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Testimonios de palestinos heridos por la violencia de Hamas

Duros golpes, ensañamiento, torturas y disparos a civiles, menores, periodistas, activistas de derechos humanos, han sido condenados en los últimos días a distintos niveles, también por observadores árabes.

No hemos visto estas protestas cara a cara, pero recordamos claramente los testimonios de quienes vivieron cosas similares y lograron contarlo, en un escenario singular: mientras estaban internados en el hospital israelí Barzilai.

Fue en una de las varias vueltas de choques internos, cuando el golpe de Hamas era aún más fresco y por otro lado también lo eran las esperanzas de reconciliación interna palestina que muchos civiles abrigaban tanto en Gaza como en Cisjordania.

Pero los heridos a los que entrevistamos en el hospital Barzilai, ya no creían en milagros ni promesas de tregua. En aquel momento, más de 130 palestinos heridos por la violencia en los choques con Hamas, habían recibido tratamiento del otro lado, en Israel.

Tres de ellos‑Tawfiq Lubad (23), Abdallah Shilail (25) y Adel Awda (24) ‑se hallaban entonces en el departamento de Traumatología, con heridas en sus miembros inferiores y otras partes del cuerpo. Otros dos estaban en tratamiento intensivo y uno , en el departamento quirúrgico. Cuando llegamos a entrevistarlos en el “Barzilai”, avisaron que “otros dos están en camino”.

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Tawfiq, que resultó herido justamente cuando había conseguido un nuevo trabajo en la empresa de teléfono celular palestina Jawal, nos contó su historia. “Yo me acerqué a ayudar a una joven herida cuando Hamas atacó una casa y uno de ellos me dijo que me vaya.Le aclaré que no estoy armado, que no le voy a hacer nada a él, pero contó tres y me disparó hacia las piernas”‑ relata. “No soy de Hamas ni de Fatah. Cada lado tiene sus ideas pero lo que no se puede aceptar para nada, es matarse entre hermanos”.

A Tawfiq lo cuidaba su padre, Ahmed, de 53 años, que durante muchos años trabajó como verdulero en Tel Aviv y con eso mantuvo a toda su familia. “¿Cómo alguien que lee el Corán puede ir a matar a sus vecinos?”‑se pregunta retóricamente. “Las dos partes están cometiendo serios errores, con los civiles en el medio”.

Afirma que no tiene miedo de volver a Gaza, pero admite que “es difícil con esta guerra, porque nosotros, los civiles, no tenemos cómo defendernos”.

También Ahmed Lubad, padre de Tawfiq, se decía seguro que la culpa “la tienen todos, las dos partes, porque no les importa del pueblo, siguen disparando y nosotros estamos en el medio”.Su hijo, que es el único paciente de la pieza que sonríe , como cuando cuenta que terminó sus estudios hace pocos meses y espera, pronto, empezar a trabajar.

En la cama del medio estaba Abdallah Shilail. Es policía, en el campamento de refugiados Jebalia . El también decía que no teme retornar a Jebalia, donde vive, pero no porque crea que ésto cambiará rápidamente.”Podremos vivir en paz únicamente si se van los que hicieron todo ésto”‑ dice en voz baja. “Con Hamas en el gobierno, la paz no es posible”. Le comentamos sobre los intentos de reconciliación. Hizo un gesto de seria duda , dando a entender que no cree que sea posible.”¿Unidad nacional? No, nunca. A menos que no haya Hamas en el gobierno”- acota su hermano mayor, Rafat, que se dice seguro: “Atacaron nuestra casa porque saben que somos de Fatah”.

Más contundente aún es Abdel Hamid Awda, el padre de Adel, herido seriamente en una pierna, aunque ahora más estabilizado.

“Israel estuvo mucho tiempo en Gaza, pero yo nunca sufrí así de los judíos. La solución es que el gobierno sea de afuera: que Egipto venga a Gaza y Jordania a Cisjordania quizás”. Y resumía: “Cuando árabes van contra árabes, la sangre es fuerte.Pero si alguien viene de afuera y da un golpe en la cabeza, todo se mantiene en silencio”.

Abdallah casi no quería hablar. Tenía fuertes dolores. Las cicatrices aún no totalmente cerradas de sus heridas le cubrían varias partes del cuerpo: en la frente, un brazo, el cuello.Contaba que también en el hombro y en las piernas, ambas vendadas.

Una enfermera entró a la habitación con un andador para Adel, para que trate de caminar. Su padre le alcanzó luego una bandeja con la comida, pero él permanecía casi todo el tiempo con la cabeza apoyada en una mano. No aceptaba ni hablar .

Su padre hablaba con una firmeza que de hecho, alcanzaba para los dos.

“Los palestinos no nos merecemos un Estado propio. Nunca hemos mostrado ser dignos de tenerlo. Si se mata a los vecinos o a un pariente de otra familia del mismo clan, quiere decir que nada podrá arreglarse .Estábamos mejor antes, cuando no había gobierno palestino”.

La grieta entre Hamas y Fatah no sólo se mantiene sino que se ha agudizado. Pero lo que hay hoy, es una serie de protestas de gente común que simplemente no aguanta más.

Claro que Fatah lo ve con buenos ojos. Pero esto va mucho más allá de la puja por el poder. Esto es la gente, aquellos que se animan, que quieren libertad y que con Hamas, ya no pueden vivir.

Fuente: Ana Jerozolimski para Semanario Hebreo Jai

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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