El Guardián de los Nombres: Memoria de un Forense tras el 7 de Octubre
El peso del último informe
El silencio virtual que habita hoy en los pasillos del Instituto Forense de Israel es de una naturaleza distinta. No es el vacío de la ausencia, sino el peso del deber cumplido. Tras más de dos años de una labor que desafió los límites de la resistencia física y emocional, esta última semana pusimos nombre al último cuerpo recuperado de los asesinados y secuestrados de Israel aquel 7 de octubre de 2023. Al firmar ese último informe, sentí que una cadena invisible, que me mantenía anclado a la oscuridad de aquel sábado, finalmente se tensaba y se rompía.
Terminar no es solo una cuestión de archivos cerrados. Es el momento en que el profesional se quita los guantes, apaga el secuenciador de ADN , el tomógrafo y se encuentra, por primera vez, cara a cara con el dolor que había postergado para poder ser útil. Durante 842 días, mi identidad se disolvió en la de las víctimas. Fui sus ojos, sus huesos y su voz. Hoy, vuelvo a ser solo yo, pero con el alma tatuada por las historias que tuve que reconstruir.
La Ciencia como Trinchera: El Desafío Técnico y Ético
Cuando el horror llegó a nuestras puertas, no trajo consigo una guía de instrucciones. Los protocolos estándar de desastres masivos (DVI – Disaster Victim Identification) se quedaron cortos ante la magnitud y la crueldad de lo que recibimos. No nos enfrentábamos solo a la muerte, sino a un intento sistemático de borrado de identidad.
El uso de acelerantes de fuego a temperaturas extremas convirtió la identificación en una labor casi arqueológica. Trabajamos con fragmentos que desafiaban la biología. En el laboratorio, la precisión era nuestra única forma de respeto. No podíamos permitirnos un solo error; una identificación errónea no solo era un fallo profesional, era un sacrilegio contra una familia que ya lo había perdido todo, porque cada pérdida era un mundo, algo que ninguna colectividad en el mundo podría entender.
Pasamos noches enteras calibrando equipos para extraer ADN de muestras calcinadas que en cualquier otro contexto se habrían considerado “no aptas”. Pero en Israel, el “no apto” no existía. Cada milímetro de tejido era una promesa. Recuerdo el sonido constante de las máquinas de CT, procesando imágenes tridimensionales de restos que el ojo humano apenas podía distinguir, buscando una pequeña placa dental, una prótesis quirúrgica con un número de serie, o la morfología de un seno frontal que coincidiera con una radiografía antigua.
El Espejo de los Vivos: La Revisión de los Secuestrados
A menudo se piensa que el forense solo trabaja con los muertos, pero mi misión se desdobló en una realidad quizás más compleja: la revisión clínica y forense de los secuestrados que regresaron con vida.
Esta fue la dualidad más difícil de gestionar. En la morgue, trataba con el silencio absoluto de la muerte. En la clínica, trataba con el silencio traumático de los vivos. Examinar sus cuerpos era como leer un mapa del horror contemporáneo. Atender a un niño que había olvidado cómo hablar en voz alta por el miedo a ser castigado en los túneles, o a una mujer cuya mirada seguía fija en una oscuridad que ya no estaba frente a ella, requería una sensibilidad que no se enseña en la facultad de medicina.
Mi labor aquí era documental y humana. Debíamos registrar cada herida, cada marca de atadura, cada signo de privación de luz y alimento y violencia sexual. Estas pruebas no eran solo para sus expedientes médicos; eran el testimonio físico que el mundo necesitaba para entender la naturaleza del cautiverio bajo Hamás. Ver la luz en los ojos de los que volvieron me daba la energía necesaria para regresar a la mesa de autopsias y seguir buscando nombres para los que no tuvieron esa suerte. Ellos eran el reflejo de lo que defendíamos: la vida.
La Hermandad del Guante y la Máscara
No se puede hablar con todas estas palabras de historia sin mencionar a quienes estuvieron a mi lado. Médicos, técnicos, voluntarios de toda índole y personal administrativo nos convertimos en una unidad orgánica. El olor a humo y desinfectante se convirtió en nuestro perfume cotidiano.
Compartimos comidas en un silencio sepulcral, miradas de apoyo cuando alguien debía retirarse unos minutos al estacionamiento para llorar, y la satisfacción amarga y porque no También de una extraña sensación de éxtasis de cada identificación positiva. Había una mística en el trabajo nocturno. Sabíamos que mientras nosotros no descansáramos, una familia en algún lugar de Israel seguía suspendida en un limbo insoportable. Nuestra fatiga era el precio de su paz.
El Último Cuerpo: El Cierre del Círculo
La llegada del último cuerpo de un asesinado y secuestrado en Israel esta semana 26-1-26, fue el momento más solemne de mi carrera. Fue un caso que resumía toda la tragedia: el tiempo transcurrido, la dificultad de la recuperación y la persistencia de los equipos de búsqueda.
Al confirmar su identidad, no solo cerré un expediente técnico. Sentí que le devolvía a esa persona su lugar en la genealogía de su familia y de su pueblo. Al entregar ese último informe, el pensamiento que me inundó fue: “Ahora, por fin, todos están en casa”. No importa que esa “casa” sea un cementerio; en nuestra cultura, tener un lugar donde ser recordado es la diferencia entre la desaparición y la eternidad.
Y en mis reflexiones sobre el final: ¿Qué queda después del 7 de Octubre?
¿Qué siente un forense cuando “termina con todo”? El sentimiento es una mezcla extraña de alivio, vacío y una paz agridulce.
He visto lo más oscuro del ser humano, la capacidad de infligir dolor por el simple hecho de borrar al otro. Pero también he visto la luz más brillante: la del científico que no se rinde, la del voluntario que busca entre las cenizas, y la del pueblo que espera con dignidad a sus muertos.
Hoy, al dejar virtualmente mi puesto, tras esta última identificación, me doy cuenta de que mi trabajo no ha terminado realmente. La labor técnica ha concluido, pero la labor de la memoria apenas comienza. He sido el guardián de sus nombres durante dos años. Ahora, le entrego esos nombres a la historia.
Identificar al último ha sido el honor más doloroso de mi vida. He cumplido con ellos. He cumplido con Israel. Y ahora, por fin, me permito a mí mismo respirar el aire limpio de una misión cumplida.
Y como lo he dicho antes, no todo se ha terminado. Las familias se están despertando de este tremendo y escalofriante pesadilla. Quieren encontrarse con el forense y preguntar sobre todo- que devolvieron de Gaza, en que condiciones devolvieron el cuerpo, si estaba completo, si faltaban partes, si fue asesinado y previamente torturado, si murió rápido y cómo murió. Obviamente no todo es posible de contestar. Cada encuentro con cada familia me cuesta un dolor profundo en el alma pero a la vez otra enorme extraño placer de poder de alguna manera tranquilizar el alma de una madre, un padre, un hermano o hermana y a toda una familia.
Al final, que me queda? Como profesional satisfacción y experiencia. Como ser humano solo el tiempo lo dirá.
Si mis ojos pudieran reflejar en una pantalla todo lo que han sido testigos, gente como un actor español o actriz o actor americano o alguna supuesta activista por la paz que da vueltas sobre el mundo, incluso algún músico relacionado al agua, a lo mejor sentirían vergüenza por hablar como lo han hecho hasta ahora.
Regresar a la normalidad?
Qué es la normalidad?
Doctor Ricardo Nachman
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