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El rabino feminista

Sócrates escribió: “El comienzo de la sabiduría es la definición de los términos”; aquí está mi definición. Feminista: un feminista es quien valida, alienta y celebra la tendencia femenina. Un feminista, ya sea hombre o mujer, es quien reconoce la prominencia de la femineidad en la unidad de la familia y en las relaciones sociales y comerciales, así como en el desarrollo de una sociedad moderna y moral.

La filosofía judía tradicional enseña que Dios creó campos paralelos para la experiencia y el deseo humano: el masculino y el femenino. El masculino busca poder, el femenino armonía. El masculino es naturalmente desconfiado y busca descubrir la amenaza oculta; el femenino confía por naturaleza y tiene una cualidad especial para descubrir el bien oculto. Al masculino le atrae lo exterior, las cosas concretas; al femenino le atrae lo interior, la belleza y la simetría, los sucesos del alma.

Antes de que mis oponentes ideológicos comiencen su ataque verbal, permítanme por favor agregar una advertencia. A pesar de que de acuerdo al pensamiento judío masculino y femenino son términos absolutos, hombre y mujer no lo son. Todo ser humano es una fusión de masculinidad y femineidad. La mayoría de los hombres tienen algunas tendencias femeninas y la mayoría de las mujeres tienen algunas características masculinas. La diferencia entre mis amigos feministas y yo es que yo creo que el hombre saludable es principalmente masculino y que una mujer saludable es principalmente femenina, mientras que ellos creen que… eso es algo muy malo.
No estamos del todo en desacuerdo; concordamos en que algunas mujeres y hombres van en contra de la corriente y sobresalen en el campo contrario. Concordamos también en que los hombres que nutren y las mujeres que son grandes cazadoras deberían recibir un lugar en la mesa, o incluso en la cabecera de la mesa, si fuese apropiado. Concordamos en que la femineidad es menospreciada cuando es reducida a la belleza externa y la masculinidad es mordaz si no tiene la capacidad de nutrir. Concordamos en que el carácter es más importante que el tono muscular, en que la inteligencia es más atractiva que la figura y en que un interior sano refleja belleza incluso sobre una fachada imperfecta.

La diferencia es que, por lo general, los feministas modernos respetan a las mujeres que exhiben tendencias masculinas, mientras que los feministas tradicionales respetan sus expresiones de femineidad. El feminista moderno dice que eliminar las diferencias de género es romper la barrera discriminatoria invisible que existe; el feminista tradicional dice que éste es un logro individual que no refleja la grandeza del género.

Además, citando una creciente montaña de evidencia empírica, el tradicionalista podría sugerir que exhibir las excepciones como el ideal ha debilitado la satisfacción primordial de millones de mujeres y ha provocado que existan miles de mujeres desconectadas y descontentas en el mundo entero.

Uno de los objetivos principales del feminismo es ayudar a las mujeres que no son tratadas apropiadamente por los hombres —hombres indecorosos que abandonan a la madre de sus hijos y buscan mujeres más jóvenes—. La solución que ellos ofrecen es hacer que las mujeres sean independientes de los hombres durante los años en los que naturalmente hay una orientación hacia el matrimonio, y las alientan a casarse recién a mediados de los 30, para cuando ya se han refinado sus habilidades profesionales. De esta manera, si lo llegaran a necesitar, ellas podrían prescindir de los hombres.

Sin embargo este movimiento —que ha sido establecido para ayudar a las mujeres—, suprime a menudo un importantísimo deseo innato femenino: ser esposa y madre.

Los feministas tradicionales enfrentan el desafío de otra manera. Alientan a las mujeres a casarse jóvenes pero a elegir hombres inspirados que aprecien el hecho de proveer y proteger, cuya relación con Dios y posición en la comunidad no les permita ser deshonrosos. En lugar de alentar a las mujeres a ser tan calculadoras como los hombres, las alentamos a ser lo más positivas y prudentes que puedan, y a que exijan decencia en los hombres.

La ideología del feminismo tradicional refleja la condición humana. El hombre y la mujer fueron creados para crear vida. El hombre provee la semilla y la mujer la nutre y la ayuda a crecer. El hombre provee alimento y refugio, mientras que la mujer construye la parte humana. Puede que las naturalezas individuales varíen o que las relaciones individuales difieran, pero los principios judíos dicen que el matrimonio con dependencia mutua y cooperación de ambos en la crianza de los niños es el secreto para la satisfacción humana.

Mi querida madre permaneció en casa mientras crió a sus once hijos, mientras que mi padre tuvo tres trabajos para pagar las cuentas. Mi madre, que tiene un posgrado en educación, comenzó a trabajar a tiempo completo enseñando en una universidad cuando su hijo menor comenzó la escuela primaria. Si le preguntas, ella reconocerá que su carrera es un logro profesional, pero que ser esposa y madre es una celebración mucho mayor de su femineidad.

Mi esposa y yo tenemos la bendición de tener seis hijos en total, tres varones y tres hermosas hijas. Nosotros estamos educando a nuestras hijas para que usen al máximo los talentos que Dios les dio. Si son talentosas en las ciencias, rezamos para que sean doctoras con un perfil muy protector. Si son talentosas en leyes, rezamos para que se conviertan en abogadas y sean muy humanitarias. Y si después de graduarse de la universidad eligen quedarse en casa y criar a sus hijos, estaremos sumamente orgullosos de ellas por su sana contribución a la vida, a la comunidad y a la bondad en el mundo.

Fuente: Aish Latino

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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