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La democracia como blanco de las manifestaciones de las extremas derechas e izquierdas, la España de hoy

En la columna del miércoles pasado abordé la otra cara del extremismo racial en los EE.UU., el terrorismo negro, como una forma de hacer evidente que el odio es un común denominador en las ideologías radicales, sea el nazismo, el comunismo o el yihadismo, todas ellas no aceptan al otro, no conciben el disenso y la democracia sucumbe ante el totalitarismo que buscan imponer, y siempre conlleva la comisión de actos brutales y crímenes de lesa humanidad.

 

En Julio de este año, se cumplirán 85 del inicio de la Guerra Civil Española, un conflicto que no sólo enfrentó a republicanos y a nacionalistas, también involucró la lucha de clases y la intolerancia religiosa,  sino que fue el choque de dos ideologías, el fascismo y el comunismo, y contó con la participación de otros actores, estatales, que no sólo internacionalizaron el conflicto, sino que también lo utilizaron como laboratorio para probar armas, tácticas y estrategias, muchas de ellas luego aplicadas en la 2ª Guerra Mundial, me refiero a la Italia de Mussolini y la Alemania Nazi por un lado y por otro la URSS de Stalin.

 

Como toda guerra civil, una de las tragedias más difícil de superar es el enfrentamiento de hermanos contra hermanos, familias divididas y la sin razón que lleva a actuar de manera deshumanizada, una herida que tarda en cicatrizar si es que lo puede hacer pese a las generaciones sobrevivientes.

 

Tras casi tres años de guerra, el 1 de Abril de 1939 con el último parte de guerra expedido por el General Francisco Franco, líder del bando Nacional, que declaró la victoria del bloque fascista, se dio fin a la sangrienta contienda y abrió paso al régimen autoritario franquista, una dictadura que se prolongó hasta Noviembre de 1975.

 

Las víctimas de la guerra civil se calcula en algo más de 500.000, aunque algunas fuentes elevan ese número a cerca del millón, pero lo cierto es que muchas de esas muertes no fueron consecuencia de combates sino de fusilamientos, decapitaciones y otras ejecuciones sumarias, actos cometidos por ambos bandos, por el lado nacionalista o falangista, fue prácticamente sistemática y tuvo como objetivos a sindicalistas, políticos de izquierda y los intelectuales que simpatizaban o eran parte de la República, como fue el caso del notable poeta y dramaturgo Federico García Lorca, ejecutado el 18 de agosto de 1936 en las afueras de Granada, y por el lado republicano, los crímenes se llevaron a cabo en forma descontrolada y tuvieron como víctimas también políticos de derecha y miembros de la Iglesia Católica, incluida la destrucción de iglesias y conventos, pero lo cierto es que España quedó en ruinas y sangrante.

Con la victoria de los falangistas e instaurado el régimen de Franco, la persecución no cesó y bajo el slogan “Borrar con la España Roja”, lo que llevó a muchos a la cárcel, a otros a la muerte y los más afortunados, al exilio, y cualquier referencia a democracia, república, socialismo o marxismo estaba totalmente prohibido.

 

La salida de España de los republicanos o simplemente de aquellos que se opusieron al golpe de estado de Franco y a la ideología fascista, se produjo en tres oleadas, la primera fue para mediados de 1937, la segunda tras la caída de Barcelona a principios de 1939 y la tercera tras la victoria del franquismo, de las tres la más significativa fue la segunda, algo más de 400.000 personas cruzaron la frontera norte hacia Francia, donde muchos fueron hacinados en campos de refugiados con deficientes condiciones humanitarias, las otras oleadas buscaron como destino América Latina y menor proporción los EE.UU., y muchos de los emigrados eran intelectuales y profesionales, lo que se puede traducir en una sensible pérdida del capital humano español.

 

Ahora bien, al estallar la 2ª Guerra Mundial, la España de Franco mantuvo a nivel de las relaciones internacionales, una neutralidad acomodaticia, lo que no impidió que miles de españoles fascistas se enrolaran en el ejercito alemán, constituyendo la Brigada Azul, que en cierto modo era una manera de retribuir el apoyo que el régimen nazi había dispensado al bando franquista durante la guerra civil, como fue la Legión Cóndor, una iniciativa de Hermann Goering para comprobar el poderío de reconstituida Luftwaffe.

 

Por su parte, también durante el conflicto mundial, muchos de los exiliados del bando republicano, en particular ex militantes de la izquierda española, combatieron a la maquinaria nazi enrolándose en el bando aliado, en particular en las fuerzas armadas de la URSS, como la III División de las Milicias de Voluntarios de Leningrado.

 

Con el final de la última guerra mundial, las visiones antagónicas entre los bloques Occidental y Oriental, liderados el primero por los EE.UU. y el segundo por la URSS., dieron paso a la Guerra Fría, en ese contexto, la España de Franco se alineó al bloque Occidental, y tras la creación de la OTAN, en suelo español se asentaron bases áreas estadounidenses, y si bien los crímenes del franquismo durante y después de la guerra civil tuvieron amplia difusión, tanto por intelectuales como el escritor Ernest Hemingway con su libro Por quién doblan las campanas, de 1940, una narrativa desde adentro de la guerra civil en oportunidad que cubrió el conflicto como corresponsal, o el caso de Pablo Picasso y esa obra pictórica testimonial Guernica, pintado en París en 1937 y luego comprado por el estado español en 1987 y que hoy se exhibe en el Museo Reina Sofía, Madrid, y por supuesto una serie de historiadores como los británicos Paul Preston, Ian Gibson o Raymond Carr, que han analizado y escrito sobre la España contemporánea de manera objetiva, pues en el ámbito hispano, las aguas se dividen por quién toman una posición pro república o pro franquista, pero en general y será por lo autoritario del régimen de Francisco Franco, se conocen más los crímenes y persecuciones cometidos por los falangistas que los llevados a cabo por los republicanos.

 

Y el motivo por el cual hoy me llevó a abordar este tema, es que en la semana pasada se dieron dos eventos que tuvieron como protagonistas a una joven de apenas 18 años y a un músico rapero de treinta y tantos, cada uno enarbolando las banderas del odio, el revanchismo, la venganza y la intolerancia.

 

Isabel Medina Peralta, es una joven española que estudia en la Universidad Complutense de Madrid, justamente la carrera de Historia, es hija de Juan Manuel Medina, un concejal en la región de Toledo del Partido Popular – la derecha española- pero que anteriormente estuvo enrolado en la Falange Española, ahora su hija es miembro de la resucitada Sección Femenina de la Falange y se ganó el apodo de la Musa de esa agrupación fascista tras el discurso que diera  vistiendo la camisa azul de la Falange el 13 del actual en el acto llevado a cabo en el cementerio de Almudena, Madrid, en oportunidad de celebrarse los 78 años de la muerte de 2000 soldados españoles de la División Azul, que como lo señalé, formó parte de la maquinaria militar del Tercer Reich.

 

En sus declaraciones no sólo reivindico el ideario fascista del franquismo contra toda expresión de extrema izquierda y de la más moderada conocida hoy como Progresismo, sino que fue más lejos aún, expresando su antisemitismo al decir, “…es nuestra suprema obligación luchar por España y por una Europa ahora débil y liquidada por el enemigo, el enemigo que va a ser siempre el mismo, aunque con distintas máscaras, EL JUDÍO…”

 

Obviamente por sus dichos y su actitud, incluido el saludo nazi final con el brazo derecho en alto,  no pasó desapercibida y la Sección de Delitos de Odio de la Fiscalía de Madrid ha iniciado las actuaciones judiciales del caso, mientras que Federación de Comunidades Judías de España ha iniciado acciones legales al igual que la ONG ACOM – Acción y Comunicación sobre Oriente Medio- y con respecto a la responsabilidad de las autoridades municipales, la Delegación de Gobierno de Madrid, que autorizaron el acto, han ordenado la intervención de la Policía Nacional, pero más allá de lo que ocurra con esta joven, es evidente que el Huevo de la Serpiente esta insertado en una parte de la sociedad española, que no sólo añora al Caudillo sino lo peor, rechaza la democracia, la tolerancia y el disenso.

 

Ahora vayamos al otro extremo, al caso de Pablo Rivadulla Duró, más conocido por Pablo Hasél, un rapero catalán, de 33 años, que inició su carrera artística en el 2005, en los espacios underground e incursionando el rap político, que en el caso de este personaje, su repertorio se corresponde con los grupos de la izquierda más virulenta.

 

En el 2014 fue enjuiciado y condenado a dos años de prisión por el delito de Enaltecimiento del Terrorismo, lo que sería en nuestro marco legal la figura de Apología del Delito, en este caso Terrorismo, y que quedó claramente probado en las letras de alguna de sus canciones, sin embargo, por no tener antecedentes la condena quedó en suspenso, pero ya en el 2020 fue condenado a 6 meses de prisión por rociar en el rostro con un líquido limpiador y agredir físicamente a un periodista, como si no fuera poco, se le sumo otra causa judicial y la consiguiente condena a dos años y medio de cárcel por agredir a un testigo en un juicio que se llevaba contra un agente de la guardia urbana.

 

La canción que enaltece el Terrorismo tiene por título “Democracia, la puta madre” y en su letra ensalza la figura de Manuel Pérez Martínez, alias Camarada Arena, líder del grupo terrorista GRAPO, nacido en Vigo a mediados de los años 70 y no sólo considerada por el gobierno español organización terrorista, sino también por la U.E., y el objetivo del grupo es la instauración de una república socialista y popular.

 

Otras letras, tanto de sus canciones como de escritos de Hasél atacan con virulencia e instando incluso a la violencia, a la monarquía española, una tema que tiene dividida no sólo a la sociedad sino también a la comunidad jurídica, puesto que plantea hasta donde llega el ejercicio del derecho de libertad de expresión, y es por eso que en estos últimos días al ser llevado a cumplir una pena de 9 meses de prisión efectiva, se han producido numerosas manifestaciones de agrupaciones de izquierda exigiendo la libertad del rapero.

 

Ahora bien, la izquierda española, tanto los grupos más radicales como los que se declaran como progresistas, que acusan a las autoridades de fascistas, parecen olvidar algunos de los crímenes y aberraciones cometidas por los republicanos durante la guerra civil, por el caso enumeraré las siguientes: antes del alzamiento de Franco en Julio de 1936, el sindicalista marxista Largo Caballero, en Enero de ese año lanzó dos nefastas declaraciones, “…quiero decirle a la derecha que si triunfan, vamos a la guerra civil…” y “…la democracia es incompatible con el socialismo…”, la primera en Alicante y la segunda en Linares, también la existencia de campos de concentración en Alcalá de Henares, cercano a Madrid, en Concabella, Cataluña, en Baracuellos del Jarama, municipio de Madrid, y la utilización de hornos crematorios que supervisaba el comunista José Castelo Pacheco,  o los Trenes de la Muerte de Jaen, o las quemas de bibliotecas, como la De la Flor con sus 80.000 libros o la del Instituto Católico de Artes e Industrias con 20.000 volúmenes, algunos ejemplares y obras únicas en España, a lo que se pueden sumar el incendio de casi 4.000 edificios, entre ellos, muchas iglesias católicas, donde quizás el hecho más atroz ocurrió el 19 de Julio de 1936 en Badajoz, cuando encerraron en la iglesia de la Maimona a todos los que profesaban  el catolicismo y a opositores políticos y luego la incendiaron con los inocentes dentro, y muchos de estos eventos fueron protagonizados por una tropa de choque, algo semejante a las SA nazis, La Guardia de Asalto de la República, que también asesinó al líder opositor Calvo Sotelo y luego durante su entierro dispararon contra la multitud presente, sin olvidar que en tiempos de la república se sancionó la Ley de Confesiones que era dirigida contra la Iglesia Católica, en fin, habría más para agregar pero me parece suficiente para demostrar que el salvajismo, la intolerancia y los crímenes de lesa humanidad fueron ejercidos por ambos bandos, Nacionalista o Falangistas y Republicanos o Izquierdistas, algo que en particular las actuales generaciones que conforman el Progresismo español parecen ignorar o hipócritamente ejercer la doble moral, como ha quedado plasmado en la no ratificación por parte del PSOE, de la Resolución 1481 del Consejo Europeo que declara la necesidad internacional de condena de los crímenes de regímenes totalitarios.

 

En fin, sea la Musa del Falangismo, Isabel Medina Peralta con su discurso de odio y antisemitismo y declarada defensora del nacionalsocialismo, o sea el rapero Pablo Hasél con su prédica violenta contra la democracia y su apología al terrorismo, son el mejor ejemplo de cómo los extremos, de derecha o de izquierda, las ideologías radicales y fundamentalistas coinciden en negarnos la democracia, el consenso, la tolerancia y el reconocer y respetar al otro, tal como ayer, pero hace 40 años, un grupo de militares y guardias civiles llevaron a cabo un frustrado golpe de Estado, por eso para finalizar mi columna de hoy me parece apropiada una frase del notable filósofo español José Ortega y Gasset, “…el pasado no nos dirá que debemos hacer, pero sí lo que deberíamos evitar…”.

*Luis Fuensalida es especialista en asuntos internacionales. Fue Comisario Inspector y Jefe de Departamento Interpol de la Policía Federal Argentina.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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