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NUNCA MÁS, LEOLÁM LO OD. Su Majestad el Rey Felipe VI

Palabras de Su Majestad el Rey Felipe VI en representación de los dignatarios durante la cena de apertura en la residencia del presidente Reuven Rivlin, en el Foro Internacional en conmemoración del Día Internacional del Holocausto.

Es un gran honor -y soy humilde- tomar la palabra esta tarde cuando nos reunimos para el 5º Foro Mundial del Holocausto de mañana. Una notable asamblea de líderes mundiales comprometidos con la memoria, con una causa justa y con una obligación moral. Gracias, presidente Rivlin; y gracias por sus sabias palabras, siempre una fuente de inspiración. Estoy seguro de que cada uno de nosotros aquí tendría pensamientos para expresar en este evento histórico. Solo trataré modestamente de condensar algunos de ellos.

75 años después, el mundo no olvida, el mundo todavía recuerda y se compromete a estar alerta. Esto es lo que esta reunión impresionante aquí hoy ha decidido declarar con firmeza y claridad.  Nuestro gran pensador judío Maimónides, nacido en Sefarad, en la ciudad de Córdoba, escribió en la Edad Media, siguiendo los pasos de otros pensadores destacados: “Todos los grandes males que los hombres se causan se originan en la ignorancia”. De hecho, la humanidad ha sufrido sus horas más oscuras cuando millones de vidas inocentes de muchos ámbitos de la vida y de innumerables comunidades han desaparecido abruptamente debido al odio ciego, perverso e ignorante.   Porque no hay mayor mal que el que se deriva de ignorar que todas las mujeres y los hombres son iguales, y que cada ser humano está dotado de la mayor dignidad. Las personas no pueden mostrar una mayor imprudencia que cuando piensan que están por encima de los demás, cuando se sienten con derecho a discriminar, a tolerar la intolerancia o a promover el resentimiento contra los demás por ganancias políticas, extremismo religioso u odio racial.   Podemos encontrar el remedio para tal desprecio malintencionado e inmoral de la dignidad del “otro”, en primer lugar, en el ejemplo de aquellos que han sufrido su enemistad asesina. Estoy seguro de que el Prof. Bauer y el Dr. Kantor nos hablarán sobre este asunto un millón de veces mejor que yo; y mañana en Yad Vashem tendremos el honor de conocer a algunos de los sobrevivientes de los campos de exterminio.

Durante décadas, estos hombres y mujeres nos han iluminado sobre la importancia de mantener vivo el recuerdo de su terrible experiencia. Olvidar la Shoah, no solo deshonraría la memoria de millones de víctimas, sino que también sería extremadamente peligroso.  Sin embargo, sabemos bien que, a pesar de todo el esfuerzo minucioso de aquellos que nos dieron “o aún lo hacen hoy” su testimonio personal (o de sus familiares), de toda la poderosa inspiración que esto nos brinda, desafortunadamente solo el recuerdo no es suficiente. También sabemos que la barbarie puede crecer cuando menos se espera, incluso en medio del avance cultural y tecnológico.

Nunca estamos completamente a salvo de ello, y en diferentes grados, todavía lo vemos hoy golpeando con fuerza en diferentes partes de nuestro mundo. Simplemente no podemos mirar para otro lado; debemos perseverar en la implementación, enseñanza y convivencia de los principios y valores de la Carta Internacional de Derechos Humanos.  Hemos venido hoy, señor presidente, no solo para mostrar nuestro respeto por los sobrevivientes y nuestra repugnancia por lo que sucedió no hace mucho tiempo en Auschwitz-Birkenau y muchos otros lugares.  

También estamos aquí, tal vez principalmente, para mostrar nuestro compromiso inquebrantable de llevar a cabo todos los esfuerzos necesarios de nuestros respectivos países para combatir la intolerancia ignorante, el odio y la falta total de empatía humana que permitió y dio origen al Holocausto. Porque prevenir esas enfermedades civilizacionales es una responsabilidad colectiva pero también individual. No hay lugar para la indiferencia ante la presencia de racismo, xenofobia, discurso de odio y antisemitismo. De manera inquietante, actualmente estamos presenciando una oleada de ataques horribles contra los judíos en varias partes del mundo.

Muchas veces en la historia, la animosidad contra los judíos ha demostrado vergonzosamente ser un síntoma y un crudo ejemplo de intolerancia y aversión hacia los otros. Con un pasado judío precioso, rico y complejo y una comunidad judía vibrante, España decidió crear un marco sólido de reglas e iniciativas para luchar implacablemente contra el antisemitismo y todas las formas de xenofobia y racismo. Por supuesto, hay muchas más naciones -tanto aquí como otras que están haciendo esfuerzos y progresos similares; pero, aunque sigo siendo optimista, sé, todos sabemos, que siempre tendremos que perseverar juntos para que esas palabras que hemos repetido tantas veces, “nunca más”, sigan siendo nuestro principio rector e inquebrantable.  

NUNCA MÁS, LEOLÁM LO OD.

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