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El Libro Blanco de 1939

Yehuda Krell

El 17 de mayo de 1939 fue publicado en Gran Bretaña el 3er. Libro Blanco, aprobado por la Cámara de Representantes y cuyo nombre oficial era ‘Declaración de Política Palestina’. El texto, también conocido como el Libro Blanco de McDonald, por ser el ministro colonial británico, tenía el propósito de establecer un Estado para todos los residentes, judíos y árabes, y restringir severamente la inmigración de judíos y la compra de tierras en Eretz Israel.

Había concluido la sangrienta Rebelión Árabe de 1936 a 1939, y tras el fracaso de la Conferencia de la Mesa Redonda entre árabes, judíos y británicos, Gran Bretaña decidió alejarse definitivamente de sus compromisos asumidos por la Declaración Balfour y de la propuesta de una partición territorial recomendada por la Comisión Peel en 1937. En su lugar decidió explícitamente adoptar una postura proárabe y publicar un nuevo Libro Blanco que significaba para el yshuv un programa demoledor para sus aspiraciones nacionales y era visto como una traición de los británicos.

El primer punto saliente del Libro Blanco sostenía que la Tierra de Israel no puede pertenecer a árabes o judíos, por lo tanto, en Palestina se establecerá un estado binacional dentro de los diez años posteriores a la publicación del Libro para los residentes árabes y judíos de la Tierra. Ambas comunidades compartirán el gobierno de tal manera que se preservarán los intereses vitales de ambas partes, y el establecimiento del estado estará condicionado a la aprobación de la Liga de Naciones.

El segundo punto definía la cuota de la inmigración judía, en los próximos cinco años ésta será de 75.000 personas, se permitirá la inmigración de diez mil judíos cada año, y para resolver el problema de los refugiados judíos, se autorizará la inmigración de 25.000 en carácter de refugiados, hasta llegar a un total de 75.000. Luego, no se permitirá más la inmigración judía, a menos que los árabes estén de acuerdo. De acuerdo con las restricciones migratorias impuestas, en el estado propuesto, los árabes constituirán dos tercios de la población y los judíos solo un tercio.

Finalmente el documento fijaba la compra de tierras por parte de judíos, esta se limitará hasta el 5% del área total de Israel. El 95% de la tierra de Eretz Israel no se pondrá a la venta a judíos, ya de que los árabes tienen un crecimiento demográfico rápido y por lo tanto mayores necesidades.

Desde el punto de vista del Gobierno británico, el Libro Blanco no constituía una derogación de la Declaración Balfour, sino simplemente una aclaración del significado de expresiones ambiguas que aparecían en el mismo, como la de ‘hogar nacional’, y por lo tanto no existía un giro político.

La comunidad árabe también se opuso al ‘Libro Blanco’, exigía el cese total de los permisos de inmigración de Europa, la derogación lisa y llana de la Declaración Balfour y las decisiones de la Conferencia de San Remo sobre Israel como el hogar nacional del pueblo judío. El Mufti de Jerusalén, Amin al-Husseini, rechazó el libro porque no concedía a los árabes su propio estado.

Para los líderes del movimiento sionista el Libro Blanco no sólo representaba una derogación real de la Declaración Balfour, sino una negación por parte de Gran Bretaña de sus promesas. En la comunidad judía, el documento se había ganado los apodos más despectivos como el de ‘Libro Negro’. El yshuv reaccionó declarando una huelga general en todo el país y se realizaron manifestaciones y marchas de protesta en las grandes ciudades. Desafiando el Libro Blanco, en mayo se establecieron 12 nuevos asentamientos judíos en Eretz Israel a pesar de la prohibición.

Es necesario comprender la dimensión y el impacto que produjo la prohibición a la inmigración judía, esta llegaba en un momento de extrema gravedad para las comunidades judías europeas víctimas del nazismo. En Europa residían alrededor de 9 millones de judíos y solo se permitía el ingreso a la Tierra de Israel de 75.000, en un plazo de 5 años.

Eran circunstancias dramáticas, la mayoría de los países del mundo cerraban sus puertas a los desplazados y refugiados judíos, dejándolos a la deriva y sin amparo, como lo demostró la Conferencia de Evián. A los pocos meses, con el inicio de la guerra, de una manera cínica e hipócrita los británicos ni siquiera permitieron el ingreso a Palestina de niños judíos que huían del nazismo, a otros refugiados se los envió a la isla de Mauricio, en el océano Índico.

Para el yshuv fue un desafío enorme, era imposible quedarse de brazos cruzados, debía tomar el destino en sus manos, y a pesar de la prohibición era necesario desarrollar un sistema de inmigración ilegal y solidificar una organización militar. Sin embargo, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, tanto la Haganá como el Irgún decidieron detener las operaciones contra los británicos, colaborar con ellos, y de forma paralela dedicar sus esfuerzos para el asentamiento judío y las operaciones ilegales de aliá. Ben-Gurion definió entonces la política a seguir: ‘Deberemos luchar junto a Inglaterra en esta guerra, como si el Libro Blanco no existiera, y lucharemos contra el Libro Blanco como si no hubiera guerra’.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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