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“Los llevaré sobre alas de águila y los traeré a mi”

El 15 de diciembre de 1948 dio comienzo la ‘Operación Sobre Alas de Águila’, una de las epopeyas más significativas de la inmigración judía al reciente Estado de Israel. Fue la aliá de los judíos yemeníes, el nombre de la operación se extrajo del Libro Éxodo, (XIX, 4): ‘Vosotros visteis lo que hice con los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas y os he traído a mí’. También, esta inmigración es conocida con el nombre de ‘Operación Alfombra Mágica’, que significó la liberación y el traslado de cerca de 50.000 inmigrantes judíos del Yemen.

Los judíos yemeníes formaban una antigua comunidad, totalmente diferente y separada de las comunidades ashkenazíes y sefardíes. Sus orígenes se remontan a los tiempos de la destrucción del Primer Templo, según la tradición judía yemení, ellos son descendientes de la tribu de Judá y cuentan los años de su exilio en el Yemen desde la destrucción del Primer Templo.

Siempre soñaron con volver a la tierra prometida y durante los últimos dos siglos se registraron varias corrientes migratorias hacia Israel. Desde fines del siglo XIX, durante el período del Mandato británico, y en los años de la 2ª. Guerra Mundial, tuvieron lugar oleadas de una inmigración yemení que desempeñó un papel importante en el desarrollo del nuevo yshuv en Eretz Israel. A pesar que las autoridades del Yemen ponían todo tipo de obstáculos para emigrar, los judíos yemeníes soportaron todo tipo de vejámenes y sortearon grande obstáculos en la búsqueda de la ansiada tierra: primero debían arribar al Protectorado Adén, bajo administración británica, continuar un difícil camino a Egipto y luego a Israel.

A partir del 29 de noviembre de 1947, tras la aceptación del Plan de Partición de Palestina de la ONU que legitimó el establecimiento de un Estado judío, estallaron en Aden pogromos en los que agitadores musulmanes mataron en sangrientos enfrentamientos a 82 judíos, destruyendo un gran número de sus casas. En este estado de agitación, a principios de 1948, una falsa acusación de asesinato de dos niñas musulmanas en Yemen motivó el auge de saqueos de los bienes de ciudadanos judíos. La comunidad judía estaba conmocionada y económicamente paralizada, ya que la mayoría de sus tiendas y negocios fueron destruidos.

El Estado de Israel diseñó un plan para la inmigración de Yemen, a partir del 15 de diciembre de 1948 comenzó lentamente el transporte hacia la tierra prometida. El rescate de la comunidad yemenita no fue sencillo, durante esos días se profundizó en el seno del gobierno israelí un duro debate político acerca de la conveniencia en traer a los judíos yemeníes quienes en un gran porcentaje adolecían de graves deficiencias en su salud. El Ministro del Interior, Ytzjak Grinboim, no recomendaba traerlos ya que el desarraigo iba a perjudicar tanto al Estado como a ellos mismos. El alto índice de enfermedades severas, la alta tasa de mortandad infantil, y una cultura que ofrecía limitadas posibilidades de inserción en la nueva sociedad israelí, podían representar una pesada carga para el nuevo estado y conspirar contra su integración. Israel recién salía de una costosa guerra que dejó sus arcas exhaustas y tenía que implementar un duro plan económico de austeridad llamado Tzena. Además, un segmento político importante pensaba que era preferible ocuparse de la inmigración europea, más afín a las necesidades del nuevo estado y postergar el arribo de los orientales yemeníes.

Se enviaron delegaciones de médicos para comprobar el estado de salud de la comunidad que regresaron con duros informes. Uno de ellos, presentado en septiembre de 1949, describía la situación como extremadamente sombría y de un estado crítico de los miembros de la comunidad yemení.

Fue el liderazgo del Primer Ministro David Ben Gurión quien se opuso al diferimiento de esa ‘aliá’ y ordenó: ‘es urgente traer a todos, hasta el último de los yemeníes, los niños mueren como moscas, debemos salvarlos, aquí la mortalidad también es alta, pero aquí hay un tratamiento más eficaz y más confiable’.

Con un profundo sentimiento místico y en un estado de conmoción, los judíos yemeníes comenzaron a empacar lo poco que tenían, caminaron cientos de kilómetros por los desiertos, se confrontaron con piratas de caminos y con tribus hostiles quienes querían robarles lo poco que tenían, muchos pagaron con sus vidas la osadía en buscar la redención. Sufrieron hambre, insolación, fiebre y epidemias, niños y ancianos morían antes de llegar al destino para su traslado.

Como los egipcios habían bloqueado el Canal de Suez, solo se podía llegar a Israel por un único camino, el aéreo. Los judíos de Yemen, en su mayoría, no habían visto nunca un avión, estaban asustados y muchos se negaban a subir. Un rabino los convenció en hacerlo al citar diversos pasajes bíblicos para mostrarles que estarían seguros de subir a los aviones. La Operación fue un éxito, desde el 15 de diciembre de 1948 hasta el año 1956, en un programa que constó de tres fases, se efectuaron 380 vuelos de aviones de transporte desde Aden. Arribó a Israel la inmensa mayoría de los judíos de Yemen, unos 47.000, además, 1500 de Adén, y 500 de Yibuti y Eritrea.

Golda Meir, en sus memorias relata el arribo de los judíos yemeníes: ….’Cada día partían entre 500 y 600 judíos, se había creado un puente aéreo que los traía a Israel. Varias veces fui al aeropuerto de Lod para observar el arribo de los aviones que llegaban de Adén, y siempre quedaba conmovida por el sufrimiento, el coraje, y la fe de los castigados inmigrantes. Una vez le pregunté a un anciano de barba blanca ¿viste alguna vez un avión?, me contestó: no, ¿y no tuviste miedo en volar?, no, y con firmeza expresó, todo está escrito en el Tanaj, en el libro de Isaías ‘y los llevaré sobre alas de águila y los traeré a mi’

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