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Murió la hija de Himmler, uno de los “arquitectos del Holocausto”

Su muerte fue reportada por primera vez por el diario alemán Bild, que también confirmó que Burwitz había trabajado durante dos años en la agencia de inteligencia extranjera de la Alemania Occidental. El historiador y jefe de la agencia, Bodo Hechelhammer, confirmó al periódico que Burwitz había ocupado el puesto de secretaria bajo un nombre falso a principios de la década de los sesenta. El organismo no hace comentarios sobre empleados actuales o pasados hasta que hayan muerto.

Burwitz, cuyos partidarios y detractores, a veces, la llamaban “la princesa nazi”, permaneció impenitente y leal a su padre hasta el final.

Aunque visitó un campo de concentración, negó la existencia del Holocausto y, en los últimos años, ayudó a proporcionar dinero y consuelo a ex nazis condenados o sospechosos de crímenes de guerra.

En el momento de su nacimiento, en 1929, su padre estaba consolidando el poder como líder del cuerpo paramilitar nazi de élite, también conocido como las SS. Himmler también comandó la policía secreta alemana, la Gestapo, y estableció el sistema de prisión y campos de concentración en el que perecerían más de 6 millones de judíos. La única persona que superaba a Himmler en la jerarquía nazi era el propio Hitler.

A lo largo de la década de los treinta y a principios de la década de los cuarenta, Himmler, con sus gafas y su aspecto mediocre, disfrutó de tener a Gudrun a su lado, como un símbolo rubio y de ojos azules de la juventud aria. En un diario, que más tarde fue confiscado por las autoridades aliadas, se publicó que a la niña le gustaba ver su reflejo en las pulidas botas de su padre. Asistió a las fiestas de Navidad con Hitler, quién le regaló muñecas y chocolates.

Cuanto tenía 12 años, Gudrun acompañó a su padre al campo de concentración de Dachau, que fue el sitio de experimentos médicos nazis y ejecución de decenas de miles de personas.

Gudrun recordaba la visita en su diario: “Hoy fuimos al campo de concentración de las SS en Dachau. Vimos todo lo que pudimos. Vimos el trabajo de jardinería. Vimos perales. Vimos todas las pinturas pintadas por los prisioneros. Maravilloso”. “Y después comimos mucho. Fue muy agradable”, decía.

Cuando el Tercer Reich cayó en mayo de 1945, Gudrun, de 15 años, y su madre huyeron al norte de Italia, donde fueron arrestadas por las tropas estadounidenses. Himmler fue capturado por las fuerzas rusas el 20 de mayo de 1945 y fue transferido a las autoridades británicas. Tres días después se suicidó mordiendo una pastilla de cianuro que había ocultado.

Gudrun y su madre estuvieron detenidas durante cuatro años en varios centros de detención en Italia, Francia y Alemania. Ella se negó a creer que la muerte de su padre fue un suicidio y sostuvo que había sido asesinado por sus captores británicos. Estuvo presente en algunos de los juicios por crímenes de guerra de los asociados de su padre en Nuremberg (Alemania).

“Ella no lloró, sino que inició huelgas de hambre”, escribieron Nortert y Stephen Lebert en El guardián de mi padre, su libro de 2002 sobre los hijos de los líderes nazis. “Perdió peso, enfermó y dejó de desarrollarse”.

Después de su liberación, madre e hija se establecieron en la ciudad de Bielefeld, en el norte de Alemania, donde Gudrun se entrenó como modista y encuadernadora. Ella encontró difícil mantener un trabajo estable debido a su historial familiar.

En 1961, se unió al servicio de inteligencia alemán como secretaria bajo un nombre falso y trabajó en la sede que quedaba cerca de Munich. Fue despedida en 1963, cuando las autoridades de la Alemania Occidental revisaron la presencia de ex nazis en el gobierno.

A finales de la década de los sesenta se casó con Wulf-Dieter Burwitz, un escritor que se convirtió en un oficial de un grupo político de derecha y se instaló en un suburbio de Munich. Tuvieron dos hijos.

Gudrun Margarete Elfriede Emma Anna Himmler nació el 8 de agosto de 1929 en Munich. Aparte de una breve entrevista concedida en 1959, no se sabe que haya hablado en público sobre su padre o su vida posterior.

Sin embargo, a menudo, llevaba un broche de plata que le había regalado su padre, que representaba las cabezas de cuatro caballos dispuestos en forma de una esvástica.

También era conocida por estar activa en un grupo llamado “Stille Hilfe”, o ayuda silenciosa, que se formó en la década de los cuarenta para ayudar a los fugitivos nazis a huir de Alemania, particularmente a Sudamérica, y para mantener a sus familias.

La organización está “estrechamente vinculada a varios movimientos neonazis proscritos y promueve activamente el revisionismo: la noción de que el Holocausto nunca ocurrió y que los judíos provocaron su propia caída”, según comentó Andrea Roepke, una autoridad alemana sobre los neonazis, durante una entrevista con el Daily Mail en 1998.

Entre los seguidores del grupo, Burwitz era “una deslumbrante princesa nazi, una deidad entre estos creyentes en los viejos tiempos”, decía el autor alemán Oliver Schrom, que escribió un libro sobre “Stille Hilfe”.

Burwitz asistió a reuniones secretas de oficiales nazis de las SS, a menudo en Austria, y puede que en 2014 fuera una de las últimas reuniones a las que asistió.

“Todo el tiempo estuvo rodeada de ex hombres de alto rango de las SS”, dijo Roepke después de asistir a una de esas reuniones. “Estaban pendientes de cada palabra de ella. Todo era bastante amenazante”.

Burwitz también brindó apoyo, a través de “Stille Hilfe”, a criminales de guerra nazis condenados, incluyendo a Klaus Barbie, un oficial de las SS apodado “el carnicero de Lyon” y Anton “hermoso Tony” Malloth, que fue declarado culpable de matar a prisioneros en el campo de concentración de Theresienstadt.

Malloth fue condenado a muerte in absentia por un tribunal en la República Checa, pero se informó que Burwitz ayudó a organizar su estancia en una residencia para la tercera edad a las afueras de Munich, en un terreno propiedad del oficial nazi Rudolf Hess.

“Nunca hablo de mi trabajo”, dijo en 2015 cuando el periodista británico Allan Hall la confrontó en su casa. “Solo hago lo que puedo y cuando puedo”.

“Vete”, dijo su esposo. “No eres bienvenido”.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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