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“No debemos odiar a Ishmael, no tenemos que odiar a Esav, tenemos que aprender a separar nuestros campamentos” Rab.Yerahmiel Barylka

En estos momentos de duelo y de incertidumbre, tras lo acontecido en Israel el pasado 7 de octubre, resulta sumamente importante escuchar la palabra de un maestro, alguien que pueda dotarnos de luz en estos tiempos de oscuridad. El rabino Yerahmiel Barylka en diálogo con Radio Jai, reflexionó sobre lo que nos está pasando y lo analizó desde la perspectiva política, social y espiritual.

El Rabino, que declaró estar “mal” por la situación, sin embargo, señaló que, dentro de esta guerra entre Israel y Hamás, hay algunas cosas de las que parece haber pocas dudas. La primera de ellas, la fortaleza de la ciudadanía israelí, inesperada para ellos mismos, pero que algo pasó luego de Shemini Atzeret que hizo que de pronto volvieran a unirse, aunque, lamentablemente en momentos de desgracia.

No tiene dudas de que Israel asestará a Hamás un golpe decisivo, afirmó que está matando a miles de combatientes del Hamás, (dato que los terroristas ocultan, porque solo hablan de civiles). Tampoco hay dudas de que Israel está destruyendo la infraestructura y que vaya a neutralizar gran parte de las reservas de armas que fueron acopiando durante años, sin que los israelíes “tan confiados como siempre” lo advirtieran.

Otra certidumbre es que Israel ya no volverá a su estatus quo al de 2007 cuando golpeó a Hamás en Gaza. La política a partir de entonces es llamada por funcionarios israelíes “segar la hierba”, que significa en realidad permitir que crezca más fuerte. Indicó que esa estrategia ha fracasado, que todos los israelíes saben quién es el responsable (Netanyahu): Hay solamente una persona en Israel que no sabe quién es el responsable”, ironizó.

Sin embargo, acerca de quién ganará esta guerra, es totalmente incierto; y también sobre el tema surgen muchas preguntas, inherentes a la política que surgirá en Gaza cuando cesen los combates, quién tendrá el control de la zona, qué buscarán los gazatíes como modo de vida.

Otra incertidumbre se presenta en el norte con Hezbollah, un eterno enviado de Irán. Y la pregunta más terrible es la de qué va a suceder con los rehenes que están en Gaza, quién los va a sacar. Otra es sobre lo que acontecerá en las comunidades judías del mundo, donde se visualiza cada vez más un importante rebrote antisemita.

Se pregunta Barylka sobre el papel de los líderes judíos del mundo, si estarán a la altura en estas circunstancias, o que simplemente estarán para recibir “repatriados”, como llamaron a los chicos que estaban en Israel por planes educativos, y que los llevaron rápidamente de regreso a sus países, cuando muchos otros, como científicos destacados, tomaron el primer vuelo para enrolarse en el Ejército. “¡Qué vergüenza!”, exclamo con dolor.

Sobre el duelo que vive la sociedad israelí el educador señaló que “no hay casa que no conozca a alguna víctima, abuelos que sepultaron a nietos, a los desaparecidos”.

Intentó el rabino encontrar en la figura de nuestra matriarca Sarah cuya vida estuvo llena de obstáculos, elementos para sobrellevar este duelo. Un comentarista que leyó explicaba que Sarah supo acomodarse psicológicamente; que no permitió que la alegría la desbordara ni que el dolor la quiebre. Hay un punto en ella que hace que, pese a todos los tropiezos, pueda encontrar un equilibrio de vida.

“El dolor no se va a borrar, pero lo que sí se puede lograr es que, pese al dolor, se puedan encontrar momentos de alegría”, expresó.

Sobre lo que ocurrió el 7 de octubre, si hubo una causa, si la desunión fue el motivo. Barylka sostuvo que el hombre, a diferencia de los animales tropieza dos veces con la misma piedra, que aún no sabemos qué va a pasar, porque tampoco sabemos si mañana estaremos con los soldados en Beirut, o sobre la suerte de los soldados en Gaza,

“Nos hemos equivocado, no aprendimos nada de la guerra de los Seis Días, cuando la facilidad de conquista de territorios desperdició la oportunidad de encontrar una solución clara y política”, manifestó. Recordó que, años después vino “la cachetada de Yom Kipur”, de la que tampoco aprendimos que debíamos estar alertas, porque las tropas no lo estaban. “No es algo nuevo”.

Dijo que los políticos estaban distraídos en la así llamada “Reforma”, y que el señor Primer Ministro no le abrió la puerta de su despacho al comandante en jefe del Ejército cuando le iba a presentar un informe semanas atrás del ataque. “Seguramente estaría muy ocupado con la junta de grandes jajamim  (sabios) redactando insultos para una buena parte del pueblo”.

“No aprendimos nada”, expresó angustiado. Señaló que no aprendimos a hacer alianzas, que no supimos quiénes eran nuestros aliados y quiénes nuestros enemigos.

Comentó el rabino Barylka lo que aconteció el pasado martes en la televisión israelí, y que le produjo un sentimiento de “vergüenza ajena”. Se anunciaba el mensaje del ministro Benny Ganz, y más tarde la del ministro de Defensa. Ninguno de los dos, que se presentaron expresamente por separado brindó alguna novedad a la población. Luego se anunciaba la presencia del señor Primer Ministro, el que “obviamente, como siempre no llega a horario”, y los medios continuaban comunicando que, en pocos minutos, llegaría. Cuando se presenta, tampoco dice nada nuevo, excepto deslizar que “hay muchos culpables menos uno”.

Indignado Barylka expresa; “Estamos en la mitad de la guerra y estos tres señores que me representan (los haya votado o no); de los que mi vida y la de mi familia depende de sus decisiones, son incapaces de hablar juntos.

Dolido agrega que tampoco hablan con las familias de los secuestrados, con el dolor que está viviendo esa gente. No hay información, no les dan una mínima cuota de esperanza; ellos están solos corriendo, enviando gente por el mundo para hablar, hasta con los enemigos:” Estamos mal, y no sabemos cómo estaremos después”, dijo.

Sostiene el Rabino que el futuro es incierto que no sabemos cuánto durará esta guerra, qué sucederá. Considera que este es el momento para rever nuestras fallas, las de los judíos de Israel y de la diáspora en cada país. Dijo que se ve en las reacciones que se están dando en Latinoamérica, pero también en Europa y en Estados Unidos, donde hace unas horas se asesinó a golpes a una persona que llevaba la bandera israelí, sin que nadie pudiera identificar a los agresores, cuando el hecho sucedió en los Ángeles, en donde hay cámaras por todas partes.

“Hay en mí un sentimiento muy amargo cuando veo lo que sucede, pero también otro, que es el de que vamos a estar siempre juntos, unidos”, expresa. Y por ello se siente también optimista, cuando ve chicos muy jóvenes que visiblemente nunca habían trabajado, que hoy están haciéndolo en supermercados a falta de empleados israelíes hoy alistados, o por los no israelíes que no están ingresando por el momento.  Lo conmueve ver montones de ropa, de alimentos y de elementos de limpieza que vacían los supermercados para llevarlos a los centros de distribución para llevar al frente. “Es maravilloso”, dijo. Y es lo que le da la posibilidad de ser optimista, así como también por la generosidad sin límite de los soldados y soldadas israelíes que en muchos casos estaban en el exterior participando de seminarios importantes, capacitaciones, y regresaron a Israel para enrolarse en el Ejército. “Eso es lo que me da esperanza”, dijo.

“Unirse por el espanto nos hace cometer terribles errores, nos deshumaniza, y nos hace olvidar, incluso los principios de la Torá”, reflexionó. Opinó que la gente está necesitada de una palabra de amor y se encuentra con aquellos santones que prometen redenciones a cambio de unas monedas, arrogándose las llaves del cielo para obligar a D’ios a decidir de acuerdo a sus deseos, diciendo cuál o tal plegaria. Dijo que así nos vuelven personas que odian al otro, y que nosotros no debemos odiar a Ishmael.  no tenemos que odiar a Esav, tenemos que aprender a separar nuestros campamentos: “Hay que estudiar Bereshit”, recomendó.  Y señaló que Ishmael e Itzjak se abrazaron cuando fueron a sepultar a su padre Abraham. Iaacov y Esav se amigaron y cada uno siguió su camino.

Por eso, opina que hay que reaprender lo que es el amor, y amarnos bien a nosotros mismos, no por la belleza, riqueza o sabiduría que se pueda tener, sino por ser más humanos.

El rabino se despide con el deseo de que tengamos buenas noticias, porque, “este es solamente el inicio de una guerra global, en la que nosotros somos los conejillos de indias”, y que, si no ganamos categóricamente la batalla, ningún ser en el mundo podrá ser libre.

 

Redacción: Prof. Cita Litvak

 

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