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Las potencias se quedan al margen en Nagorno Karabaj

Por Ezequiel Naidich

Han pasado ya once días desde el estallido de tensiones entre Armenia y Azerbaiyán. Ambas exrepúblicas soviéticas mantienen un conflicto territorial entre ellas alrededor de la región de Nagorno Karabaj, de mayoría armenia, pero legalmente perteneciente a Azerbaiyán. Armenia apoya la autoproclamada independencia de la República de Artsaj en ese espacio. Desde el domingo pasado, los ejércitos azeríes han bombardeado la región de Nagorno Karabaj y los armenios han hecho lo mismo con los pueblos cercanos al territorio disputado.

Mientras Turquía y Rusia se han involucrado en este conflicto, inclinándose hacia un lado o el otro, los poderes más grandes del mundo no logran o quieren participar de los esfuerzos de mediación entre las partes. ¿Dónde están Estados Unidos, la Unión Europea y China?

Varios titulares en estas dos semanas fueron variaciones de “Francia y Rusia piden un cese al fuego.” Estos países son dos de los tres miembros del Grupo Minsk de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa), creado en 1992 con el fin de solucionar este conflicto. Lo llamativo de estos titulares es que mencionan a estos dos países, no al grupo.

¿Cuál es el país que falta? Los Estados Unidos de Trump. En anteriores ocasiones, Washington había ejercido un importante rol en la pacificación, o en la prevención de violencia entre Armenia y Azerbaiyán. Esta vez la presidencia y el Departamento de Estado han evitado mencionar mucho el tema. Si bien estos últimos días Estados Unidos ha coordinado más con el Grupo Minsk, la inactividad de la Casa Blanca es notoria. Trump redujo los esfuerzos de resolución norteamericanos en las áreas donde los intereses rusos están más en juego. Este año, por ejemplo, no ha sido contundente respecto a Bielorrusia ni con el envenenamiento del opositor ruso Alexei Navalny.

La principal perspectiva de cambio es que Estados Unidos presente una postura un poco más fuerte frente a Turquía, dado que se ha mostrado favorable a Grecia y a Chipre en las tensiones en el Mediterráneo y criticado el empleo de mercenarios sirios en Azerbaiyán por parte de Ankara.

La Unión Europea, en cambio, ha rápidamente puesto la cuestión de Nagorno Karabaj en su agenda. No obstante, al igual que en muchas temáticas como las sanciones a Bielorrusia o la postura frente a Turquía en el Mar Mediterráneo, Bruselas es presa de su sistema de unanimidad, y no puede avanzar con una posición unificada. La incapacidad para intervenir diplomáticamente en el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán socavaría aún más el rol de Europa como potencia regional y su confianza para mediar en resoluciones de otros conflictos.

Algunos de sus miembros, principalmente Francia, han optado por expresarse individualmente. París ha criticado ampliamente a Ankara por alimentar el conflicto, y ha instado, junto al Grupo Minsk, a las partes a alcanzar un cese al fuego. El problema del Grupo Minsk es que busca acercar a Azerbaiyán y Armenia, dos países con reclamos irreconciliables, a través de conversaciones con los líderes de alto rango. Mientras Baku exige que Armenia se retire de todo su territorio, Yerevan busca garantizar la independencia de facto de la República de Artsaj.

Europa podría avanzar lo que se conoce como “diplomacia de canal secundario” o “Track II” que implica crear vínculos entre ONGs, líderes de la sociedad civil y académicos, entre otros, de ambos países con el objetivo de fortalecer la confianza y encontrar el terreno común que permita facilitar un acuerdo entre los gobiernos.

Por último, China se ha mantenido demasiado cautelosa. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el billonario proyecto de infraestructura que se extiende desde China hacia Europa, África, el Medio Oriente y el Sudeste Asiático, Beijing a aumentado extraordinariamente sus lazos comerciales tanto con Armenia como con Azerbaiyán. Para Xi Jinping es necesario pacificar las regiones donde se extiende la inversión china para garantizar el éxito de estos proyectos, por lo que se esperaba que pudiera hacer uso de estas relaciones económicas para acercar a las partes en conflicto.

Sin embargo, China busca fortalecer aún más sus vínculos con Armenia, que ya eran más fuertes que con Azerbaiyán, mientras evita quedar del lado de los separatistas artsajos que le recuerdan a Taiwán. Además, mientras tiene enorme influencia económica en ambos, no termina de tener la influencia política que tiene Rusia en Armenia o Turquía en Azerbaiyán.

En conclusión, con dos de las tres grandes potencias alejadas del conflicto, y con la Unión Europea teniendo dificultades para proponer una posición unificada que le permita ejercer una diplomacia ciudadana, Rusia y Turquía continuarán marcando el paso del conflicto.

 

SP/RJ
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