Desde tiempos antiquísimos hay quienes han intentado dar con la respuesta a esta pregunta, y seguramente obtendríamos un sinfín de respuestas, de lo más variadas, de hacernos esta pregunta el día de hoy: cada judío y cada judía nos daría su parecer particular y privativo al respecto. Nuestra parashá también.

Parshat Bejukotai presenta el pacto entre Dios y el pueblo de Israel como la verdadera y más profunda esencia de lo judío. La idea que subyace nuestra parashá es la de un judaísmo “pactual”, un judaísmo basado en el pacto, en el compromiso recíproco, de las dos partes que la componen.

Pero, ¿a qué tipo de pacto se refiere la parashá? Una lectura superficial de la misma nos lleva a correr el riesgo de ver en ella un pacto de corte conductual, una mera relación contractual en la que se estipulan premios o bendiciones para quien acata lo estipulado o bien reprimendas -comúnmente llamadas “tojejot”– crudas y desgarradoras para quien se desvía de ello.

 Sin embargo, el texto admite otra lectura posible, más afín, más relevante, para quienes bregamos incansablemente por hallar aquello que representa la esencia del judaísmo, que no es sino nuestra propia esencia, en nuestros días. La clave, quizás, se halle en una palabra, en un término, que sintetiza de manera inequívoca la naturaleza de este pacto. Se trata de la palabra hebrea “קרי” (léase “keri”) que viene a designar numerosas veces en nuestra parashá un tipo de comportamiento, un tipo de abordaje, indeseado del pacto entre Dios y el pueblo de Israel. Los exégetas clásicos ofrecen distintas explicaciones acerca de la connotación última de esta palabra; me gustaría compartir con ustedes aquella propuesta por Rashí y Rashbam, el último nieto y discípulo del primero. Estos dos exégetas sostienen que la palabra “keri” designa un comportamiento casual, circunstancial, frente al Pacto; se trata de una actitud que refleja cierta falta de compromiso, cierta apatía o desidia frente a él.

Según esta lectura, lo que acarrea los males, los aparentes castigos y reprimendas descritos en la parashá, no es el incumplimiento del Pacto sino más bien su observancia mecánica y ciega; un cumplimiento del mismo producto de la inercia y de la indiferencia.

Nuestra parashá nos llama a involucrarnos, a tomar las riendas de nuestro propio judaísmo, a adoptar el pacto -entre nosotros como individuos y el colectivo judío en general, entre nosotros como seres con aspiraciones y preguntas de índole religioso y aquello que concebimos como lo trascendente- con decisión y determinación, con sentido y con profundidad.

En vísperas de la festividad de Shavuot nuestra parashá nos presenta una nueva oportunidad para dotar a nuestro judaísmo de sentido, para involucrarnos en el estudio y en la práctica, para poder ser partícipes activos del pacto que supimos preservar -y renovar- durante cientos de generaciones, y así celebrar -de manera cabal y consciente- la entrega de la Torá.

 

Jordán Raber