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Por qué el movimiento de protesta contra Putin divide a los judíos rusos

Lucy Shteyn tiene solo 24 años, pero ya sabe de primera mano lo que le espera a los crítico del presidente Vladimir Putin en su Rusia natal.

En 2018, un año después de que Shteyn, una activista judía por los derechos de los homosexuales y destacada activista de la oposición, fuera elegida para el concejo municipal de Moscú, los piratas informáticos ingresaron a su teléfono celular y computadora. Publicaron muchas de sus fotografías personales y correspondencia en línea.

Una de las imágenes era de un conocido crítico de cine, casada, durmiendo en su cama. Moskovskaya Gazeta, un tabloide que publicó las imágenes, etiquetó a Shteyn como “un cazador de hombres casados” que vive una vida llena de “drogas y techno”. En foros ultranacionalistas, usuarios anónimos la llamaron “puta judía” y publicaron fotos de Auschwitz con su nombre como hashtag.

El hackeo contra Shteyn, una ex periodista de Radio Liberty, no fue el primero de su tipo ni el más peligroso. En 2019, la activista por los derechos de los homosexuales Yelena Grigoriyeva fue asesinada en San Petersburgo poco después de que se filtraran sus datos personales y apareciera en la lista de blancos de un grupo homofóbico.

Pero esto ha hecho poco para aplacar a Shteyn. Ha enfurecido a los partidarios de las políticas anti-gay de Putin al publicar fotos de ella misma besando a otra mujer. En un homenaje a la banda de protesta punk Pussy Riot , Shteyn también ha hecho moldes de yeso de sus pechos y los ha colocado en edificios históricos.

El 23 de enero, Shteyn fue arrestada en Moscú durante una manifestación en apoyo de Alexey Navalny, el ex empresario convertido en político que ha presentado el desafío más serio hasta el momento a los 20 años de poder de Putin. Después de que Navalny fuera envenenado en Rusia con gas el año pasado, fue tratado en Alemania antes de regresar el mes pasado a Rusia para enfrentar un juicio que, según dijo, fue manipulado. Fue arrestado a su regreso y sentenciado a dos años y medio de prisión por cargos de corrupción que, según él, son falsos.

En respuesta, miles de rusos han salido a las calles desde fines de enero para protestar contra el gobierno de Putin en el mayor movimiento de este tipo desde 2019.Las autoridades han arrestado a cientos de manifestantes, y el perfil relativamente alto de Shteyn puede haberla marcado para más acciones legales.

El 27 de enero, la policía irrumpió en su casa y confiscó su computadora, informó el sitio de noticias 24SMI. Según la información recopilada, el Tribunal de Distrito de Basmanny de Moscú el lunes colocó a Shteyn bajo arresto domiciliario hasta el 23 de marzo, en espera de un juicio por incitación a la violación de las normas sanitarias y epidemiológicas. Podría pasar años en la cárcel si la declaran culpable.

Shteyn está lejos de ser la única judía en el entorno de Navalny.

Leonid Volkov y Maksim Kats, dos personas de hogares judíos conocedoras de tecnología, tuvieron papeles clave en la infructuosa candidatura de 2013 de Navalny para ser elegido alcalde de Moscú.

“Los rusos de hoy viven en una sociedad orwelliana, donde una enorme máquina de propaganda le enseña a la gente que dos más dos son cinco, y hay que ser muy valiente para contradecir esto”, dijo Volkov, a la revista Mishpacha el mes pasado. Volkov abandonó Rusia en 2014.

Pero las dos principales organizaciones comunales judías de Rusia, la Chabad – affiliated Federation of Jewish Communities in Rusia, o FJCR, y el non- Chabad Russian Jewish Congress, han permanecido en silencio sobre los disturbios.

Ven a Putin como una fuerza amiga para los judíos rusos, un líder que ha permitido que sus comunidades prosperen. Argumentan que ha facilitado su crecimiento a través de tierras donadas por el gobierno para sinagogas y la aplicación constante de las leyes antidiscriminatorias de Rusia contra los perpetradores de crímenes de odio antisemitas.

En 2015, un líder del FJCR, Alexander Boroda, habló con franqueza sobre las razones del apoyo de su grupo a Putin.

“Los judíos de Rusia deben darse cuenta de los peligros inherentes al posible colapso del gobierno de Putin, comprender las reglas del juego y ser conscientes de las limitaciones”, dijo en una conferencia del grupo de judío de estudio Limmud FSU.

“En Rusia, existe una libertad de religión prácticamente ilimitada y la comunidad judía debe garantizar que esta situación continúe”, agregó Boroda. “El apoyo a las instituciones religiosas es más amplio que en los Estados Unidos y la defensa de los judíos contra las manifestaciones de antisemitismo es mayor que en otros países europeos. No podemos perder el privilegio que hemos logrado y el apoyo del gobierno para la comunidad”.

El trato del gobierno de Putin a las comunidades LGBTQ y musulmana ha sido decididamente diferente.

En 2013, Rusia prohibió la “propaganda gay entre menores” en medio de una ola de retórica homofóbica en la televisión estatal que coincidió con un aumento de incidentes violentos, algunos de ellos mortales. La mayoría de esos crímenes han quedado sin resolver, según el organismo de control de derechos humanos de SOVA.

El gobierno ruso también ha intensificado su represión de larga data contra lo que llama el Islam radical, encarcelando a clérigos sospechosos de incitación extremista, negándoles recursos legales y supuestamente torturando a algunos de ellos.

En lo que respecta a la tolerancia de las minorías, el historial de Navalny no está exento de defectos. En 2007 fue expulsado del partido liberal Yabloko, que fue fundado por el economista judío Grigory Yavlinsky, por asistir a un evento de extrema derecha llamado la “Marcha rusa”. Fue una de las muchas expresiones de xenofobia provocadas por la inmigración a Moscú de millones de musulmanes de partes del Asia central rusa.

En un video de YouTube de ese año destinado a reforzar la carrera política de Navalny, Navalny retrata a un especialista en control de plagas dando consejos sobre cómo exterminar a los inmigrantes de Asia Central, a quienes llama moscas y cucarachas. La parodia termina con él

disparando a un hombre vestido con atuendos tradicionales musulmanes, que incluyen una túnica negra y keffiyeh.

Mientras buscaba ampliar su base, Navalny se alejó gradualmente de ese patrioterismo, pero su coqueteo con él no le ha ayudado a ganarse la confianza de los líderes de las minorías étnicas en Rusia, que es el hogar de unos 200.000 judíos.

A medida que Putin refuerza su control sobre los medios rusos, los tribunales y lo poco que queda de libertad de expresión online, decenas de miles de judíos rusos se van. Además del ataque de Putin a la democracia, una recesión está devastando la economía rusa. Tras una caída en los precios del petróleo, el rublo ruso ahora vale la mitad de su valor de 2014 frente al dólar.

Desde 2015, alrededor de 60.000 ciudadanos rusos han arribado solo a Israel bajo su Ley de Retorno para judíos y sus familiares. En toda la década anterior a 2015, solo habían venido 36.784 judíos rusos.

“El noventa por ciento de los rusos realmente aman a Putin. Lo admiran, creen que está haciendo lo correcto, centrándose en odiar a las minorías y a los homosexuales”, dijo a JTA uno de los recién llegados, un especialista en marketing llamado Dima Eygenson, en 2019“ El otro 10 por ciento, al que pertenezco, no se siente libre de decir que pensamos sobre esto”.

 

Por Cnaan Liphshiz

Fuente : JTA

Traducción de Alicia Weiss para Radio Jai

Permitida su reproducción citando las fuentes.

 

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