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El Gobierno argentino busca impulsar el comercio con Israel, más allá de la carne kosher

Con las respectivas embajadas de Argentina en Israel y la de Israel en Argentina en el medio, los ministros de Comercio, Agricultura, y de Ciencia y Técnica empujan al sector privado en plena cuarentena para movilizar de una vez por todas las relaciones comerciales bilaterales.

Diversos factores influyeron en el hecho de que, siendo siempre un país central desde el punto de vista político para la Argentina, Israel es un socio comercial con una muy baja balanza comercial.

El comercio bilateral arrojó en sus últimas cifras apenas US$ 368,4 millones. Es un número irrisorio si se comparan los vínculos permanentemente que hay entre los dos países en los canales políticos, culturales y de seguridad. Ello preocupa a las partes.

De estos números, US$ 233,5 millones correspondieron a exportaciones de carne bovina congelada, refrigerada o fresca, maníes, filetes de merluza congelados, porotos, jugos de fruta y frutas. Y otros US$ 134,9 millones en importaciones de herbicidas, polietileno, insecticidas, aparatos para recepción, conversión y transmisión o regeneración de voz. El saldo favorable para la Argentina fue de apenas US$ 98,6 millones en 2019.

Israel es el primer pais que firmó un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, y sin embargo ese territorio está desaprovechado. La semana pasada, el embajador argentino en Israel, Sergio Urribarri, y el secretario de Comercio Internacional de la Cancillería, Jorge Neme, avanzaron sobre otro capítulo después del raid de encuentros que mantuvo Urribarri en Tel Aviv, aún en plena pandemia, ya que la economía allí -aunque está golpeada- no se detuvo. Presentaron un mapa de oportunidades y una serie de objetivos para sacudir el comercio.

En julio, el presidente Reuven Rivlin recibió las cartas credenciales de Urribarri como embajador argentino allá y la orden fue la de avanzar sobre nuevos acuerdos. Fue por cierto la intención también en el encuentro entre Benjamín Netanyahu y Alberto Fernández, en Jerusalem, en enero. Pero hacia febrero y marzo, el mundo pareció detenerse con la irrupción del coronavirus.

Fue en ese marco que el gobierno argentino concedió un permiso especial para que se le permitiera la entrada al país a cien rabinos, y matarifes israelíes de carne kosher que tenían una faena importante en la Argentina y que se tramitó a través de la Cámara de Comercio Argentino Israelí y la embajada argentina en Tel Aviv.

Los israelíes están compitiendo para ocupar uno de los primeros puestos como destino de la la carne argentina, que en este caso es kosher. Incluso se evalúa, dada la relación de privilegio, autorizar a otro grupo grande de rabinos para que entren al país aún bajo las restricciones que siguen imperando.

Por otra parte, el titular de la Cámara, Mario Montoto, y la embajadora Galit Ronen mantuvieron una ronda de negocios con el Instituto de Cooperación Internacional de Israel acordaron explorar la provisión de la telemedicina.

Si bien otro capítulo es del la Seguridad -los israelíes proporcionaron por ejemplo todo el exitoso montaje de control durante la cumbre del G20 que se hizo en Buenos Aires, a fines de 2018- el campo de la tecnología y las comunicaciones siguen casi “vírgenes”.

La cancillería argentina hizo un mapa de oportunidades comerciales que también incluyó una proyección a los negocios que se pueden generar en el marco del nuevo acuerdo de paz firmado por Israel y Emiratos Arabes Unidos, que a su vez auspició Estados Unidos. En este se busca aumentar la venta de alimentos, autopartes, equipamiento de GNC, maquinaria agrícola, equipamiento para la industria alimenticia, artículos de grifería y tuberías, antisueros y productos inmunológicos más aleaciones de aluminio.

Por Natasha Niebieskikwiat para Clarín

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