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El increíble espía Eli Cohen

El próximo miércoles 26 de diciembre se cumplirá un nuevo aniversario del nacimiento de Eli Cohen, uno de los más célebres y exitosos espías israelíes de los tiempos modernos. Nacido en Alejandría, Egipto, pertenecía a una familia judía que había emigrado de Siria. En Alejandría recibió una educación judía y luego estudió ingeniería en la Universidad local. A la edad de 20 años se unió al movimiento sionista y comenzó a desarrollar actividades proisraelíes. En 1957 emigró a Israel, en donde trabajó como traductor de diarios árabes para la inteligencia israelí, entre otras ocupaciones.

Luego fue reclutado para la unidad 188 de Tzahal que se dedicaba a actividades de inteligencia, formándose como espía. A partir de los años 60 comenzó la etapa más importante de su carrera. En 1961 se lo envió a la Argentina, en donde se le dotó de una identidad falsa como un árabe sirio, con el nombre de Kamel Amin Tsa’abet. Se presentaba como un hombre que se ocupaba del comercio, y con una simpatía singular logró generar amistades en el círculo comunitario árabe sirio local. Al año siguiente se mudó a Damasco.
Llegó a Siria como un hijo pródigo, un patriota nacionalista que vuelve del exilio después de varios años. Alquiló un departamento en las cercanías del Comando General del ejército sirio y rápidamente ganó la confianza de varios militares y oficiales del gobierno. Obtuvo así información vital sobre los planes operativos militares y los contactos sirios con las organizaciones terroristas palestinas. Sus informes eran enviados por radio y por cartas secretas a la inteligencia israelí. En esos tiempos, su logro más renombrado fue su viaje a las fortificaciones sirias en los Altos del Golán.

A pesar de que la historia puede ser apócrifa, muchos dicen que Cohen sugirió que se plantaran eucaliptos alrededor de los búnqueres militares sirios de los Altos del Golán, desde los cuales los morteros apuntaban directamente a Israel. Cohen arguyó que esos árboles proporcionarían cobertura natural para los puestos de avanzada. Después de que esta sugerencia fuese llevada a cabo por los militares sirios, Cohen envió la información a Israel. Estos detalles fueron muy útiles en la Guerra de los Seis Días, 1967, cuya aviación utilizó estos árboles recién plantados como guía, destruyendo fácilmente la mayoría de las bases sirias.

Cada seis meses salía de viaje a Europa, decía que era por negocios, ahí se encontraba con sus superiores israelíes y también aprovechaba para viajar a Bat Yam a visitar a su familia. En 1964 fue transferido al Mossad como parte de la reorganización del sistema de inteligencia israelí. En esos días los planes sirios estaban enfocados en dos grandes objetivos: atacar el Acueducto Nacional israelí, que transportaba el agua de la región norte a la semidesértica región del Neguev, y en colaborar con la creación de la organización terrorista palestina Fataj
Cohen trabó amistad con generales de alta graduación, tenía fama de organizar fastuosas fiestas en las que no faltaban las mujeres y el alcohol. Gracias a esto se hizo muy popular entre los altos mandos militares sirios y destacadas figuras políticas del partido Baath. Relatan que la relación de Cohen con el poder sirio era tan íntima, que llegó a ser considerado el tercero en la línea de sucesión para convertirse en presidente de Siria. Con semejantes vínculos, fue capaz de obtener una amplia información sobre los pilotos de las Fuerzas Aéreas Sirias, incluyendo sus nombres, códigos reales e información de sus familias.

En enero de 1965, arribó al puerto de Latakia un cargamento soviético de aparatos de comunicación inalámbricos de última generación. Cohen desconocía el arribo de este material que permitió a las fuerzas militares apresarlo in fraganti enviando mensajes de radio, aunque existen diversas versiones sobre cómo fue atrapado en su casa. El 24 de enero, Siria anunció oficialmente su detención. Luego de un juicio a puertas cerradas se lo condenó a morir en la horca. El 18 de mayo, a las 2 de la madrugada fue conducido por una caravana militar a la plaza céntrica El Marje, y su cuerpo estuvo colgado durante horas, ante el público en general, con un extenso cartel que describía sus crímenes y su servicio al enemigo.

De nada sirvieron los esfuerzos internacionales para que Siria cambiase la sentencia de muerte, incluso el pedido del Papa Pablo VI. Israel solicitó su liberación a cambio de ayuda humanitaria en remedios, dinero, pero los sirios lo rechazaron terminantemente. El gobierno de Damasco​, hasta el día de hoy rechaza devolver los restos de Eli Cohen a su familia para un entierro en Israel.

Dos años después, al concluir la Guerra de los Seis Días, el primer ministro israelí Levi Eshkol, comentaba que la información que aportó Eli Cohen fue vital para la guerra, muchos soldados salvaron sus vidas por el conocimiento que tenían del enemigo y esto permitió una gran victoria.

Hoy Eli Cohen es considerado un héroe nacional, pero con los años crecieron en Israel las críticas hacia aquellos que no evitaron que Eli regrese a su misión cuando se tenía conocimiento de las serias sospechas sirias sobre su actividad como espía; o que se lo obligara a enviar cotidianamente informes, muchas veces irrelevantes, facilitando su ubicación y captura

En octubre de 2011, visitó Israel un activista kurdo iraquí que compartió con Eli Cohen la misma celda en la que estaba alojado y comentó que en una de las paredes del calabozo vio unos grabados en hebreo y en árabe que había dejado el espía israelí, en donde se podía leer: “no me arrepiento de lo que hice, si tengo un dolor es por lo que no pude hacer. A veces un hombre fracasa por los amigos que lo hacen fracasar”.

Helueni