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Los niños de la cueva

La cueva puede remitirnos a la famosa cavidad de la que habla Platón con sus sombras, sus dudas y certezas y tal vez, por qué no, al útero materno. Sobre todo si le agregamos un medio líquido.

12 niños y su entrenador quedaron atrapados en una cueva en Tailandia.
Resuena la palabra “milagro”.

Mientras en nuestras pampas, a veces tan lejanas del gran mundo, no siempre para bien, discutimos sobre si aborto sí o no, otros niños ya nacidos luchan por preservar su vida.

Lejos de intentar definir postura al respecto (Aborto), imposible no tenerlo presente. El afuera nos impregna queramos o no.

Y es que como dice el gran Schopenhauer: “la vida quiere vivir”
Como si de un segundo nacimiento se tratara la noticia reza… “no saldrán al mismo tiempo”, es acaso eso posible a la hora de nacer.
Nacemos individualmente. También partimos de la misma forma.

Sabemos por la misma fuente periodística (Nota de Clarin 5/7) que se les instalará un cable de fibra óptica para que puedan comunicarse con los padres que se hallan obviamente fuera de la cueva. Algo así, siguiendo las superposiciones de escenas como una especial ecografia de la situación, visto desde afuera. Adentro el clima es otro. Adentro quieren que sepan que están vivos.

El deseo humano en su eterna contradicción. Vida versus muerte. Matar o morir. Salvar vidas y arriesgar vidas. Bueno o malo.
¿Será siempre necesaria la dualidad?

Desde nuestra constitución somos seres racionales viviendo en cuerpos animales. A ambos reinos pertenecemos. A los dos nos debemos. Cada quien en su especial combinación de fuerzas.

Es duro cuando leemos noticias como ésta en donde niños quedan atrapados en una cueva a miles de kilómetros luchando por sobrevivir.
Tailandia nos huele a importado. A lejano.
Sin embargo nos atrapa, convoca nuestra atención. Queremos saber. Ellos se parecen en algo a nosotros.

Saber que nunca se satisface ese especial deseo de saber y siempre puede amenazar con voltearnos del lado de lo perverso de observar el sufrimiento ajeno. Un riesgo que debemos correr.
La curiosidad mató al gato. Pero murió sabiendo.

Una especial obra de teatro con actores vivos… y tal vez, con suerte, ninguno muerto.
El velo de lo trágico que se corre y deja entrever lo precario de la vida.
Complace en algún lugar secreto descubrir que afortunadamente es la vida de otros.
Lejanos… “Made in”.

Agua, inundación, cueva…
Podría tratarse claramente del relato bíblico de Noe.
El segundo nacimiento de la humanidad.
¿Será el segundo de estos jóvenes?

¿Y Dios?
Dios en la nube que vertió la lluvia que inundó la cueva. Y Dios en los rescatistas que arriesgan su vida para salvarlos.
Al fin de cuentas está en todos lados nos dice la biblia.
Y Dios en el libre albedrío que los condujo allí.

¿Dios observa desde las lejanas pampas o interviene?
¿Es bueno o es malo?
¿Existe o no?
La dualidad de siempre.
Difícil tarea la del pensamiento.
Pensar … tal vez actuar. He ahí el dilema.

Licenciado en psicología Rodrigo Reynoso

[email protected]

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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