Genocidio Armenio

Esta mañana amanecimos con un titular secundario pero no irrelevante: que el PM Netanyahu ‘reconoció’ el ‘genocidio armenio’ a manos de los turcos. Fue en el contexto de un podcast con Patrick Bet-David, millonario estadounidense de ideas conservadoras. Hay que ver el titular en su contexto: en primer lugar, ni Times of Israel ni Haaretz, si bien lo mencionan, lo destacan; en segundo lugar, si bien la persona y el cargo son una unidad, lo que ‘dijo’ Netanyahu (que fue como consecuencia de una conversación) lo hizo a título personal. Un reconocimiento formal de Israel supondría algún tipo de declaración en la Kneset.
La razón esgrimida por los editores para este ‘desliz’ de Netanyahu es el deterioro casi total de las relaciones entre Israel y Turquía, que durante muchos años y en diferentes períodos, si bien eran tensas, eran importantes en el contexto comercial y geopolítico. Hoy ya no. Turquía apoya inequívocamente a Hamas. No queda mucho lo que perder. Por otro lado, insisto, tampoco es una declaración oficial.
Las razones históricas de la reticencia de Israel y sus autoridades de turno a reconocer oficialmente el genocidio armenio por parte de Turquía tienen también otra vertiente: que el único genocidio pasible de ser definido como tal es el genocidio del pueblo judío a manos de los Nazis durante la 2ª Guerra Mundial. Uno de los grandes argumentos para condenar la Shoá como acto genocida es su carácter único y específico en la historia. Postura a la cual adhiero, pero no porque niegue otros genocidios sino por las características del perpetrado por los nazis.
El ‘reconocimiento’ de Netanyahu no surge en forma espontánea ni en un vacío, sino cuando el concepto de genocidio está siendo asociado un día sí y otro también al desarrollo de la guerra en Gaza y las bajas gazatíes. Entre tantos slogans que esgrimen los furibundos críticos de Israel, y por extensión, del pueblo judío después de Oct7, está el del genocidio palestino. Estoy convencido que no es tal. Ni comparado con la suerte de los armenios ni con la de los judíos cuando fueron víctimas.
Observando el video del podcast es evidente (y si no lo es tanto, es esperable) que el intercambio fue parte de un guion y sirvió al propósito de Netanyahu: introducir un genocidio largamente reconocido como tal en el contexto de uno que ocupa la opinión pública más allá de que se ajuste, o no, a lo que constituye ‘genocidio’. Su admisión del genocidio armenio es una distracción de la acusación del supuesto genocidio palestino en Gaza. Es tan simple y tan obvio, el planteo del entrevistador y la gestualidad de Netanyahu son tan claras, que hasta da vergüenza ajena.
Que el Primer Ministro de Israel haya admitido un hecho que históricamente Israel se resistió a admitir no es poca cosa. Que lo haga en un podcast claramente afín a sus intereses y en medio de un contexto global hostil a Israel y los judíos relativiza mucho el valor de esa admisión. Quedará registrada, seguramente. Tal vez más adelante se ‘oficialice’ de alguna manera. Con todo lo que queda por resolver y dilucidar a futuro una declaración sobre el genocidio armenio no es más que otro recurso retórico. Mejor que su negación, sin duda. Pero sin efectos reales.
Volviendo a poner el foco en el presente inmediato, esta maniobra retórica de Netanyahu ya es parte de su patrón de conducta: cuando hay éxitos, se los atribuye. Cuando hay fracasos, culpa a terceros. Y cuando la situación se complica, saca un conejo de la galera que mantenga al público distraído. El problema es que casi veinte años de Netanyahu son muchos años y ya no engaña a nadie. Esperemos que el desengaño se materialice en las próximas elecciones en Israel. Mientras tanto, parece inamovible y sobre todo impune. Que tampoco nos tome por tontos.
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