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Sombras y mucha luz en la mezquita incendiada en Jerusalem

Llegamos justo a la hora de la convocatoria y la mezquita en Sharrafa, uno de los puntos más altos de Jerusalem, parecía casi llena. Pero a medida que pasaban los minutos, entraba más y más gente. Finalmente, no se veía casi espacio libre. Todo estaba cubierto por israelíes, muchos de ellos religiosos,  que respondieron al llamado de Tag Meir y vinieron a condenar el crimen de odio, a repudiar que alguien haya prendido fuego a un sitio sagrado.

Queda implícita la sospecha o mejor dicho la acusación, aunque no haya aún detenidos: jóvenes judíos radicales, considerados parte del núcleo duro de un segmento extremista en la población de Judea y Samaria, enfrentados al Estado mismo, decididos a manifestarlo atacando árabes, no porque hayan estado involucrados en terrorismo sino por su propia identidad. Se lo sabe por Inteligencia y por las leyendas de odio en hebreo que dejan pintadas en cada ocasión.

Foto: Yosi Zamir. Tag Meir

Ocurrió el jueves de madrugada. Desconocidos llegaron amparados en la oscuridad, escribieron en la pared junto a la entrada graffiti de odio y tiraron una botella incendiaria a este lugar de oración. “Si se destruye a los judíos, se destruye también a los enemigos”. La firma “Kúmi Ori”, que en hebreo significa “levántate Ori”, en referencia casi segura a la jovencita israelí Ori Ansbacher, violada y asesinada el año pasado por un terrorista palestino de Hebron, Arafat Arfaíe, que está preso.

“Cuando llegué, temprano como siempre, las llamas ya ardían y amenazaban con extinguirlo todo”, nos dice Ismail Awwad (73), el “mujtar”, notable de la aldea. “Siempre vengo antes de la hora de la oración, la mezquita está abierta, y me siento un rato solo a leer el Corán. Es como estar solo con Alá y mis pensamientos”, agrega sonriente.

Ismail Awad, el notable de la aldea, mujtar  (Foto: A.J)
Ismail Awad, el notable de la aldea, mujtar (Foto: A.J)

 

Nos muestra las alfombras arruinadas, rincones en los que muchas cosas quedaron dadas vueltas. Pero lo que sucedió allí es evidente con solo mirar las paredes, absolutamente negras. En un primer momento pensamos que ese era el color original, hasta que vimos a un joven religioso acercarse y escribir en las paredes, con un dedo: “Veahávta lerreajá kamója”, o sea “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Un mensaje silencioso y potente, respuesta a los extremistas. Más tarde, un joven padre residente en la aldea, mostró la marca con esas palabras a su hijo, traduciéndolo lo que había escrito uno de esos tantos israelíes judíos que se hicieron presentes en la mezquita para decir “esto no es en nuestro nombre, esto no es ni el judaísmo ni Israel”.

Foto: Yosi Zamir. Tag Meir
Foto: Yosi Zamir. Tag Meir

 

“Nosotros vivimos en paz, siempre, con la población judía. Jamás hemos tenido problemas y de aquí nunca han salido ataques de ningún tipo”, nos dice Ali Ayub, director del centro comunitario. La población de Jerusalem podrá confirmar sus palabras. Jamás se ha oído de ningún incidente violento protagonizado por habitantes de este lugar o de la vecina Beit Tsafafa contra judíos. La inmediatez geográfica, la fuerza de la vida diaria, son  un mensaje fuerte de convivencia. Quienes atacaron lo saben y por eso eligieron un lugar así, para tratar de dividir y envenenar.

“Tengo claro que quienes hicieron esto son una pequeña minoría. Yo conozco la realidad, crecí aquí, sé que no todos son iguales, para nada”, sostiene Ali Ayub. “No podría decir que estoy sorprendido de ver aquí tantos religiosos porque estoy seguro que los que hicieron esto son elementos marginales, pero lo que me preocupa es que por algo en el ambiente general, sintieron que pueden hacerlo. Hay que estar alertas, antes de que quemen todo”.

Una reunión de convivencia y solidaridad

Gadi Gvariahu observa preocupado. Este singular israelí, religioso, originario de Jerusalem que vive desde hace años en Rejovot, ha hecho de Tag Meir su causa. La organización que él mismo creó en el 2014, sabe que no solucionará el conflicto en la región, ni logrará educar a todos los que siembran odio, vengan del lado que vengan. Pero tiene claro que donde hay oscuridad, es necesario prender la luz. Y eso es lo que hizo cuando hace 5 años sintió que todo se estaba deteriorando terriblemente al multiplicarse los casos conocidos como “Tag Mejir”, que significa algo así como “etiqueta de precio”. Esa eran las palabras que aparecían como firma en graffitis de odio en toda aldea palestina en Cisjordania a la que entraban sus vándalos a pinchar neumáticos y cosas similares. Fueron apareciendo casos de mezquitas quemadas, botellas incendiarias en distintos lados…y el riesgo de que en algún momento alguien muriera, era inminente.

A Gadi se le ocurrió una respuesta contundente, pacífica, de voz fuerte: realizar visitas de solidaridad a todo sitio que haya sido escenario de un crimen de odio, sea una aldea palestina, un monasterio con frases hostiles en las paredes, o una localidad árabe dentro del territorio soberano de Israel, un fenómeno que comenzó a darse en los últimos meses, ampliando el círculo de la preocupación. Comenzó por el nombre, Tag Meir, que suena muy parecido a Tag Mejir, pero tiene un sentido totalmente opuesto. Meir viene de “or”, luz…y como bien sabemos, es con luz que se combate la oscuridad.

Tag Meir va a solidarizarse con palestinos o árabes israelíes en cuyas comunidades hubo un ataque, y también en algunos casos, a comunidades judías que fueron víctimas de ataques. Visitaron en su momento a la familia de Ori Ansbacher en el asentamiento de Ofra, a sinagogas profanadas en las que terroristas prendieron fuego, y otros sitios.

Especialmente potente es la participación de numerosos judíos religiosos en estas actividades, judíos que tienen la kipá no sólo en la cabeza sino también en el corazón, gente verdaderamente creyente en esa frase que afirma que “todos fuimos creados Betzelem Elokím”, a la imagen y semejanza de D´s.

Y un gran mensaje fue el de varios que trajeron a sus hijos, para que aprendan desde chicos a ser solidarios y trabajar por la convivencia pacífica.

 

Foto: Yosi Zamir. Tag Meir

En la mezquita estaba el Rabino Gideon Admanit que se dijo convencido de la necesidad de expresar solidaridad y repudiar lo ocurrido. “Los que hacen esto, no son realmente gente creyente. Eso lo tenemos clarísimo quienes realmente creemos en D´s”, aseguró. El rabino Barry Schlesinger recordó la marcha de judíos junto a Martin Luther King en Estados Unidos , la Rabina Tamar de la comunidad Kehilat Tzion ofreció-al igual que muchos otros- ayuda “en todo lo que sea necesario”. “Queremos aportar a construir, a que esta mezquita quede tras los trabajos de recuperación, más hermosa aún de lo que era antes, y no se trata sólo de donaciones sino también de venir físicamente a ayudar…podemos pintar, lo que sea, sólo avísenos, aquí estamos con ustedes”.

También fueron numerosos docentes de diferentes escuelas de Jerusalem.

Gadi Gvariahu estaba emocionado. “Siempre viene gente, claro que a veces somos pocos por los días y horarios en los que combinamos nuestras visitas. Pero algo así, nunca vi. Esto está repleto. Creo que influyó mucho el que este ataque haya sido en Jerusalem misma, mucha gente quedó preocupada”. Esto va de la mano de una exigencia terminante a las autoridades, especialmente a la policía israelí, a dar urgencia a la investigación, detener a los responsables y poner fin de una vez a este preocupante fenómeno.

Ali Ayub mira alrededor y aunque ya nos había dicho que no estaba sorprendido de ver tantas expresiones de solidaridad, está visiblemente emocionado. “Ya antes de esta convocatoria, durante todo el día, llegaron judíos solos, de a uno, gente que por su iniciativa quería entender qué había pasado…preguntan, miran compungidos, preocupados, y nos dicen ´lo sentimos mucho, esto no debería haber ocurrido´y preguntan si pueden ayudar”.

Y no menos que la reacción de muchos israelíes, lo emociona el espíritu en su propio barrio, o aldea, tal cual se considera a Sharrafa, parte de Jerusalem capital de Israel desde 1967. “Ayer, en el sermón del viernes, era enaltecedor escuchar al Shej Salah cuando habló, con moderación, con contención, diciendo a todos los presentes que hay que pensar que los responsables de este crimen fue una pequeña minoría entre los judíos y que debemos mantener la convivencia pacífica”, cuenta.

Pero eso no se logra por inercia. Lo tienen que trabajar juntos ambas partes.

Tag Meir lo hace siempre, convencido de la importancia de su misión y de la necesidad de seguir prendiendo la luz, donde hay quienes quieren imponer la oscuridad.

Por Ana Jerozolimski para Semanario Hebreo Jai

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