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La antesala del Terror

La campaña antijudía se endureció en el año 1937 y a principios de 1938, los pasaportes de los judíos alemanes fueron confiscados. En el mes de abril los judíos fueron obligados a registrar todos los bienes que poseían. En agosto, los nombres usados por los judíos fueron regulados y se definió el concepto de “negocio judío”. Todo lo realizado tenía por objetivo empujar a los judíos a emigrar, fuese cual fuese el precio.
El atentado perpetrado por Herschel Grynszpan, el 7 de noviembre de 1938, fue un incidente oportuno y el momento indicado para profundizar el plan de degradación de los judíos e incitar a la población a movilizarse a castigarlos físicamente y destruir sus bienes. La terrible diatriba y la incesante prédica de la prensa nazi antijudía lograron el objetivo: el 8 de noviembre, conspicuos dirigentes del partido instigaban a la población a salir en un pogromo contra los judíos en todo el país. Durante la jornada, previo a la fatídica noche, ya abundaron la quema de sinagogas, el saqueo, la destrucción de bienes de propiedad judía y la vejación de personas; la intención era dar “rienda suelta a la ira del pueblo”, como lo registró el ministro Goebbels en su diario. Más tarde el gobierno se aseguró de que la gente actuara organizadamente y dio instrucciones sobre lo que se debía hacer y sobre lo que no se debía hacer.
En el gobierno se recibió una llamada de Munich a través de la cual se comunicaba la orden de Goebbels de emprender acciones contra los judíos. La orden fue transmitida a los subordinados, quienes a su vez pusieron en marcha el pogromo asignando las principales funciones a hombres de las SA y SS vestidos de civiles. La Gestapo no debía intervenir excepto si era necesario para garantizar el cumplimiento de ciertas normas relativas a las “manifestaciones”, estas fueron:
• No incendiar las sinagogas situadas en zonas que podían poner en peligro los edificios vecinos.
• Destruir pero no saquear las tiendas y casas judías
• No dañar los negocios no judíos;
• Y no molestar a los extranjeros, aunque fuesen judíos
En cuanto los oficiales de la Gestapo, al ser liberados de las responsabilidades de control, debían detener a todos los judíos varones que cupiesen en los calabozos locales, sobre todo hombres acaudalados y no excesivamente mayores. Desde un primer momento se lo quiso presentar como una reacción de violencia espontánea del pueblo alemán ante la agresión judía; era sabido que el régimen nazi tenía planificada una acción de esta magnitud desde hacía tiempo y que debía estallar en el momento oportuno y ese momento había llegado, como quedó demostrado por la profusa documentación con las muy precisas instrucciones que ordenaron las autoridades nazis. Al atardecer del día 9 de noviembre los ataques iban a comenzar.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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