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Castillo: Hasta que la dolencia tenga diagnóstico

León Trahtemberg
Cuando uno tiene una dolencia de diagnóstico desconocido, hasta que el médico no termine los análisis y de dar un diagnóstico, el común de las personas piensa lo peor: que tiene cáncer, que se va a morir o quedar discapacitado, las embarazadas piensan que su bebé no sobrevivirá o nacerá con alguna condición complicada, etc. El problema no es la dolencia, es la falta de información que crea el vacío mental que usualmente se llena con los fantasmas más aterradores.
Algo parecido le pasa a buena parte de los peruanos frente al actual presidente Pedro Castillo. Primero, porque el uso en campaña de palabras como marxismo, leninismo, mariateguismo, comunismo produjeron una inmediata asociación con las inviables Venezuela o Cuba, de cuyos males económicos y atropellos a los derechos cívicos y sociales los peruanos están muy bien informados.
Segundo, porque al concluir su discurso mencionando la asamblea constituyente y el cambio de constitución, aunque agregando esta vez que lo haría por los causes constitucionales y pasando por el propio congreso, abrió nuevamente un vacío de información respecto a qué cambiaría en las reglas de juego constitucionales. En tanto no haya una versión de cuáles serían los cambios se pensará lo peor imaginando los males que han vivido los países vecinos que han pasado por trances similares. Si bien era de esperarse que diga algo respecto a ese tema que fue crucial en la campaña, la manera como concluyó sus palabras colocando tanto peso en esa propuesta opacó todo el resto de su discurso que en realidad no tuvo mayor tono confrontacional ni amenazante para la continuidad política y económica del país.
Tercero, porque la demora en definir quiénes serán sus aliados, quién su primer ministro y quiénes sus ministros mantienen innecesariamente la tensión nerviosa de la población. La negativa a ser parte de una mesa directiva plural en el congreso poniendo como condición no negociable la presidencia fue una oportunidad perdida en términos de inclusión política. Y si bien una vez conocidos los nombres de los ministros la población los asimilará y vivirá con ellos, el efecto de alivio o irritación que cause marcará el tono de las relaciones con el congreso, los medios y los sectores económicos desde el 30 de julio. Nombres que generen alivio le darán una luna de miel política por un par de semanas o meses y un espacio de relativa tranquilidad para desplegar sus propuestas. Nombres que generen alarma producirán una confrontación inmediata con el congreso y en vez de descomprimir, mantendrá muy activa a la población que ya se manifestó en contra de Castillo de diversas maneras. El juego de anuncios extremos a través de Cerrón (comunismo, ignorar al congreso, nacionalizar) para que la población “aliviada” acepte cambios menos extremos aunque en la misma dirección, tiene sus límites.
En ese escenario, cada cosa que diga o haga Pedro Castillo o sus ministros producirá inmediatas objeciones que podrían ahogar al gobierno, que hostigado podría tener la pretensión de salirse del cauce democrático. Eso, en el largo plazo, en estas épocas, no tiene como terminar bien para Castillo y sus allegados. Varios expresidentes y ministros peruanos y latinoamericanos que en algún momento fueron todo poderosos gobernantes y que ahora tienen carcelería y/o limitaciones a su libertad son el espejo en el que deben mirarse.
Los peruanos necesitamos la mayor tranquilidad posible para terminar con la pandemia, retornar a la plenitud de nuestras actividades y hacer crecer al Perú para beneficio de todos. Ojalá ese sea el norte que guíe las decisiones del Presidente Castillo. En 48 horas seremos más inteligentes.
Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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