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La exposición nazi sobre “El Judío Eterno”

El 8 de enero de 1937 se inauguró en la biblioteca del Museo Alemán de Munich la exposición de arte antisemita titulada ‘El Judío Eterno’ (Der Wige Jude) que se extendió hasta el 31 de enero de 1938. La muestra fue la más grande de las exhibiciones antijudías en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, y fue dirigida por Julius Streicher, editor del periódico antisemita Der Stürmer, y Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda.

Desde el mismo momento en que los nazis tomaron el poder, utilizaron eficazmente la propaganda antijudía para obtener de los millones de alemanes el apoyo para perseguir, expulsar y luego exterminar a los judíos. Los estereotipos y las imágenes de los judíos en la propaganda nazi no eran nuevos, el público ya las conocía desde el pasado y estaba familiarizado con ellos, Hitler solo debía recuperarlos de la memoria.

El concepto del ‘Judío Eterno’ con el que se tituló la muesta, provenía de la figura de la tradición eurocristiana medieval acerca del ‘Judío Errante’, que representaba la apostasía del judío en Cristo y el castigo recibido a través del exilio y su carácter errante. Asimismo, el nombre de la muestra denunciaba que las características negativas del judío son eternas, y que la figura del judío moderno y educado que se conocía en Alemania no es más que un disfraz de sus dañinas cualidades, y que nunca cambiarán.

A través de técnicas sofisticadas de publicidad para la época, los nazis diseminaron estos mensajes con éxito por medio del arte, la música, el teatro, la cinematografía, los libros, la radio, los materiales educativos y la prensa. Estos medios le recordaban a los alemanes su obligación de luchar contra la subversión judía, creando una atmósfera de intolerancia y de violencia contra ellos.

En la noche de la inauguración de la exposición, se organizó un evento cultural en el Residenz Theatre, Teatro Residencia de Munich, en el cual se expresaron los temas centrales de la muesta. La crónica de la velada nos relata que en la primera parte, se realizó una representación teatralizada de extractos del tratado antisemita de Martin Lutero, ‘Contra las Judíos y sus mentiras’ (Wider die Juden und ihre Lügen); en la segunda parte se leyeron extractos de otros ensayos antijudíos y en la tercera parte se representaron escenas con el personaje ‘Shylock’, de ‘El mercader de Venecia’ de W. Shakespeare. Además, con motivo de la inauguración de la exposición, se presentó un sello postal especial en honor al evento.

En la entrada a la muestra, la gente se encontraba con un enorme cartel que mostraba una caricatura de un Ostjuden, un judío de Europa del Este, con los conocidos rasgos antisemitas de un judío tradicional, quien vestido con un largo capote, en una mano sostiene monedas de oro y un látigo en la otra, y debajo del brazo porta el mapa de Alemania con el símbolo de la hoz y el martillo en él. El nombre de la exposición, que aparecía en el cartel, estaba escrito con letras similares a la escritura hebrea.

La exposición atrajo a 412,300 visitantes, más de 5,000 personas la visitaron por día. Un informe de la SOPADE (la organización del Partido Socialdemócrata Alemán en el exilio), publicado varias semanas después de la inauguración de la muestra, enfatiza el estupor y la conmoción del visitante. Relata que en la primera sala se muestran grandes modelos de partes de un cuerpo judío y las facciones de su cara en detalle. Luego se muestran fotografías enormes de rostros y gestos raciales típicos. Hay imágenes de figuras políticas como Leon Trotsky y la estrella de cine internacional Charlie Chaplin (que no era judío en absoluto), y que ‘todo se presenta de la manera más repulsiva’. Sala tras sala, todas estaban llenas de textos, extractos, caricaturas, lemas y descripciones de judíos en: la política, la cultura, los negocios, el cine, y otros.

Luego la exposición fue trasladada a Viena, exhibiendose en el vestíbulo principal de la estación de tren del noroeste de la ciudad, por el cual arribaban en el pasado los judíos que venían del Este europeo. Desde Viena la exposición fue llevada a Berlín, y se presentó en la sala más importante del Reichstag.

La incitación al odio de la muestra dio los resultados esperados, los informes policiales indican que hubo un aumento de expresiones antisemitas en relación directa con la muestra, y que había crecido la violencia contra la comunidad judía en todas aquellas ciudades donde la muestra se presentó.

En 1924, Adolf Hitler escribió que la tarea de la propaganda no consiste en hacer un estudio objetivo de la verdad, en la medida en que ésta favorece al enemigo para luego ser expuesta ante las masas; la tarea de la propaganda, decía Hitler, es servir a nuestro propio derecho, siempre, y de manera inmutable. La exposición nazi sobre ‘El Judìo Eterno’ respondió perfectamente a este postulado.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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