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Radio JAI

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Opinión: Tropezar con la misma piedra

Los componentes psico-socio-culturales de la crisis económica en Argentina

Por Silvia Chab*

En unas declaraciones realizadas recientemente por el presidente electo Alberto Fernandez y que fueron bastante criticadas por una parte del periodismo, él afirmaba que “Hay algo que los economistas llaman la ´inflación autoconstruida´, que son componentes psicológicos. Si Clarín publica en tapa que voy a dar un aumento del 35 por ciento de los salario, mucha gente para prevenirse aumenta 10 ó 15 por ciento de los productos”.

A decir verdad, Fernandez queriéndolo o no, no ha hecho más que poner el dedo en la llaga de algo que tiene como base un volcán y que tal vez esté en el origen de muchos de los males que aquejan a nuestro país desde tiempos inmemoriales y que quizás resulte mucho más grave de resolver que cambiando fórmulas políticas o económicas.

Casi simultáneamente con las últimas elecciones que consagraron ganadora la fórmula Fernandez-Fernandez, salió un fuerte artículo en el Washington Post.  Aclaro que el artículo fue anterior a las declaraciones de Alberto Fernandez, que se dieron a conocer el 17/11.

Haciendo un análisis de los motivos por los que nos va tan mal a los argentinos el W.Post  dice:

La Argentina no tiene un problema económico o social o político. Tiene un problema médico; un problema de orden psicológico profundo que le impide resolver lo que no son más que los efectos de esa causa madre.
Que un país viva en conflicto por las consecuencias de sus preferencias libres, constituye una dificultad de tal magnitud que, sinceramente, no sé si la cuestión tiene solución.
Esa preferencia no es otra que la pobreza: los argentinos prefieren la pobreza. Por supuesto no van a admitirlo a viva voz. De hecho, viven enojados contra la pobreza. O al menos eso dicen”.

No hace falta agregar aquí que el tema de la Pobreza y de cómo resolverla es la moneda de cambio con la que cada sector de la política ataca al resto y ninguno puede hallar el modo de ponerle fin.  

Lo mismo pasa con la Inflación.  Pero trataré el tema más adelante.

Prosigue el artículo del W.Post:

Porque lo que en realidad les ocurre en materia de “enojos” es algo bien distinto. Si uno analiza las corrientes que imperan consciente o inconscientemente en el espíritu argentino verá que lo que mayoritariamente sobresale, lo que culturalmente predomina, es una oposición a la riqueza.
En efecto, el argentino está en guerra contra la riqueza. La corriente mayoritaria que emerge desde las entrañas más profundas de la cultura nacional consiste en una resistencia impenetrable contra la riqueza, contra la idea de ser rico.
El Papa Francisco es quien mejor ha expresado la esencia de esa corriente con su frase “la riqueza es el estiércol del diablo”. Quizás no haya un resumen más perfecto de la morfología social que distingue a los argentinos que esas palabras de Bergoglio. La riqueza es un pecado.”

El articulo expone un tema aún más polémico aunque no desdeñable, y es que la riqueza que repugna a los argentinos es la de quienes la han obtenido lícitamente y en cambio estarían dispuestos a hacer la vista gorda con aquellos que la consiguieron ilegítimamente o por vías de corrupción.  

A las pruebas me remito. Ojalá que me equivoque.

“El enamoramiento del pobrismo ha llevado a la Argentina a ser una sociedad completamente conflictuada, encerrada en una encrucijada de la que le será muy difícil salir. Vivir quejándose  por las consecuencias de aquello que se venera representa un problema de una complejidad tal que las soluciones no vendrán de la aplicación de tal o cual programa económico sino de un proceso de introspección que lleve a cada argentino a darse cuenta del nivel de contradicción en  que vive.(sic)”

Parece muy fuerte! Sin embargo no hace falta más que recorrer algunas expresiones, deseos o intenciones de venerables líderes de distintos sectores de la sociedad para comprobar la certeza de las afirmaciones del importante periódico norteamericano.

Recientemente un líder de la izquierda local manifestó que habría que reducirles la jornada de trabajo a quienes tienen la dicha de tenerlo y destinar ese dinero a los pobres.  Es decir que lo que propone es algo así como “socializar la pobreza”. Huelgan los comentarios.

Obviamente el recurso casi habitual consiste en aumentarle los impuestos a la clase media o media alta para subsidiar a los pobres, que en otras palabras no es distinto de lo que propone el candidato de la izquierda.  O sea, empobrecer un poco a los que no son pobres generando una “pobreza más ecuánime”.

Tal parece que la fórmula utilizada en otros países del continente que tendieron a hacer pasar de clase social a los más humildes haciéndolos ascender a la clase media, en Argentina fracasa una y otra vez. Independientemente del voluntarismo de algunos dirigentes políticos.

Más allá de los argumentos no menos válidos de que el Populismo se nutre de los sectores más humildes y que en consecuencia a fin de aumentar el clientelismo es necesario sostener y generar una base amplia de pobres, hay algo mucho más profundo en la expresión del Papa Francisco en relación a la riqueza.  Y habría que remontarse a esos dichos míticos cristianos como aquel que reza “antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entrará al Reino de los Cielos”.

Y digo “míticos” ya que no creo que en tiempos de Cristo existieran agujas e hilos para enhebrar: es más, hay quienes dicen “por el ojo de una cerradura” (¿).

Pero los mitos tienen gran poder sobre las conductas de los hombres.  Y al parecer estas expresiones pueden haber calado hondo en el ser argentino.  O no?

INFLACION Y POBREZA

Retomo ahora las declaraciones de Alberto Fernandez respecto a los componentes psicológicos de la inflación, no sin antes recordar lo que sabemos de sobra.  Y es que la Inflación es la causa número uno de la generación de pobreza, al menos en términos económicos.

Hace algunos años (más de 30 para ser precisos) y en vistas de la Hiperinflación que padecimos en tiempos del Dr. Raúl Alfonsín, luego de asesorarme con economistas muy prestigiosos a fin de confirmar mis sospechas de que existía un factor psicológico que impulsaba desenfrenadamente la inflación, escribí un artículo que se publicó en el entonces periódico matutino La Razón, cuyo director era nada menos que Jacobo Timerman.  Apareció con el título “Los motivos psicológicos de la Crisis económica”.

Me sonaba como algo paradojal que después de tan duros años de dictadura y habiendo recuperado la democracia y la libertad, con un líder de la talla de Raúl Alfonsín, en unos pocos años todo se fuera al tacho.

Entonces mis amigos economistas me dieron un ejemplo, el de la cancha de fútbol, que dice que si el espectador que esté en la primera fila se levanta de su asiento porque teme no poder ver bien el partido, todos los de atrás harán lo mismo impidiendo así que todos puedan ver el partido.

Por mi parte, ahondé en nuestras raíces musicales porteñas –en Discépolo y su producción tanguera- y me encontré con algo así como una pasión por la desgracia (llámese desamor, abandono, traición, soledad, etc.).

Los psicoanalistas a eso lo llamamos GOCE. Que equivale a encontrar placer en el dolor y el sufrimiento.  Placer en revolcarnos en el fracaso, y en sentir que no tenemos salida. 

Pululan por todos los medios prioritariamente las noticias más truculentas tanto de orden social  (robos,violaciones, abusos, desapariciones, horribles homicidios, femicidios, etc.) como de orden económico.  No es que no existan; pero casi nunca se da más que un pequeñísimo espacio a noticias que expresan algo de crecimiento y desarrollo, que también existen.

Todo es desaliento, fomento del miedo y la desazón.

Volvemos una y otra vez a esos callejones sin salida que nos condenan siempre a lo mismo, a sentir y decir que “este país no tiene futuro”, a tener que pensar qué país les dejaremos a nuestros hijos; a pensar en otro lugar de vida, para nosotros o para nuestros hijos.

 

El presidente electo habló también de eso de tropezar con la misma piedra. Supongo que para dejar de hacerlo.  Pero claro, la piedra siempre son los otros. Los adversarios, los enemigos, los que hacen todo mal. La paja en el ojo ajeno…

Autocritica cero.

¿Hay solución? ¿Dejaremos de lado alguna vez la imbecilidad de tropezar con la misma piedra? Porque el Goce nos hace imbéciles.

Termino repitiendo algunas frases del artículo del W.Post:

 “Vivir quejándose de aquello que se venera (o idealiza) representa un problema de una complejidad tal que las soluciones no vendrán de la aplicación de tal o cual programa económico sino de un proceso de introspección que lleve a cada argentino a darse cuenta del nivel de contradicción en el que vive.

Reflexión, introspección y autocrítica, deberían ser los primeros pasos para encontrar el camino. Que en una pirámide social necesariamente tienen que empezar de arriba hacia abajo. 

*Psicoanalista

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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