“Nos convertimos en abuelas varadas”: la historia de una argentina que quedó atrapada en Israel en medio del conflicto
Paulina Chemi es una figura muy conocida dentro de la comunidad judía en Argentina, especialmente en el barrio porteño de Flores. Cada año viaja a Israel para reencontrarse con su hija y sus tres nietos, en una rutina marcada por el deseo de ser una “abuela presente”. Pero esta vez, el calendario coincidió con la guerra entre Israel e Irán, sumergiéndola en una experiencia tan conmovedora como traumática.
“Yo vengo una vez por año porque mi hija vive hace 12 años en Israel. Tengo tres nietos y a veces siento que me estoy perdiendo su crecimiento”, relató Paulina desde la ciudad de Harish. Y agregó: “Trabajo todo el año para poder venir a jugar con ellos. Eso es lo que yo digo: vengo a jugar”.
El contexto cambió abruptamente cuando comenzaron a sonar las alarmas. Lejos de transmitir pánico, Paulina y su familia convirtieron el miedo en juego para contener emocionalmente a los niños. “Dormíamos los cinco juntos en una habitación. Cuando sonaban las sirenas, mi hija armaba un tobogán con colchones o jugábamos con peluches para distraerlos”, contó. Con el correr de los días, la dinámica se volvió parte de la rutina. “Un día sonó la alarma y uno de mis nietos agarró la computadora, mi hija dijo ‘me hago un café’ y fuimos todos al refugio. Ya era un juego”.
Pero la experiencia también dejó huella emocional. Paulina forma parte de un grupo de madres y abuelas argentinas que viajaron para ver a sus seres queridos y quedaron atrapadas en el país. “Quise empezar a escribir un texto que se llamara Abuelas Varadas. Somos muchas en esta situación. Una vino a ver a su hijo que no veía hace tres años. Otra, porque iba a ser abuela por primera vez”.
No era la primera vez que Paulina vivía algo así. También estuvo en Israel el 7 de octubre de 2023, durante el ataque de Hamas. “Fui repatriada con mi mamá de 83 años en un vuelo de la Fuerza Aérea. Nos llevaron a la Iglesia Argentina en Roma. La gente del consulado argentino y el rabino de la AMIA se portaron excelente. Nos cuidaron, nos armaron grupos de contención, nos acompañaron en todo”.
Pese al dolor, Paulina no duda en seguir acompañando a su familia en Israel. “Soy muy resiliente. En algunos momentos salía a caminar, siempre con cuidado. Una vecina de mi hija tenía que ir al médico a Netanya y me pidió que la acompañara. Buscamos la forma de apoyarnos entre nosotras”. Al ser consultada sobre si su hija y sus nietos pensaron en dejar Israel, fue contundente: “No. Son israelíes. Mi hija llegó a los 21 años por un año sabático, conoció a su marido y nunca más se fue. Los chicos no hablan español. Mi hija ni piensa en volver”.
La guerra deja cicatrices, pero también reafirma vínculos. Paulina resume su vivencia con una mezcla de lucidez y ternura: “No todos reaccionan igual, pero yo sé que hay que cuidarse y también vivir. Y lo más importante: no perderme el rol de abuela, ni siquiera en medio de una guerra”.
Escuche a Paulina.
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