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China y sus relaciones con Israel, Irán y el Reino de Arabia Arabia Saudita

Profesor Luis Fuensalida

Por el Prof. Luis Fuensalida

Es notorio, que en Oriente Medio los tres actores regionales más importantes y con incidencia geopolítica global son, Israel, Irán y Arabia Saudita, y también es claro, que las relaciones entre los mismos se ha caracterizado por ser conflictivas, recelosas o directamente inexistentes.

Por el caso, el régimen teocrático de Teherán y la monarquía saudita, además de representar cada uno, el centro religioso de las ramas chiitas y sunnitas respectivamente, sus intereses geopolíticos se contraponen en Yemen, donde Irán apoya a los rebeldes hutíes, en el Líbano a Hezbollah y en Siria, cada uno lo hace con sus respectivos proxis, mientras que en la cuestión palestina, los iraníes respaldan a Hamas y Jihad Islámica y los saudíes a Al Fatah.

Ahora bien, si es el caso entre Israel y el Reino Saudí, a medida que el conflicto israelí – palestino fue evolucionando, la posición de Riad también evolucionó respecto a los vínculos con Israel, fundamentalmente, por que ninguno de los dos acepta el expansionismo y la visión hegemónica de Irán, y menos que posea armas nucleares, sin olvidar que ambos son aliados estratégicos de los EE.UU.

En cuanto al conflicto entre Israel e Irán, ya lo analicé en mi columna del pasado 29 de diciembre, donde consideré que por el momento se desarrollará como un Conflicto Subsidiario como hasta el presente.

En este escenario complejo, la gran potencia, que le disputa el liderazgo mundial a los EE.UU., hablo de China, muy hábilmente ha logrado establecer relaciones sólidas e importantes con los tres actores regionales mencionados, y que se traduce en una estrategia de acercamiento que incluye el intercambio de visitas oficiales de sus mandatarios.

Es por esto, que en mi primer columna del 2022, voy analizar la evolución de las relaciones de China con las tres potencias señaladas, y comenzaré con las relaciones e inversiones chino – israelí.

Iniciando dicho análisis, una de las inversiones llamadas “soft”, pero muy rentable, el Turismo, en el que el flujo de turistas chinos muestra un aumento representativo entre el 2015 y el 2017, duplicándose, y lo mismo ha ocurrido en el período 2018 y 2019, hasta el estallido de la pandemia del Covid 19, pero que representa a ciento de miles de turistas del gigante asiático y que se traduce en millones y millones de dólares.

Ahora, abordaré sectores más sensibles, como son los sectores tecnológico e infraestructuras, donde la participación china en la economía israelí ha constituido un verdadero “boom” a lo largo de las dos primeras décadas del presente siglo, tal como lo representan algo más de 460 Acuerdos de Inversión, fusiones y compras de empresas israelíes por capitales chinos entre el 2002 y el 2020.

Entre el 2014 y el 2018, hubo un aumento constante, tanto en cantidad de inversiones como en volumen en el sector tecnológico, alcanzando su pico más alto, pero a partir de entonces hay una ralentización que puede deberse a los siguientes factores: 1) cambio en las prioridades chinas, por el caso, Beijing ha establecido nuevas restricciones sobre gastos de capital chino en IED y una mayor supervisión del PCCH sobre inversiones y adquisiciones de empresas chinas en el exterior, sumado a una caída de liquidez de capital en el sector financiero y las consiguientes límites a inversiones de capital, 2) los efectos del Covid 19 y 3) un replanteo del gobierno israelí con el establecimiento de una agencia gubernamental para supervisar las IED en Israel, desde enero del 2020, y que incluyen a las inversiones chinas, como consecuencia de las presiones ejercidas por los EE.UU.

Ahora bien, si analizamos los poco más de 460 Acuerdos señalados, 449 de los mismos, por aproximadamente u$s. 9.000 millones, se dirigieron al sector tecnológico y convenidos con empresas privadas chinas, mientras que los restantes miles de millones, de un total de u$s. 19,4 mil millones, se dirigieron al sector de las infraestructuras, donde dominan las empresas estatales de China, por lo que se puede concluir, tomando el período 2002/2020, que el 53% de las inversiones chinas provienen de empresas estatales, mientras un 35% son inversiones privadas y dejando el porcentaje restante, un 12% a inversiones de Fondo de Capital de Riesgo.

Si bien, el porcentaje de IED en el sector tecnológico es menor al del campo de las infraestructuras, esto no debe engañarnos, pues se condice con el Programa Made in China 2025, por el que el gobierno de Beijing le exige a sus empresas de capital privado, a invertir y a la adquisición de tecnologías de punta para fortalecer el sector tecnológico – industrial, e Israel es considerado especialmente por China, como el país de las Empresas Emergentes y líder en sectores como, telecomunicaciones, Internet, impresión digital, biotecnología, sistemas de salud, agricultura, desalinización hídrica, tecnología verde y por supuesto, seguridad.

Pero tal como lo señalé, y más allá de la ralentización de las inversiones de origen chino a partir del 2019/2020 al presente, para Washington, estas son consideradas como un riesgo a su Seguridad Nacional, más si tenemos en cuenta, que de las 449 inversiones chinas en el sector tecnológico, sólo el 43% de las mismas han informado el monto de inversión, por lo cual se especula que la inversión del gigante asiático en tecnologías de punta, como ser software, chips y semiconductores, es significativamente mayor a la que se ha registrado en las bases de datos, y esto se corresponde con el objetivo de China en lograr en esta década la independencia tecnológica y posicionarse así en líder global es dicho campo y en el sector de Inteligencia Artificial.

Ahondando el análisis, las inversiones chinas se las puede dividir en cuatro categorías, 1) las de empresas de propiedad del Estado que incluyen, Fondos de Inversión gubernamentales, es decir Fondos Soberanos, yFondos de Capital de Riesgo que administra el gobierno, por el caso, Shenzhen Capital Group, y donde en general estas inversiones tienen más objetivos socio-políticos que económicos, 2) las de empresas públicas que cotizan en Bolsa,  dentro y fuera de China y en las que el gobierno posee cierta cantidad de acciones, 3) las de empresas privadas de capital privado, que según el Informe 2019, son algo más del 80% de las empresas chinas de propiedad privada, pero que están sujetas a los objetivos del PCCH y en donde es obligatorio que en cada empresa privada debe tener en su directorio un miembro jerárquico del partido y 4) las de Fondos de Capital de Riesgo, fondos de inversión privada, sea empresariales o particulares.

Ahora bien, la ralentización de las inversiones chinas que señalé, a partir del 2019, es una tendencia que está en línea con lo que ha venido sucediendo en la U.E. y en los EE.UU., aunque no así en Latinoamérica y el África, pero de igual manera, las inversiones chinas en Israel son significativas, aún estando detrás de las estadounidenses y de algunos países europeos.

Como contrapartida, y en este marco de nivel de interacción, las actividades e  inversiones israelíes en sectores como, educación, académico y cultural en China han aumentado también significativamente, así podemos señalar, el intercambio estudiantil, programas de nivel académico y turismo.

Se han abierto centros de estudios judaicos y de hebreo en prestigiosas casas de altos estudios como en las Universidades de Nanking, Henon y Shandong, y universidades israelíes expanden su actividad en el gigante asiático, por el caso, la Universidad de Tel Aviv estableció un centro de investigación y desarrollo en la Universidad de Tsingua, o el Technion que desde el 2015 es la segunda institución con un programa independiente en China a través del Instituto de Tecnología de Guangdong.

Por su parte, la Universidad Ben Gurión en el 2016, abrió un centro empresarial en la Universidad de Jilin y la Universidad de Haifa, estableció un campus de ecología, big data, biomedicina y neurobiología, en cuanto al sector turístico, existen viajes aéreos directos de Tel Aviv a Beijing, Shanghai, Canton, Shenzhen, Chengdu y Hong Kong.

En síntesis, más allá de los 2.500 miembros de la comunidad judía residentes en China, las relaciones económicas entre los dos países también han posibilitado una creciente interacción cultural, sin olvidar que la cultura judía ha estado presente en el gigante asiático desde el Siglo XVIII, en Shanghai, Habrin y Hong Kong.

Ahora bien, teniendo en cuenta que la actual administración de Joe Biden no tiene un plan claro ante la escalada del conflicto israelí – iraní, y asimismo afronta varias crisis, tanto en el plano interno como en el internacional, lo cierto es, que las inversiones chinas, tanto para demócratas como para republicanos, y tal como lo señalé, conforman un riesgo a la Seguridad Nacional de los EE.UU., incluso hay sectores de la política estadounidense que cuestionan la lealtad de Israel, pues todo lo relacionado con el campo de la tecnología de 5ta. generación y la inteligencia artificial, son activos estratégicos que moldean las visión geopolítica de Washington como de Beijing en la competencia por el liderazgo mundial.

Finalizando mi columna de hoy, la pregunta que surge es, ¿ si las relaciones e inversiones señaladas entre China e Israel, son un arma de doble filo para el Estado Judío?, pues bien, están quienes consideran que si lo son, como el Gral. Nadov Argaman, cabeza del Shin Bet, tal como lo declaró en una entrevista para el Canal 10 de Israel, ya que tales inversiones están relacionadas con la infraestructura estratégica y grandes empresas de la economía israelí, ejemplos, los nuevos puertos de Haifa y Yaffo, el tren ligero de Tel Aviv o la adquisición de empresas de seguros como Phoenix y Clal, también el ex – jefe de la Comisión de Energía Atómica, Shaul Jorev,  considera que el gobierno debe tomar medidas ante la expansión china en Israel, como apreciamos estos argumentos son expresión de preocupación por el espionaje chino y las actividades en el ciberespacio desplegadas por la telefonía inteligencia, por supuesto hay otros que consideran que está bien que Israel diversifique sus relaciones comerciales y financieras, aunque hay que tener presente las relaciones de China con los otros dos actores, Irán y Arabia Saudita, tema que trataré en la columna del próximo miércoles, mientras recordemos que, “…los Estados no tienen amigos ni enemigos permanentes, sólo intereses permanentes.”.

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