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A 25 años del asesinato de Ytzjak Rabin

El pasado día jueves, 12 de Jeshvan del calendario hebreo, efemérides de recordación y luto en Israel por el asesinato de Ytzjak Rabin, dieron inicio una serie de homenajes a la figura del ex Primer Ministro. De la serie de actos sobresalieron el realizado en la Kneset con el discurso del actual Primer Ministro Benjamín Netanyahu, y las palabras del Presidente de Israel, Reuven Rivlin, desde la residencia presidencial.

Netanyahu calificó el magnicidio como una tragedia nacional llevada a cabo por fanáticos que decidieron hacer justicia por mano propia, y que tales actos jamás sustituirán la decisión del pueblo de expresarse en las urnas. El presidente Rivlin recordó que el asesinato de Rabin fue un crimen político, manifestó que el despreciable asesino creyó tener la legitimidad para eliminar la existencia de un desacuerdo político agudo y profundo; y si bien, él mismo se encontraba en el lado opuesto al plan de Rabin, jamás pensó que esa disputa ideológica se transformaría en un horroroso crimen.

Es importante recordar que Ytzjak Rabin fue víctima de la incitación a la violencia de líderes políticos que pregonaban la división y el odio. Él fue uno de los artífices claves en los Acuerdos de Oslo y fue asesinado en un multitudinario acto por la paz en la Plaza de los Reyes en Tel Aviv, lugar que hoy lleva su nombre.

El líder fue asesinado a tiros por Ygal Amir, un joven judío ortodoxo radical de extrema derecha que se oponía al plan de entrega de territorios a los palestinos a cambio de la paz. Pertenecía a una secta fanática llamada ‘Irgún Yehudí Nokem’ (Organización Judía Vengadora), que al ser apresado por la policía declaró que estaba ‘satisfecho’ con su acción y manifestó su convicción de que con ella estaba ‘salvando a Israel’.

Su testimonio se pareció a una acción de ‘Pulsa Denura’, una expresión en arameo del Talmud por la que se invoca a los ángeles de la destrucción a la aniquilación de los enemigos de Israel. Si bien la Torá no permite este tipo de prácticas, es importante señalar que en el misticismo de la Cabalá esta acción surge como último recurso cuando todas las posibilidades de justicia de alcance humano están agotadas. Por lo tanto, se le pide a Dios que juzgue y castigue al individuo catalogado de malvado y peligroso para el pueblo judío. El magnicida Amir asumió esa misión.

En el año 1992 Rabin comenzaba una nueva cadencia como Premier del gobierno israelí, allí mostró que había modificado sus anteriores ideas sobre el conflicto israelí-palestino, pasó de tener una concepción militarista a ser el promotor de las negociaciones en procura de la paz. Sostenía que Israel debía: tener fronteras seguras, normalizar las relaciones con los vecinos y lograr la aceptación de la comunidad internacional. Sus esfuerzos de paz en el Medio Oriente chocaban con la oposición de los grupos radicales israelíes y palestinos, quienes obstaculizaban los Acuerdos de Oslo con violentas acciones terroristas y sangrientos atentados suicidas.

Sin embargo, logró firmar con Yaser Arafat un histórico acuerdo de autonomía de Gaza y Jericó, y consiguió la paz con Jordania, por las que recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz junto a Shimón Peres y Yaser Arafat.

En 1995, debido a la prédica del extremismo nacionalista y del fundamentalismo religioso, el ambiente político en Israel se tornó explosivo. Rabin fue acusado de ‘traidor’, su imagen fue caricaturizada con un uniforme nazi y con rasgos hitlerianos. En sus discursos, conspicuos políticos incitaban a la violencia, y en cenáculos ultranacionalistas y ortodoxos se apostaba a su muerte.

El asesinato de Rabin provocó una gran conmoción en la nación israelí. Tras el crimen del Primer Ministro se intentó unir a los diferentes sectores que componen la sociedad y se pensó que su sacrificio, con el tiempo, serviría para cerrar las brechas políticas internas. Pero lamentablemente, con los años, la división y la diatriba política se profundizaron y la definición de ‘traidor’ al que piensa diferente se convirtió nuevamente en un arma utilizada por los políticos.

Yitzhak Rabin fue un modelo a seguir, y hoy es un desafío no olvidar cómo un verdadero héroe de Israel se convirtió en un blanco fácil para los extremistas. A 25 años del asesinato, algunos de los instigadores de entonces se han convertido en los líderes de la nación que intentan distorsionar lo sucedido, además de crear nuevas leyes que les otorguen inmunidad frente a los procesos judiciales de soborno, fraude y abuso de confianza que pesan sobre ellos.
Cuentan las crónicas que después del asesinato, una muchedumbre se hizo presente frente a la casa de Rabin para confortar a su mujer Lea y en apoyo a la familia. En un momento dado, Lea se acercó a los manifestantes para agradecerles su presencia y con amor les dijo: ‘Qué bueno que han venido; es una pena que no lo hayan hecho antes’. A 25 años de su trágica muerte, Ihié Zijró Baruj.

Por el profesor Yehuda Krell
Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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1 Comentario

  • Ricardo Lapin
    Ricardo Lapin

    Hay un intento de manipular información para no ensuciarse las manos frente al actual jefe de gobierno: decir que “De la serie de actos sobresalieron el realizado en la Kneset con el discurso del actual Primer Ministro Benjamín Netanyahu” y recordar que ,”Netanyahu calificó el magnicidio como una tragedia nacional llevada a cabo por fanáticos que decidieron hacer justicia por mano propia, y que tales actos jamás sustituirán la decisión del pueblo de expresarse en las urnas.” pero después agregar que “Es importante recordar que Ytzjak Rabin fue víctima de la incitación a la violencia de líderes políticos que pregonaban la división y el odio” , olvida decir lo más importante: el actual Primer Ministro Benjamín Netanyahu incitó al odio contra Rabin, estuvo presente y sonriente en el palco de los discursos en Kikar Zion de Jerusalén con un público ultranacionalista, mirando pancartas con fotomontajes de Rabin en uniforme nazi y un ataúd negro con consignas contra Rabin en el público. Netaniahu no criticó a esos manifestantes sino que los alentó de facto con su presencia y aceptación de esas expresiones de violencia, odio y extremismo. Lo que ha sobresalido en el discurso en la Kneset es la hipocresía de quien avaló el crimen político y luego se benefició . Como esta escrito “Haratzajta vegam Iarashta”.

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