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La eco-yihadista Greta Thunberg

Radio Jai-Líbano: Israel en dos días hizo más que la ONU en 18 años

Una activista por el cambio climático devenida en defensora de los terroristas y propagandista del antisemitismo se embarcó en un barco con un par de bolsas de harina y quiso llegar a Gaza, una zona de guerra y restringida, pero finalmente fue interceptado por el ejército del país contra el que Greta Thunberg viene vociferando hace meses. Su reacción dejó una postal alusiva a la época de la que somos partícipes: sonriendo frente al sándwich envuelto en plástico que el soldado israelí le ofreció.

Por Luciano Mondino

Este fin de semana hubo mucha atención al destino de la flotilla de la libertad que partió desde Italia rumbo a Gaza para intentar quebrar un bloqueo que es perfectamente legal y que fue impuesto en circunstancias de la guerra que inició Hamas el 7 de octubre cuando invadió Israel. Greta Thunberg, la joven sueca con ínfulas insurgentes en un pequeño tamaño, partió junto a una tripulación necesitada de atención, envueltos en la kufiya palestina y golpeándose el pecho por cargar ayuda humanitaria para los pobres hambrientos de Gaza.

En el barco llevaban algunos kilos de harina y otros enlatados, algo muy inferior al 1.349.917 de toneladas de alimentos distribuidos en 63.542 camiones que Israel permitió que ingresara a la Franja de Gaza desde el inicio de guerra. A diferencia de Sudán, que sí transitó un genocidio en Darfur, la crisis humanitaria fue provocada espacialmente por un Hamas que desde el primer momento robó los alimentos y las medicinas y las desvió hacia sus batallones. El restante era vendido en el mercado negro obligando así a los gazatíes pagar cifras altísimas por un paquete de harina o de pasta.

Sin embargo, Greta y sus amigos estaban jugando a la revolución revolucionada. Durante la travesía por el Mar Mediterráneo no hicieron alusión a los hoy 55 israelíes que están secuestrados por el grupo terrorista Hamas desde hace 612 días y mucho menos se ha molestado en pedirle al grupo terrorista que controla Gaza que deponga las armas para ya terminar con esta guerra. Sí que habló del genocidio y esto es muy paradójico: lo hizo mientras, en medio del mar, evitó asistir a una balsa repleta de sudaneses que se entregaron a las autoridades libias para no ahogarse en medio del mar y la indiferencia de Greta.

¿Por qué no ayudó a esos sudaneses que forman parte de la cruenta estadística de más de 12 millones que han escapado de Sudán desde el comienzo de la guerra? Porque no tendría prensa, ni amarillismo ni podría tampoco acusar a Israel como sí puede hacerlo con el genocidio inventado.

Porque mientras la tribuna de Greta vocifera contra Israel por estar cometiendo un genocidio contra los palestinos, existe una definición jurídica claramente definida en 1948 en la Convención que tipifica los delitos y dice, exactamente, qué es y qué no es un genocidio. Como lo que sucede en Gaza no califica como tal, es que Sudáfrica y otros países nunca pudieron fundamentar las acusaciones contra Israel ante los tribunales internacionales.

Una población sufre un genocidio cuando hay una intención clara y verificable por parte de un gobierno o entidad de querer aniquilar a esa población. No hay un genocidio solamente cuando Greta Thunberg diga o quiera que haya. Además corremos el grave peligro de querer banalizar el verdadero significado del genocidio y la memoria de aquellos pueblos que sí los han sufrido a lo largo de la historia.

¿Pero Greta no sabía que sería detenida? ¡Claro! Por eso utilizó sus redes sociales durante la madrugada del lunes para lanzar un intenso llamado a las autoridades para que intercedan por su liberación. Ella sabía, como sabíamos todos, que intentar romper el bloqueo causaría su detención y futura deportación no sin antes ver, en Israel, en material en crudo de las atrocidades de Hamas del 7 de octubre.

Greta, como aquellos propagandistas del genocidio, niegan la evidencia, aunque hayan sido los propios terroristas palestinos los que con sus cámaras personales y móviles hayan filmado las ejecuciones, violaciones y secuestros de la masacre de SimjatTorá.

La ex activista por el cambio climático tuvo unas mini vacaciones por el Mediterráneo acompañadas de una parafernalia solo financiadas por organizaciones profundamente anti semitas y que en países europeos hacen una fuerte invocación al terrorismo. En el flotilla de la libertad no hubo problema con el combustible, la basura echada al mar ni los plásticos. No fue un activismo biodegradable, fue una militancia absurda por parte de una eco yihadista que cada vez tiene más de yihadismo que de reciclable.

 

 

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