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Los Judíos de la Corte

El nuevo poder político exigía la transformación y remodelación del Estado, límites a la soberanía religiosa, derogación de derechos soberanos de distintas clases sociales, una mayor presencia y desarrollo de la aristocracia y de la burguesía acaudalada, y la consolidación del mercantilismo como política económica de los Estados.

La política del gobernante absoluto debía regirse por criterios racionales tendientes a lograr el bienestar y la riqueza del Estado. Esta concepción recibió el nombre de “Razón de Estado” que a partir de los siglos subsiguientes va a separar la moral de la política y es el Estado quien se convierte en una fuerza revolucionaria. Los Tudor en Inglaterra, los Luises en Francia, los trescientos Estados que componían el Sacro Imperio Romano, entre los más notorios, abrazaron estos nuevos ideales.
Esta revolución política provocó y estimuló un rápido proceso inmigratorio de los judíos atraídos por las posibilidades económicas, políticas, y sociales que los reyes absolutistas les brindaban. Los gobiernos dictaron varios “privilegios” o “cartas de tolerancia” referente a las condiciones de admisión y residencia de judíos en reinos y localidades. En la mayoría de estas declaraciones oficiales, los gobernantes estaban especialmente interesados en admitir a ciertos judíos: los “Hofjude” (Judíos de la Corte), cuyo poder económico y nivel de actividades les aseguraban grandes ingresos y negocios para el Estado. La mayoría de los judíos que eran artesanos, pequeños comerciantes o estudiosos de la Torá, continuaron siendo indeseados en la nueva estructura política. Además, los gobernantes absolutistas tenían una relación especial con esta capa social judía, porque estos los proveían de artículos suntuarios y una amplia gama de productos según sus propias necesidades.

Los judíos de las cortes debían abastecer a sus gobernantes de los productos más variados, con rapidez y precios convenientes. Para ello debían contar con una organización confiable y eficiente, conformada por agentes diseminados por diferentes lugares para que, apenas surgiese un pedido, se pudieran movilizar rápidamente y conseguir los bienes deseados. Utilizaban en su organización a familiares y a agentes amigos que poseían o conseguían privilegios por su relación con otros judíos de las cortes. La complejidad de los negocios requería de los servicios de mucha gente, para ello convocaban a familiares o amigos-socios más pobres, generalmente carentes de privilegios, de vivienda y de toda posibilidad para obtenerlos y los alojaban bajo su protección. Estos eran los que recorrían aldeas y pueblos para buscar y obtener los productos solicitados. Así conseguían grandes cantidades de provisiones, mercaderías, y también los metales necesarios para la acuñación de monedas.

El desempeño de los judíos cortesanos incidía en la calidad de vida de las “kehilot” (comunidades). Usualmente eran nombrados como responsables de todos los judíos ante el poder. Además de ser ellos los dirigentes principales de sus comunidades, debían velar para que las elecciones internas se realicen, asegurar la honestidad y la buena conducta de los miembros comunitarios y requerir opinión sobre directivas y contralor a las autoridades políticas.
Los Judíos de las Cortes eran por lo general personas acaudaladas que se convirtieron en favoritos de la Corte, controlando con frecuencia los asuntos financieros del Estado. Entre los más prominentes de la época y de mayor relevancia europea, se contaban: Laffman Behrends, en Brunswichk, quien aseguró privilegios para los judíos de Hanover; Israel Jacobson, un educador quien estableció una escuela para judíos y cristianos, y consiguió la abolición de la capitación a los judíos en 1815; Samson Wertheimer, en Worms, fue banquero de la corte de Viena, Gran Rabino de Hungría, impidió la publicación de libros antisemitas y creó un fondo de ayuda para los pobres de Palestina; Jacobo Bassevi, en Praga, financista de la Corte, creó fondos de ahorro para los judíos de Bohemia, fue el primer judío que recibió un título de nobleza; Yossi Rosheim, en Viena, brillante financista imperial, intercedió con frecuencia a favor de las comunidades judías de toda Europa; Josef Oppenheimer (el judío Süss), en Württemburg, Ministro de Finanzas que fue acusado de robar fondos del Estado, se negó a convertirse al cristianismo y fue colgado.

Los Judíos de la Corte se vieron favorecidos por las actitudes innovadoras del absolutismo. Estas funciones y responsabilidades de los cortesanos judíos despertaron frecuentemente los celos de muchos opositores por la presencia judía en el poder y provocaron persecuciones a comunidades judías enteras. Pero a su vez, las acciones de ellos favorecieron a la sociedad judía; muchas comunidades utilizaron la influencia de estas personalidades de la aristocracia judía para obtener privilegios o para lograr reinsertarse en países de los cuales se los había desalojado anteriormente.

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