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El 18 J. La catástrofe de AMIA

En ese mismo edificio, el viernes de la semana anterior al masivo crimen, había capacitado a docentes de escuelas judías en la disciplina de Historia; capacitaciones en esta y otras áreas que se realizaban dos veces por año para todos los docentes de la amplia red escolar judía, e inclusive para profesionales que venían del exterior.

Pocos días después del trágico atentado, llegó a la Argentina una delegación de psicólogos israelíes especialistas en catástrofes para colaborar con los profesionales locales en mitigar la angustia por el terrible impacto sufrido. Uno de los visitantes, en su exposición, nos alertaba que después de la “bomba exterior” iba a detonar la “bomba interior” y que nada sería igual que antes. Si debería expresarlo en términos o conceptos historiográficos, debería decir que la explosión significó un corte histórico, un antes y un después, no sólo por las víctimas y el infinito dolor de sus familiares y seres queridos, sino fue el fin de una época comunitaria para el inicio de otra.

Como en toda tragedia, los coletazos y los efectos no son mensurados solamente en el crimen masivo, que de por si no tiene parangón. La bomba hizo desaparecer una AMIA vital. Durante décadas todo aquel que visitaba asiduamente el edificio de la AMIA, encontraba departamentos y profesionales que representaban el referente cultural, académico, político y plural de toda una comunidad.

La mutual judía era el faro cultural de toda la comunidad, los festivales artísticos, los encuentros con intelectuales de todas las ramas del pensamiento. Sus actividades se informaban y difundían en el periodismo judío que llegaba prácticamente a toda la colectividad.

Una Central Pedagógica, el Vaad Hajinuj Hamerkazí, en el famoso 4° piso, que abría las puertas a los jóvenes a iniciarse en la docencia judía. Un “Instituto Superior de Formación Docente” que formaba a estos jóvenes judíos en la continuidad de nuestro pueblo.

Durante mis años de profesor de instituciones secundarias recuerdo las visitas que realizaba con mis alumnos a la Biblioteca del IWO (Instituto Judío de Investigaciones), allí los jóvenes se encontraban con fuentes, documentos, textos, expresiones de arte, e incunables, en los más variados idiomas, ydish, hebreo, polaco, ruso, entre otros, donde podían conocer y dimensionar la vastedad y la diversidad de la cultura judía centro europea de tiempos de la pre guerra. Sin olvidar los famosos “Mes del Libro Judío”, que se realizaban anualmente en el teatro de la planta baja del edificio y que convocaba a un nutrido y diverso auditorio. Además el recinto permitía disfrutar de expresiones teatrales multitemáticas y en diversos idiomas.

Era la casa de la comunidad judía de Bs. As. En esa AMIA cabían todas las voces de la multifacética vida judía, se daba un valioso encuentro e intercambio de intelectuales y activistas del más diverso arco del pensamiento judío: laico y religioso, en sus más variadas corrientes, liberal y socialista, ydishista y hebraísta, era una casa plural en la que todos eran pares.

A 24 años del aciago día, a casi un cuarto de siglo, nos encontramos aún sin justicia, recordar a aquella AMIA no pretende ser una evocación nostálgica ni intenta resignificar el pasado frente al presente, es simplemente un homenaje a una casa emblemática, a aquellas personas y a una época que la bestialidad humana arrancó para nunca más volver.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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