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Sabato, sobre la soberanía y la Justicia internacional

En mayo de 1960, un comando israelí captura secretamente en Buenos Aires al criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann, trasladándolo a Israel para ser juzgado. Eichmann había sido el responsable de la Oficina de Asuntos Judíos de la Cancillería del Reich y coordinó la deportación para el exterminio por lo menos de 1.500.000 personas.

Fugitivo, en la posguerra, con identidad ficticia y pasaporte de la Cruz Roja, consigue refugiarse en la Argentina en 1950. Hacia mayo de 1960 la legislación argentina –que todavía no había incorporado los modernos conceptos de crímenes de lesa humanidad- consideraba prescriptos los hechos de la Segunda Guerra Mundial, por lo que rechazaba los pedidos de extradición de distintos criminales nazis.

Hoy sabemos que al gobierno de Israel le llevó tres años encontrar al criminal nazi y actuó de este modo dado que si pedía la extradición sería rechazada.

En junio, el gobierno democrático argentino —presidido por Arturo Frondizi— reacciona enviando un ultimátum a Israel, exigiendo la devolución del prisionero (incluso lleva el asunto a las Naciones Unidas). En el mismo sentido la mayoría de la prensa se escandaliza por lo que llaman “violación de la soberanía” por la forma en que se lo sacó del país. Braman por ello, los nacionalistas, antisemitas y filonazis. Entonces Ernesto Sabato —en un muy valioso alegato— responde magistralmente con su artículo “Soberanía para carniceros” (Diario “El Mundo”, 17 de junio de 1960). Aquí se pregunta cómo y por qué entró a nuestro país tamaño genocida, mientras reivindica el derecho a ser juzgado por sus crímenes.

Leemos allí: ”… Comprendo que esto significa una violación de la soberanía. Y así lo hace notar nuestro gobierno con energía. Lástima que esa energía no se haya demostrado para localizar a estos criminales que se albergan burguesamente en nuestro territorio, para ver cómo entraron, con qué documentos y con el apoyo de quién…”.

Luego sostiene: “… aquí está en juego otra soberanía, y es la del ser humano, el supremo derecho de justicia cuando hay de por medio una masacre y la tortura de un pueblo…”. Ya entonces Sabato se adelanta varias décadas al moderno concepto de justicia universal para los crímenes de lesa humanidad.

Y continúa el texto: “… el monstruo que organizó y dirigió esta operación satánica pudo refugiarse en nuestro país como tantos otros de pareja monstruosidad…”.

La valiente nota de Sabato —que le valió amenazas de muerte por grupos nazis argentinos— tuvo enorme repercusión internacional; y fue citada reiteradamente por tratadistas del derecho, diplomáticos, legisladores.

Un mes y medio después de publicada dicha nota, Argentina acepta la disculpa israelí, reanudándose las relaciones entre ambos países. En un histórico juicio en Jerusalén, el fallo determina la culpabilidad de Eichmann, que es ejecutado en 1962.

Siguiendo la parábola bíblica del Génesis podríamos decir que Sabato fue uno de los diez hombres justos capaces de salvar a una sociedad.

Mario Eduardo Cohen es  presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF).

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