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Israel homenajeará a un ciclista que salvó a 800 judíos de la muerte

La historia de Gino Bartali da de sí para varias películas. No sólo ha sido uno de los mejores ciclistas de la historia, sino que también consiguió salvar a centenares de vidas en la Italia de Mussolini.

El ciclista italiano, vencedor de dos Tours y tres Giros, nunca alardeó de las vidas salvadas porque consideraba que, simplemente, había hecho lo correcto.

La segunda Guerra mundial había cortado de raíz las grandes citas deportivas del mundo. Desde el Mundial de fútbol hasta las Olimpiadas y el Tour de Francia. Gino Bartali, era el gran ciclista del momento y el héroe nacional. En esa época tan difícil se dedicó a entrenar a diario por los caminos que unían su Toscana natal con la vecina Umbría, aunque si alguien hubiera estudiado sus rutas hubiera caído en la cuenta de que una de ellas la repetía con demasiada frecuencia, evitando, eso sí, los caminos con más afluencia. Esa ruta no era otra que la que separaba Florencia del Monasterio de Asís.

El propio Mussolini utilizaba a Bartali como propaganda del régimen y exhibía a su estrella ciclista como un trofeo e imagen del régimen. Por ese motivo resultaba impensable que fuera llamado a filas. A pesar de este trato especial, hay que decir que cuando ganó su primer Tour de Francia en 1938, el ciclista rechazó la posibilidad de dedicar el triunfo a Mussolini, tal como era la costumbre. A pesar de todo, a ojos de muchos pasó por ser un corredor del régimen, cuando en realidad él renegaba del fascismo y, por supuesto, aborrecía el nazismo.

A espaldas de todos, Bartali, aparentemente tan sólo se limitaba a entrenar jornada tras jornada, pero en realidad formaba parte de una trama secreta que salvaría cientos de vidas.

El cerebro de la operación era el arzobispo de Florencia

A los mandos de esta red de salvamento se encontraba el obispo Ellia Dalla Costa, que ideó un plan para rescatar al mayor número de judíos posible. Gino Bartali practicaba la fe, era miembro de la Acción Católica. Se había convertido tras la muerte de su hermano menor, Giulio, también ciclista, quien a los veinte años había sido arrollado por un coche durante una carrera.

En noviembre de 1943 Mussolini había decretado el arresto de todos los judíos que residían en Italia. El papa Pío XII, mostró firmemente su rechazo en una carta enviada a Mussolini y la red clandestina en la que se involucró Bartali contó con la colaboración de cientos de católicos entre los que se encontraba no sólo el arzobispo de Florencia, Angelo Dalla Costa, también participaron monjas de clausura, frailes y monjes. Todos ellos prestaron su ayuda a la Delegación de Asistencia a Emigrantes Judíos. El objetivo era buscar una vía de fuga para que los judíos pudiesen escapar del nazismo a través de Francia y Yugoslavia facilitando documentación falsa a quienes querían huir, una misión en la que Bartolí cumplió un papel trascendental.

El Obispo Dalla Costa encontró a un impresor de confianza que falsificaba los documentos, pero necesitaba que alguien los transportara. Quien mejor que Gino Bartolí. Los pasaportes falsos se confeccionaban en imprentas clandestinas habilitadas en los sótanos de conventos e iglesias, por lo que su tarea consistía en servir de correo, recoger los documentos falsificados y transportarlos hasta las iglesias indicadas, donde eran recogidos por los sacerdotes que ayudaban a esta red.

Durante prácticamente un año, el ciclista pedaleó semanalmente los 175 kilómetros que separaban su hogar del Monasterio de Asís, donde dejaba los documentos falsos para que fueran repartidos. Gino los escondía dentro del hierro hueco del cuadro de su bicicleta y bajo el sillín. A pesar de que en muchas ocasiones se encontró con controles policiales, nadie sospechaba del héroe nacional. No hay que olvidar que era uno de los hombres más famosos de Italia. Eso sí, de haberle descubierto, lo hubieran fusilado, tanto a él como a su familia, por lo que cada día se jugaba la vida.

Se calcula que gracias a este servicio de correo salvó la vida de unos 800 judíos italianos.

Gino Bartali se fue a la tumba con su secreto

Una vez acabado el conflicto Bartali retomó la competición y consiguió ganar su segundo Tour en 1947, y otro Giro.

En el año 1954 se retiró del deporte de competición. Pero uno de los rasgos que hacen aún más grande a este ciclista es que durante su vida nunca quiso revelar que había sido un héroe durante la Segunda Guerra Mundial.

Hubo que esperar al año 2003, tres años después de su muerte, cuando se descubrieron unos papeles donde se detallaban las rutas que realizaba Bartali para transportar los documentos falsos. Su hijo Andrea declaraba al semanario Tempi en 2013 que su padre “Era muy humilde y no quería contar todo lo que había hecho por los judíos: El bien se hace, pero no se dice, ¿si no qué bien es ése? Siempre quiso mantener en silencio esta historia”

En la biografía Road “To Valor”, se detalla además que el ciclista también escondió a una familia judía, los Goldenberg, en una casa que poseía en Florencia, adonde se acercaba cuando podía para llevarlos. En este mismo libro también se describe que en una ocasión unos judíos que huían en tren tenían que cambiar de vagón en una estación muy vigilada. Para despistarlos y facilitar su fuga, montó “jaleo” en el andén de la estación, poniéndose a firmar autógrafos entre los soldados.

Gino Bartali murió en mayo de 2000 a los 86 años. En septiembre de 2013 fue nombrado “Justo entre las Naciones” un reconocimiento que otorga Israel a quien ayudó a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Helueni