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Weizmann y Balfour, una diplomacia fundacional

En una hermosa pero fría noche del invierno inglés, el Ministro de Relaciones Exteriores del Imperio británico, Arthur James Balfour salió de su casa acompañando a su huésped, Jaim Weizmann, quien previamente había cenado con él. Había pasado ya la medianoche y el líder sionista continuaba explicando con entusiasmo, ante la suma
atención de su anfitrión, el interés del movimiento que él representaba en crear un protectorado judío en Eretz Israel.

En su profusa exposición previa, Weizmann le hizo conocer al líder británico el mandato histórico de la nación judía en diseñar y crear dicho protectorado en su tierra histórica y ancestral. Si bien la explicación fue política, los conceptos utilizados por el líder sionista contenían un profundo sentido ético religioso, muy cercano a los
sentimientos cristianos de su interlocutor. Dichas ideas eran afines a las de los grupos cristianos sionistas quienes legitimaban el derecho bíblico judío sobre la tierra prometida. El encuentro resultó prometedor, a tal punto que en una reunión de gabinete del ministro, en marzo de 1917, Balfour se declaró sionista.

Jaim Azriel Weizmann, había nacido un 27 de noviembre de 1874 en Motol, en el Imperio Ruso. Pertenecía a una familia judía acomodada; en su juventud cursó estudios universitarios en Berlín y Ginebra. En 1904 emigró a Londres, donde trabajó como investigador en el Departamento de Química Orgánica en la Universidad Victoria de
Manchester. Al promediar la Primera Guerra Mundial se lo nombró para dirigir un laboratorio especial del gobierno británico destinado a aumentar la producción de proyectiles de artillería.

Es esos tiempos Weizmann daba muestras de ser el principal arquitecto de la alianza entre el Movimiento Sionista y Gran Bretaña. Si bien valoraba la gran labor que había realizado T. Herzl, consideraba la gestión del precursor del sionismo como exageradamente dialéctica y poco productiva en los logros. Ambos tenían en común, el haber desarrollado la aptitud de relacionarse con la alta sociedad europea y les complacía encontrarse con ella en las reuniones sociales y de salón. Weizmann supo aprovechar su popularidad como científico para relacionarse con periodistas,
parlamentarios y con altos funcionarios del Estado, como Balfour.
Incluso también logró despertar el interés en el sionismo del juez de la suprema corte de los EEUU.

Louis Brandeis, prestigioso jurista de familia judía, quien posibilitó que el presidente norteamericano Woodrow Wilson no se oponga a una solución nacional para los judíos.

Lo que Herzl no había podido obtener de los otomanos, lo consiguió Weizmann de los británicos, fue el 2 de noviembre de 1917, bajo la forma de la Declaración Balfour. El documento reconocía el derecho del pueblo judío a establecer su Hogar Nacional en la tierra de Israel. Acuerdo que se transformó en la piedra basal de la política sionista.
Weizmann logró que Gran Bretaña reconozca y acepte las spiraciones nacionales del movimiento sionista, y para él significó su primer gran triunfo y la consolidación de su política. En una carta que Weizmann le envió a Balfour valorando la dimensión política y de estadista del inglés, comparó la declaración británica con otra gran declaración bíblica, la del rey Ciro el grande, quien alentó a los judíos exiliados en su destierro en Babilonia a volver a su tierra, a su patria.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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