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Ni consejos ni derechos ni humanos

Ser miembro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas implica «ser responsable de promover el respeto universal por la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de todas las personas, sin distinción de ningún tipo y de una manera justa y equitativa». Este es el principio fundacional contemplado en la resolución del 15 de marzo de 2006, sobre el que fue creado el Consejo de Derechos Humanos, que actualmente está conformado por 47 países (ocho de ellos de América Latina y Caribe).

Es imprescindible recordar que antes existía la Comisión de Derechos Humanos que fue una comisión del Consejo Económico y Social (ECOSOC) y asistía en funciones a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Fue creada el 12 de agosto de 1947 por resolución del ECOSOC, y reemplazada en 2006 por el actual Consejo de Derechos Humanos porque se argumentaba por parte de Europa y Estados Unidos que esa Comisión sólo protegía dictaduras y estaba lejos de cumplir la misión para la cual había sido creada.

Obviamente, el tema central no era cambiarle el nombre. Esta semana se eligieron un tercio de nuevos miembros de acuerdo a la reglamentación de alternancia que rige al organismo, y casi el 70% de los integrantes ahora son violadores contumaces de los derechos humanos.

América Latina puso a Venezuela en el Consejo y el Consejo escuchó la semana pasada un informe lapidario sobre los crímenes de lesa humanidad que cometen Maduro y sus cómplices.

Y esta semana, ingresaron, entre otros, Cuba, China, Pakistán. No consiguió los votos Arabia Saudita. La resolución fundacional del Consejo de 2006 establece que al elegir a sus miembros se deberá tomar en cuenta “la contribución de los candidatos a la promoción y protección de los derechos y las promesas y compromisos voluntarios que hayan hecho al respecto”. ¿Cómo es posible que Cuba tenga un asiento en un Consejo que se autodenomina de Derechos Humanos? La corrupción moral y política lo hace posible.

Cuba es el único país de América Latina que no ratificó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Cuba es una dictadura de partido único. Cuba criminaliza los derechos a la libertad de asociación, reunión, prensa, expresión y participación política. Hay 138 presos políticos sometidos a tratamientos crueles, detenciones arbitrarias constantes, mil en lo que va de 2020. El mentor cubano, la Unión Soviética desapareció, pero Cuba mantiene sus métodos. Y ahora, dará cátedra de derechos Humanos desde Ginebra.

El Observatorio Cubano de DD.HH. con sede en Madrid, envió un documento a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, señalando que Cuba llega al Consejo sin ratificar o respetar 16 tratados internacionales, entre ellos, la Convención contra la Tortura, la Convención contra las desapariciones forzadas, la Convención sobre la discriminación contra la mujer, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

Cuba no es diferente a los otros ingresados. China somete a un millón de iugures (minoría musulmana) a terribles vejaciones que ellos denominan “reeducación” y lo hacen en campos de concentración. Nadie ha escuchado nada concreto o medianamente serio sobre esto que ejecuta China en ningún organismo de ONU. Y es lógico.

Rusia también ingresó esta semana al Consejo de Derechos Humanos. ¿Acaso alguien piensa que Rusia va a cuestionar a China para que alguien le pregunte que pasa en Rusia con los disidentes de la llamada democracia que dicen que tienen? Las dictaduras necesitan al Consejo parfa mostrar el rostro que no tienen y tener un respaldo vergonzoso pero real para sus tropelías y el silencio consiguiente.

Nadie de ONU puede entrar a Cuba ni a Venezuela para comprobar in situ lo que sucede en materia de tortura, libertad de reunión, libertad de expresión y detenciones arbitrarias. Los dos regímenes, vergüenza latinoamericana, son los que apoyan en el Consejo y donde sea, a Irán, Corea del Norte y por supuesto, a Rusia y China.

La ONG UN Watch presenta regularmente denuncias sobre comprobadas violaciones a los derechos humanos. El Consejo escucha (por obligación profesional) y no toma nota de nada. ¿Porque son acusaciones falsas? No. Porque el Consejo no toma nota sobre temas que puedan perjudicar a su mayoría, que son violadores permanentes de todos los derechos existentes.

Con pruebas y fundamentos, UN Watch ha demostrado que tanto la Autoridad Palestina como Hamas reprimen sistemáticamente toda disidencia con arrestos y torturas. Se han presentado 86 casos que UN Watch mostró en el Consejo que fueron obtenidos directamente por declaraciones de las víctimas y sus familias. Las torturas incluyen golpizas, confinamiento solitario, y castigos físicos que no vamos a detallar. Los procedimientos son sistemáticos. Ambos, la Autoridad Palestina y Hamas son dictaduras. ¿Quién va a enfrentarlos sabiendo cómo proceden? Amnistía Internacional también los ha denunciado en 2019,acusando a la Autoridad Palestina de 143 casos de tortura y a Hamas de 156. Hecho y archivado.
Pero esos no son temas para el Consejo de Derechos Humanos. Allí están no sólo los que defienden que Hamas y la Autoridad Palestina asesinen y torturen a sus disidentes, sino los que alientan e incitan al terrorismo contra Israel cuando aprueban la letanía de falacias que agrupan en el tristemente famoso ítem 7. Allí están Irán, China, Cuba, Venezuela, y tantos otros como ellos, haciendo de toda la ONU una farsa y del Consejo de Derechos Humanos, una tragedia.
En este contexto, América Latina es un robot y así la tratan los demás. No es cierto que toda América Latina está de acuerdo de tener entre sus pares a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pero hay que ser y parecer. No alcanza con hacer discursos que se pierden en el aire y allí se desvanecen; hay que actuar en la Asamblea General y en todos los organismos de ONU. Votar a Cuba y Venezuela para el Consejo de Derechos Humanos por eventuales acuerdos de bloque es una trampa y un autoengaño. Y eso es lo que sucede ahora.

Por Eduardo Kohn.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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