Trump: A Dios rogando y con el mazo dando
*Por Rubén Kaplan
Durante las últimas semanas, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán comenzaron a parecerse a un rompecabezas donde cada pieza nueva parece modificar la imagen completa. Mientras el acuerdo parecía inminente, surgieron nuevas dilaciones; a los anuncios de avances siguieron desmentidas; y algunas cuestiones que parecían encaminadas volvieron a introducir incertidumbre. Irán y Estados Unidos continúan expresando un moderado optimismo, aunque ambos procuran contener las expectativas sobre un desenlace inmediato.
La escena recuerda el viejo dicho popular: a Dios rogando y con el mazo dando. Donald Trump, quien recientemente advirtió a sus detractores que él no hace malos acuerdos, parece moverse precisamente entre esas dos dimensiones. Por un lado insiste en la necesidad de alcanzar un acuerdo histórico y evitar una nueva escalada militar; por otro mantiene presión política, advertencias y escenarios alternativos si las negociaciones fracasan. La dualidad tampoco parece limitarse exclusivamente al terreno diplomático. Mientras circulaban versiones sobre la proximidad de un acuerdo, el propio Trump publicó una imagen mostrando un avión lanzando una bomba, un gesto que muchos interpretaron como una señal adicional de que, aun mientras se hablaba de entendimiento y negociación, la presión y la posibilidad del uso de la fuerza continuaban formando parte de la ecuación.
Sin embargo, el principal interrogante ya no parece limitarse a la posibilidad de lograr una salida diplomática, sino a determinar exactamente sobre qué se estaría acordando.
Algunas versiones indican que Irán discutiría la entrega o eliminación de parte de sus reservas de uranio enriquecido durante un período posterior de aproximadamente sesenta días, mientras otros reportes sostienen que las sanciones, los fondos congelados y distintos mecanismos de alivio económico formarían parte del proceso negociador.
Precisamente allí aparecen algunas de las mayores inquietudes israelíes. Desde Jerusalén existe preocupación ante la posibilidad de que las negociaciones terminen postergando cuestiones consideradas esenciales: el destino definitivo del uranio enriquecido, el desarrollo misilístico iraní y la red regional de organizaciones aliadas sostenidas por Teherán.
Diversas voces israelíes y también algunos senadores estadounidenses expresaron temor ante un escenario que alivie presiones inmediatas sin resolver problemas estructurales. Entre ellos, el senador republicano Lindsey Graham, quien manifestó preocupación por términos que podrían permitir la supervivencia y consolidación del régimen iraní, advirtiendo además que un escenario que dejara a Teherán en una posición fortalecida dentro de la región podría conducir a una “pesadilla para Israel”.
A ello se agrega una percepción inquietante en ciertos sectores israelíes: la de un Israel aparentemente desplazado hacia un papel menos visible dentro de una negociación cuyos efectos podrían impactar directamente sobre su seguridad. Informes recientes señalan las limitaciones reconocidas por el propio Benjamin Netanyahu para influir sobre determinadas decisiones de Trump relacionadas con Irán. Pero la pregunta permanece abierta: ¿Israel quedó realmente al margen o simplemente Washington asumió el protagonismo visible de una estrategia más amplia?
Las versiones que comenzaron a circular sobre posibles ampliaciones futuras de los Acuerdos de Abraham añaden todavía más confusión. Entre los nombres mencionados aparecen Qatar y Pakistán, países cuyas relaciones con Israel históricamente estuvieron marcadas por fuertes tensiones políticas y por la ausencia de vínculos diplomáticos formales, circunstancias que vuelven difícil imaginar una incorporación inmediata desde la perspectiva actual.
Quizá la verdadera paradoja consista en que, cuanto más se habla de un acuerdo histórico, menos claro parece resultar su contenido definitivo.
Porque si las cuestiones centrales —el uranio enriquecido, el programa misilístico y la capacidad estratégica iraní— permanecen desplazadas hacia etapas futuras, la incertidumbre y los riesgos que ello implica podría terminar convirtiéndose en el verdadero núcleo de la negociación.
*Rubén Kaplan
Periodista y escritor
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