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Purim y Pesaj 5784

Entre Purim y Pesaj hay un mes y una cantidad de diferencias. Este año 5784 del calendario hebreo, 2024 del calendario gregoriano, ambas festividades tienen algo en común: estamos desorientados.

La tradición judía tiende a ser obsesiva en la forma en que celebramos o conmemoramos las fechas que marca el calendario, ya sean “bíblicas” (mandatadas por Dios en los cinco libros de Moisés) o pos bíblicas. Las primeras suponen no sólo ritos y costumbres sino prohibiciones y abstenciones, mientras que las segundas se focalizan en más o menos acciones específicas.

En la medida que se aproximaba Purim con su mandato de alegría irrefrenada desde el comienzo del mes de Adar empecé a preguntarme cómo celebraríamos este año en medio de la circunstancia que nos toca atravesar como nación. Especial e irónicamente triste me resultaba leer una historia de salvación y supervivencia cuando tenemos todavía más de un centenar de rehenes en Gaza y un número de muertos en batalla que crece diariamente. Da la impresión que en esta oportunidad las suertes que fueron echadas en algún momento por nuestro enemigo, Hamas, no tuvo una o más Ester que nos salvaran. Según dicen, el establishment hizo caso omiso a las heroínas de turno; los Mordejai a cargo no supieron admitir el peligro inminente.

El camino que este año tomó mi comunidad, la NCI de Montevideo, fue una respuesta adecuada a mis inquietudes. Hubo Purim para los niños, que están exentos de cargar las vicisitudes de su pueblo, y hubo una ceremonia sobria, austera, y ceñida al texto del Libro de Ester, con su acostumbrado abucheo al malvado Amán y un cierre en comunidad en el cual simbólicamente las “orejas” de Amán nos endulzaron la velada. Si bien estuvo presente la idea central de Purim de ser dueños de nuestro destino, también expresamos el reconocimiento ante a un momento de fragilidad sin precedentes. No hubo excesos y todos estuvimos sobrios y conscientes de los límites entre el bien y el mal. Este año, en especial conscientes del mal.

Pasado Purim, nos desafía Pesaj. El deseo sería que para entonces los rehenes, como aquellos esclavos, hayan sido liberados; pero no parece posible. Si así fuera, el milagro estaría a la altura de la apertura del mar, de la imagen del brazo extendido de Dios liberándonos de la esclavitud. No creo en milagros, de modo que soy escéptico. Prefiero prepararme para un Pesaj muy especial donde no sólo cuando enumeremos las plagas disminuiremos la alegría por el padecimiento del enemigo: este año somos libres pero nunca, desde el Levantamiento del Gueto de Varsovia, el precio de nuestra libertad estuvo tan claro ni fue tan caro. Debemos encontrar formas de expresarlo y hacerlo relevante en los dos Seder y durante todo Pesaj.

Purim y Pesaj nos están sucediendo ahora, a nosotros. Así como les contamos a nuestros hijos acerca de la salida de Egipto, seremos protagonistas de lo que contarán las generaciones venideras a sus hijos. En ese contexto, me surgen algunas interrogantes puntuales.

Para empezar, las cuatro preguntas acerca de por qué es esta noche diferente al resto se tornan, este año, casi obvias. Cada uno debería pensar una quinta respuesta adicional porque esta noche no sólo es diferente a todas las noches del año sino a todas las noches de todos los Pesaj pasados y por venir.

De los cuatro hijos, ¿estarán todos en la mesa? Sus características, ¿mantienen este Pesaj su significado? Tal vez el hijo “malvado” esté en el frente junto con el “inteligente” y con el “ingenuo”, y seguramente ninguno de ellos sabrá preguntar nada este Pesaj: estarán donde tienen que estar. Además de los cuatro hijos tradicionales, seguramente habrá más hijos que tendrán lo que decir o callar. Este Pesaj cuatro hijos no han sido ni serán suficientes.

La copa del profeta Elías, ¿será sólo para él? ¿No deberíamos sumar copas para el rehén o prisionero que vuelve a casa, para el viudo, para el huérfano de padres, o de hijos? ¿Será sólo en el momento que marca el ritual, o toda la noche? Como los rabinos, ¿discutiremos hasta el alba al punto de que se nos tenga que recordar que somos todos uno cuando toca recitar el “Shema”?

¿Hay lugar para el sándwich de Hillel mezclando las hierbas amargas con la dulzura del Jaroset? ¿O este año Pesaj será más amargo que nunca? ¿Sabremos estar a la altura de la ocasión extendiendo nuestra mesa a todo aquel que lo necesite? Porque aunque así sea, habrá miles que no podrán sentarse a una mesa de Seder este Pesaj de 5784. Aunque más no sea simbólicamente, guardaremos su lugar.

Finalmente, cuando hayamos cumplido los rituales tradicionales y aquellos que elijamos incorporar, cantaremos las canciones tradicionales: afirmaremos todo lo que sí sabemos en “Ejad, Mi Iodea?” pero además, este año, hemos aprendido mucho que no sabíamos o que habíamos olvidado; y volveremos a cantar “Jad Gadia”, la inocente canción infantil del chivito que compró mi padre por dos monedas que en realidad denuncia el círculo vicioso de la violencia; este año pagamos un precio impensado por el dichoso animal para el sacrificio.

Finalmente diremos, como está escrito: el año próximo en Jerusalém.

También diremos, el año próximo fuera de Gaza.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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