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Un judío descifró el vocabulario de muerte del Holocausto

Entre ellos se encontraba Nachman Blumental, un filólogo que sabía casi una docena de idiomas, desde hebreo hasta francés.

Había escapado a la Unión Soviética en 1939 y volvió para enterarse de que habían asesinado a Maria, su esposa, y a Ariel, su pequeño hijo.

Para encontrarle algún sentido, estableció la Comisión Histórica Judía Central. El grupo transcribió 3.000 testimonios de sobrevivientes entre 1944 y 1947, hurgaron en busca de documentación nazi y preservaron fragmentos de la vida cotidiana en los guetos.

En todo documento nazi que encontró, encerró y subrayó términos inocuos como “abgang” (salida) o “evakuierung” (evacuación). Sabía lo que realmente significaban esas palabras cuando aparecían en memorandos y formularios burocráticos: eran eufemismos para la muerte.

Convirtió en su misión revelar las maneras en que los nazis habían usado la lengua alemana para disimular el mecanismo de los asesinatos en masa.

El Instituto YIVO de Investigación Judía, con sede en Nueva York, recientemente adquirió los archivos personales de Blumental, compuestos por más de 200.000 documentos que han estado acumulando polvo desde su muerte en 1983. Una carpeta está llena de poemas y canciones que los judíos compusieron en los guetos, que transcribió de voz de los sobrevivientes. Algunos artículos son más viscerales, como un pedazo de cuero del zapato de su hijo.

Pero todo se ve eclipsado por miles de fichas llenas de minúscula caligrafía.

Cada una contiene unas cuantas oraciones de textos nazis y la etimología de una palabra alemana específica con su significado original y su sentido alterado.

Blumental esperaba que un glosario así fuera útil para los fiscales durante los juicios de posguerra a fines de la década de los 40.

A tres de ellos asistió como testigo experto. También pensaba en el futuro, cuando las pruebas documentales del genocidio podrían ser indescifrables sin algún tipo de clave lingüística.

En 1947, publicó “Slowa niewinne” (“Palabras inocentes”), que abarca de la letra “A” a la “I”, el primero de los dos volúmenes planificados de su diccionario. Blumental jamás terminó el segundo volumen, pero sus documentos muestran cómo el proyecto hizo metástasis con el tiempo conforme obtuvo acceso a nuevo material de archivos nazis recién abiertos.

Entre sus papeles hay un ejemplo escalofriante de cómo su investigación chocó con su dolor personal. En 1948, viajó al pueblo donde su esposa e hijo fueron asesinados en junio de 1943. Blumental llegó con su libreta, resuelto a entrevistar a los aldeanos que fueron testigos de los asesinatos. Su esposa e hijo estaban ocultándose cuando fueron arrestados por la policía polaca. Un oficial nazi entonces los condujo al cementerio judío local y los mató a tiros.

Como resultado de su investigación, los policías que arrestaron a Maria y Ariel fueron procesados y encontrados culpables en 1950.

La comisión sólo duró unos cuantos años antes de ser disuelta por el gobierno polaco, que creó el Instituto Histórico Judío en 1947.

Blumental fue nombrado su primer director. Pero la labor se veía restringida por las exigencias del Partido Comunista, y la mayoría de los miembros originales partieron, incluyendo a Blumental, que inmigró a Israel en 1950. Durante el resto de su vida, se dedicó a la investigación del Holocausto.

Los papeles personales de Blumental, que el YIVO planea digitalizar y poner a disposición del público, fueron adquiridos de Miron Blumental, el hijo de Blumental que nació en 1954, el día del 11avo aniversario de la muerte de Ariel.

Lo que él ve en las carpetas y miles de fichas de su padre es a un hombre luchando contra su propia impotencia, asiéndose de cualquier pizca de evidencia, incluso las más efímeras de las cosas —las palabras.

“Todo lo que él conocía había desaparecido”, dijo Miron Blumental. “Estaba aferrándose a todos estos detalles como prueba de que existieron. Ese fue su memorial, lo que podía hacer. No podía lograr nada más, en términos reales. No podía devolver nada de ello al mundo”.

Fuente:
© 2019 The New York Times

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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