crimen organizado transnacional, y que daría lugar a la solicitud de extradición, tanto del propio Petro como a su círculo más próximo, por el caso, su hijo Nicolás Petro, quien ha sido procesado por los delitos de Lavado de Dinero y Enriquecimiento Ilícito, a raíz de habérsele probado que recibió dinero del capo narco Samuel Santander López Sierra, alias “El Hombre Malboro”, quién fue condenado por la Justicia Federal estadounidense por Narcotráfico, y ese dinero fue usado para financiar la campaña electoral de Petro en las elecciones del 2022.
Pero la cosa no queda ahí, en octubre del 2025, Gustavo Petro fue incluido en la Lista OFAC, también conocida como “Lista Clinton”, en la que figuran personas físicas y jurídicas o empresas vinculadas al narcotráfico y al lavado de activos de procedencia ilícita, y el estar en esta “lista negra” tiene como efecto inmediato, que el Sistema Financiero Internacional, te “clausura”, lo que significa no acceder a cuentas bancarias, tarjeras, aseguradoras etc., y además, los capitales y bienes en los EE.UU. son congelados, y en esta situación se encuentran no sólo Nicolás Petro, sino también se incluye a la esposa de Petro, Verónica Alcocer García, y su ministro del Interior, Armando Benedetti, político y diplomático, y dirigente del movimiento de izquierda Pacto Histórico.
Asimismo, hay una realidad indiscutible, desde que Gustavo Petro llegó a la presidencia, la producción de cocaína ha llegado a registrar los más altos niveles de las últimas dos décadas, según Informes de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Crimen Organizado, UNODC, en un solo año del gobierno de Petro se alcanzó la cifra de Tn. 2.600, y el área de cultivo de coca alcanzó las 252,572 ha., que han posibilitado la capacidad de producción más alta de la últimos diez años, y esto ha sido posible con la anuencia del poder político, es decir, con el visto bueno del primer mandatario colombiano, quién prácticamente no ha hecho nada para impedir la actividad de los narcos.
Para sumar preocupación a Petro, el candidato derechista de la Espriella, alias el Tigre, tiene el apoyo público del presidente estadounidense Donald Trump, quién se comprometió, en el caso que resulte electo el líder opositor, contará con todo el apoyo de los EE.UU., no sólo diplomático, logístico y militar, sino también en ayudar a la Fiscalía General de Colombia, en las causas contra Gustavo Petro, quién tiene iniciadas 290 procesos en la Comisión de Acusación, que si bien al presente están frizadas, a partir del próximo 7 de agosto, cuando deje la presidencia, se activaran en caso que el ganador sea el Tigre, y quizás lo sucedido la semana pasada en Venezuela, sea un ejemplo de lo que puede pasar en Colombia, me refiero a la operación militar llevada a cabo por Fuerzas Especiales estadounidenses, bajo la dirección del Comando Sur, en territorio venezolano, eliminando al líder de la organización narcocriminal, “El Tren de Aragua” categorizada por Washington como terrorista, Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”.
Pero la actitud y las declaraciones realizadas por el presidente colombiano, no son convenientes a la propia izquierda, que está de acuerdo con el relato de un Petro “mártir”, porque consideran que no les juega a favor de cara al ballotage, por el contrario, el candidato de su sector, Iván Cepeda Castro, busca a través de un discurso menos antagónico ganarse los votos del centro, y esta visión quedó reflejada en las declaraciones de la congresista Gloria Arizabaleta, de la coalición de izquierda gobernante, que ha cuestionado las intervenciones y dichos de Petro durante esta campaña electoral.
Es así, que el próximo domingo 21 de junio, se celebrará el ballotage en Colombia, enfrentando dos ideologías opuestas, dos proyectos de país diferentes y dos visiones geopolíticas distintas, por un lado, el candidato de la izquierda, Iván Cepeda Castro, de 63 años, es un senador y miembro de la coalición Pacto Histórico, que llevó a Gustavo Petro a la presidencia, pero a diferencia del actual primer mandatario, nunca conformó una organización guerrillera, como sí Petro en el M19, Movimiento 19 de Abril, que surgió a principios de los años 70 y de ideología socialismo revolucionario, mientras que Cepeda viene de una familia de tradición política, también de la izquierda colombiana, su padre Manuel Cepeda fue senador y asesinado en 1994, y si bien tiene un programa que continua las políticas del actual gobierno, son menos confrontativas, y tienden a una mayor apertura.
Su adversario político es Abelardo de la Espriella, un joven abogado y empresario de 47 años, candidato por el Movimiento Defensores de la Patria, y ésta es su primera participación en la política, y representa a la ultraderecha colombiana, con un propuesta de defensa de los valores conservadores y de la propiedad privada y la libre empresa, con una fuerte crítica a la gestión del actual presidente Gustavo Petro, es un admirador del mandatario salvadoreño Nayib Bukele y sus políticas en materia de seguridad y combate al crimen organizado, y en el plano geopolítico se alinea con los EE.UU. y los gobiernos de derecha de la región, Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Ecuador y el Perú, tras el triunfo de Keiko Fujimori.
Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son las siguientes: 1) el gran filósofo e historiador inglés, Robin George Collingwood, en su libro “Idea de la Historia”, hace un excelente análisis de la concepción cíclica o espiralada de la Historia del pensador clásico, el italiano Giambattista Vico, es decir, eventos y/o procesos que se repiten, aún con sus características temporales, espaciales o humanas, y esto podría aplicarse en al menos en el medio siglo último de la Historia Latinoamericana, donde se alternaron gobiernos de derecha y de izquierda en los países de la región, donde no hasta hace mucho tiempo teníamos en Sudamérica, una pléyade de gobierno de centro-izquierda o de izquierda, respaldados por el Foro de San Pablo, fundado por Fidel Castro y Lula Da Silva en julio de 1990, y así progresivamente asumieron el poder en Venezuela, en Ecuador, en Bolivia, en Paraguay, en Uruguay, en Argentina y más tardíamente en Chile, y ahora en los últimos años, se vuelve a repetir la ola de la derecha, liderada desde Washington, que a excepción en el presente, de la Colombia de Petro, el Brasil de Lula y el Uruguay de Yamandú Orsi; 2) el resultado de las elecciones del Perú, si bien confirma esta tendencia, también tras el ballotage, nos refleja una sociedad que de fragmentada pasó a polarizada; 3) el próximo domingo se celebrará la 2da. vuelta en Colombia, y es posible y probable, que la diferencia de sólo el 3% a favor del candidato de la derecha, Adalberto de la Espriella sobre el de la izquierda, Iván Cepeda Castro, pueda ampliarse con los votos del sector “uribista”, es decir de los seguidores del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, cuya candidata Paloma Valencia obtuvo el 6,9% de votos en la 1ra. vuelta, que consagraría como el próximo presidente de la República de Colombia a de la Espriella, el Tigre, lo que modifica casi totalmente el mapa geopolítico de la década pasada, con una Venezuela que ha negociado la salida del régimen chavista con la actual administración Trump, con un Brasil de Lula, que más allá de su pragmatismo, ve la sombra del “bolsonarismo” cada vez más grande, con el Uruguay del Frente Amplio con un “socialismo light”, y a la espera de una definición de la crisis institucional y política que vive Bolivia, por eso la frase para terminar la columna, es la que acuñé en el título, la pregunta tras el triunfo de Keiko en Perú, sobre el destino de los colombianos, ¿ Madame Butterfly sonara al ritmo cafetero en Colombia?.-
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