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La tragedia judía en tiempos del zar Nicolás II

El pogromo de Kischinev se caracterizó por la multiplicación de grupos de descontrolados que asaltaron y saquearon comercios y casas, matando y violando a mujeres, niños y ancianos. Los testimonios hablan de una violencia descomunal ante la indiferencia policial; los asesinos, que hacían alarde de sus crímenes, se fotografiaban junto a los cuerpos de niños judíos asesinados en la masacre.

El vandalismo y la bestialidad de los grupos atacantes eran acompañados con lemas que exaltaban a los cristianos a realizar una “sagrada misión”. Estos ataques se repitieron en otros territorios de Rusia Blanca, donde no se permitió actuar a una defensa judía y fueron arrestados los jóvenes que intentaban contrarrestar los ataques. Escritores y poetas judíos testimoniaron la saña y el salvajismo con que se cometieron los crímenes. Describieron como la matanza y el saqueo de Kishiniev adquirió proporciones desconocidas desde los tiempos de Bogdan Chmielnicki, y que los trágicos sucesos obligaban a tomar una real dimensión sobre la triste realidad de los judíos en la Rusia zarista.

El poeta nacional judío Jaim N. Bialik, escribió su famoso poema: “En la Ciudad de la Matanza”, donde no solo describió los trágicos sucesos, sino que planteó la necesidad de adoptar una acción revolucionaria para los jóvenes judíos, y buscar un futuro de independencia. El líder sionista Teodoro Herzl hizo un llamado al Comité de Acción Sionista de Viena, exclamando “¿Hasta Cuándo?”, y efectuó una severa advertencia al pueblo judío disperso e insensible ante los peligros que lo amenazaban, y alertó sobre la necesidad de rescatarlo de su “esclavitud”. Además del pogromo de Kishiniev, se produjeron ataques que culminaron con matanzas masivas, en 1905, en las localidades de Odesa y Bialostok.

El antisemitismo oficial ruso fue una herramienta que utilizaron los zares para desviar la atención del pueblo de la crítica realidad política, económica y social en que se hallaba sumido el imperio, agravada aún más luego de la humillante derrota de los rusos frente a los japoneses en la guerra de 1904-1905. Se estaba en vísperas de grandes revoluciones y los judíos eran para los rusos nacionalistas una excelente excusa para ocultar la realidad.

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