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El judaísmo de la U.R.S.S. en tiempos de Lenin y Stalin

Pese a la anulación de las “restricciones por motivos religiosos y étnicos”, los años de la guerra civil fueron el periodo en el que se registraron la mayor cantidad de pogromos y agresiones a judíos. En el caos de la contienda se registraron 1236 actos antisemitas, entre ellos 887 pogromos, la gran mayoría de éstos se produjeron en el este de Ucrania y Bielorrusia. Se estima que el número de víctimas mortales entre los judíos en aquellos años ronda entre las 100.000 y 250.000 personas. Aunque en los pogromos participaron efectivos de todas las partes beligerantes, fue el Ejército Blanco, el ejército nacionalista pro zarista, el autor de las más crueles y sanguinarias acciones, y la mayoría de los crímenes son atribuidos al ejército de nacionalistas y separatistas ucranianos de Simón Petliura, gobernante de Ucrania en 1918-1919.
En 1920, millones de judíos se quedaron en los territorios que se separaron de la nueva Unión Soviética: en Polonia (que anexó parte de Ucrania y Bielorrusia), Lituania, Letonia, Estonia, así como en Besarabia, ocupada por Rumania. Gran parte de los asentamientos judíos que más habían padecido los pogromos atravesaron una profunda crisis. Algunos fueron abandonados por completo. La juventud judía se marchaba a las grandes ciudades, dando preferencia a Moscú y a San Petersburgo.

La revolución bolchevique de 1917 abolió las leyes que consideraban a los judíos como un pueblo fuera de la ley. Mientras que los bolcheviques se oponían a la religión, la postura oficial del nuevo gobierno era oponerse al antisemitismo “en cualquier lugar en el mundo” y expresar sus “sentimientos fraternales para el pueblo judío”, elogiando las contribuciones judías hacia el socialismo internacional. Varios miembros prominentes de las instituciones del gobierno soviético y del Partido Comunista, como León Trotsky, Yakov Sverdlov, Lev Kamenev y Grigory Zinoviev, entre otros, tenían orígenes judíos. En 1918, se crea la “Yevsektsiya” (la sección hebrea) para promover el marxismo, el laicismo y la asimilación judía en la sociedad soviética, traer el comunismo a las masas judías, y destruir el sionismo junto con la cultura judía tradicional. También la “sección hebrea” desplegó una lucha contra los rabinos y el judaísmo tradicional; se cerraron sinagogas y se detuvieron y fusilaron a rabinos; muchos de ellos tuvieron que emigrar del país. Igual de perseguido fue el idioma hebreo cuya enseñanza estuvo prohibida hasta 1988. Se la combatía bajo el argumento que el hebreo era una “lengua muerta” y también por ser el idioma nacional de los judíos adoptado por el sionismo, movimiento que representaba una “amenaza” al internacionalismo socialista.

El nuevo “Consejo de Comisarios del Pueblo” adoptó en 1918 un decreto condenando todo antisemitismo y pidiendo a los obreros y campesinos combatirlo. Las campañas de información contra el antisemitismo se llevaron a cabo en el Ejército Rojo y en los lugares de trabajo, y una disposición que prohibió la incitación a la propaganda en contra de cualquier grupo étnico se convirtió en parte de la legislación soviética. El nuevo gobierno estaba interesado en patrocinar y crear Instituciones seculares judías de la cultura yidish como vehículo para el ingreso individual de los judíos al comunismo soviético, y así debilitar a las comunidades. Al mismo tiempo, las instituciones para la práctica de las tradiciones religiosas entre la población judía fueron suprimidas. En agosto de 1919 propiedades judías, incluyendo sinagogas, fueron confiscadas y se disolvieron muchas “kehilot” (comunidades). Las leyes anti-religiosas en contra de todas las expresiones de la religión y de la educación religiosa, en particular, fueron aplicadas a todos los grupos religiosos, incluyendo a las comunidades judías.

En marzo de 1919, Vladimir Lenin pronunció un discurso “Sobre pogromos contra los judíos”, en el cual trató de explicar el fenómeno del antisemitismo en términos marxistas. Según Lenin, el antisemitismo era un “intento de desviar el odio de los obreros y campesinos de los explotadores hacia los judíos”. Lenin y el partido comunista condenaron enérgicamente los pogromos antisemitas que fueron perpetrados por el Ejército Blanco durante la Guerra Civil Rusa, mientras que las fuerzas blancas identificaban abiertamente a los judíos con el régimen bolchevique.

La situación económica de los judíos comenzó a mejorar en 1921, con la implementación de la Nueva Política Económica (NEP), ésta hizo posible que muchos judíos puedan iniciar pequeños emprendimientos económicos. Aunque la Unión Soviética prohibía la práctica religiosa del judaísmo, dejaba a los judíos espacio para su cultura y sus costumbres, hecho que permitió el florecimiento de la lengua y de la literatura yidish, como pocas veces se registró en su historia.

En 1928, ya en tiempos de Stalin, la campaña colectivista desatada con sanciones en dinero y medidas policiales, liquidó casi todas los pequeños emprendimientos a los que se dedicaban las familias judías. Sólo los artesanos quedaron en condiciones un poco mejores y los jóvenes, quienes podían al menos conseguir empleo en las fábricas del gobierno.
Tras la muerte de Lenin fue Joseph Stalin quien emergió como líder de la Unión Soviética después de una lucha por el poder con León Trotsky. Stalin ha sido acusado de recurrir al antisemitismo en algunos de sus argumentos en contra de Trotsky, quien tenía herencia judía. Los que conocían a Stalin sugieren que él había albergado una profunda animosidad hacia los judíos desde tiempos anteriores a la Revolución. Ya en 1907, Stalin escribió una carta diferenciando a los judíos bolcheviques de los verdaderos rusos revolucionarios. Sus arrebatos antisemitas eran tan crudos como conocidos, solía usar el término encubierto de “antisionismo” para disimular su verdadero antisemitismo.

A pesar de los diferentes proyectos de colectivización, en el año 1928 Stalin y el comunismo soviético toman la decisión de fundar una patria soviética para los judíos “soviéticos” en el lejano oriente ruso, como una alternativa al sionismo que proponía crear un territorio judío en Palestina. Por otra parte, los otros objetivos del proyecto fueron: incrementar el número de asentamientos humanos en el casi despoblado lejano oriente soviético, especialmente a lo largo de la vulnerable frontera con China, y promover la emigración judía hacia un distante y desértico territorio, y provocar el vaciamiento judío de los territorios rusos europeos. Se iniciaba así el sueño del estado autónomo judío llamado “Birobidzhan”.

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